Era algo simplemente hermoso, Raeliana no tenía palabras para describirlo.
La cabina trasera de la camioneta de Emilio e adaptó perfectamente al panorama de la amplia pantalla empezando a proyectarse en frente de ellos, tenían montones y montones de cojines debajo, por lo que no era incómodo sentir la textura rígida de la parte trasera de aquel vehículo, y como la noche era fría en aquella ciudad, Emilio tuvo la gentileza de compartir cobija con Raeliana.
— ¿Una película de romance? — Preguntó mientras veía el título en la pantalla, sintiendo la tensión repentina de Emilio se echó a reír. — Tú sí que tienes todo previamente calculado ¿Verdad?
Un potente rubor se extendió en todo el rostro de Emilio, quien empezó a rascarse la nuca con nerviosismo. — Solo pensé que… Sería agradable ver algo de este estilo. Al parecer es una película bastante antigua que tiene lugar durante una guerra.
Raeliana no pudo evitar reírse, sin llegar a parecer que se estaba burlando.
— Creí que solamente conocías sobre caricaturas infantiles.
— Es cierto, por eso estuve investigando películas que te pudieran gustar. De esa manera no te sentirías incómoda ni te arrepentirías por haber aceptado venir conmigo. — Emilio sonrió, estirando su mano para alcanzar la de Raeliana y entrelazar los dedos de ambos. — Quiero que este momento sea completamente perfecto… Y solamente para nosotros dos.
No podía creer lo que estaban escuchando sus oídos.
¿De verdad terminaría siendo Emilio la persona a quien elegiría?
Y su hija, claro.
Raeliana se acomodó en el asiento, recargándose en el espaldar de la camioneta mientras sentía a Emilio inquietarse. De un momento a otro el brazo de Emilio la rodeó del hombro, él estaba tan rígido como una estatua, mirando hacia el frente, a Raeliana le pareció tierno su comportamiento y le siguió la corriente, apoyando la cabeza en su hombro mientras ambos se acomodaban sobre los cojines hasta quedar prácticamente acostado.
— De verdad aprecio que hayas hecho esto por mí, Emilio. — Raeliana se giró hacia él para mirar fijamente sus bonitos ojos cafés.
Emilio se mordió el labio de manera disimulada, sin embargo a los ojos de Raeliana se veía ansioso. — Ya era tiempo de que empezara a vivir mi vida y me hiciera más consciente de las personas a mi alrededor. — Un tierno beso por parte de Emilio fue plantado en la frente de Raeliana. — Y si esto tiene futuro quiero hacer tanto como esté a mi alcance para hacer que funcione para todos, podemos volvernos una familia feliz.
— Lo sé, y es por eso que yo también te prometería dar mi mejor esfuerzo por Emilia, sé lo mucho que la adoras. — Raeliana tampoco era desconsiderada, sabía perfectamente el sentimiento de ser desplazada como hija a causa de una mujer.
— Te caerá realmente bien, ella es un ángel.
Raeliana no estaba segura de poder afirmar eso, pero no fue capaz de ser quien estropeara la bonita sonrisa en el rostro alegre de Emilio.
— ¿Quieres ver sus fotos de cuando era bebé? — Emilio se sacó del bolsillo su billetera, al abrirla se extendió una larga fila de fotografías.
— Preferiría no hacerlo justo ahora, Emilio…
— Vamos, te ayudará a familiarizarte con ella.
— ¿Cómo esperas que lo vea si está oscuro? No creo que sea el mejor momento para que me enseñes la fotografía ¿No te parece?
Ver a Emilio negando con la cabeza la hizo sentirse completamente frustrada y derrotada, sobre todo por el momento en que sacó una pequeña linterna y apuntó hacia las fotografías con insistencia.
Sin tener más opción que resignarse y aceptar, tomó aquel repertorio de imágenes en el peor de los peores momentos posibles, las fotografías del crecimiento de Emilia eran realmente lindas, se veía claramente la clase de padre orgulloso que era Emilio.
— Muy linda tú… — Una fotografía en particular atrapó la atención de Raeliana, quien la tomó entre manos. Se trataba de una mujer que sujetaba a Emilia bebé, estaba en una camilla con un semblante débil y agotado. — ¿Quién es ella, Emilio?
— Es la madre de Emilia, esa fotografía es de cuando nació nuestra pequeña. — Respondió con cierto tono de añoranza en su voz.
Raeliana no pudo evitar ocultar la expresión de asombro en su rostro, era tal y como Emilia le había mencionado con anterioridad.
Aquella mujer era tan idéntica a ella que se sentía como si la de la fotografía fuera Raeliana dando a luz a Emilia. — Jamás imaginé que tendría algo como un doppelgänger.
— ¿Perdón?
Raeliana solamente negó con la cabeza. — Nada, estaba pensando en voz alta.
¿Debía pensar que solamente era pura casualidad el que ella estuviera ahí?
Pero no era el momento de arruinar el ambiente comentando cosas fuera de tema.
Raeliana se mantuvo en silencio de manera tranquila y regresó a ver la pantalla cuyas escenas no comprendía gracias a que se había perdido la mayor parte de la película por estar observando fotografías que no había pedido.
Sin embargo, luego de un rato en el que dormitaba se percató de un suceso bastante inusual.
Agudizando un poco sus oídos y sintiendo algo de tensión notó que todos estaban en estricto silencio, apenas se sentía el movimiento sutil de algunos vehículos que se balanceaban sutilmente por una razón que no conocía.
— ¿Por qué todos de repente…? — Al mirar a Emilio notó su ruborizado rostro, casi como si se tratara de un tomate. — ¿Qué es lo que te pasa?
Pudo averiguarlo personalmente en cuanto miró la gran pantalla.
— ¡Oh, por Dios Santo, Emilio! ¡¿Compraste boletos para una película pornográfica?!
Emilio le cubrió la boca de inmediato para evitar que siguiera hablando y llamando la atención de los demás, a punto de estallar por la vergüenza. — ¡Lo siento! No me di cuenta, seguía la recomendación de un amigo… Él me dijo que la película era ideal para poner un buen ‘’Ambiente’’ con mi cita. Creí que sería agradable.
— ¿Poner un buen ‘’Ambiente’’? — Emilio asintió ante la pregunta de Raeliana. — ¿Qué entiendes tú por ‘’Un buen ambiente’’?
— Ah, Bueno… Si estamos en un buen ambiente no te marcharás porque estás aburrida.
Verlo juguetear con sus propias manos de manera tímida la hizo sobresaltarse.
Considerando que Emilia no era su hija bilógica solamente quedaba una solución disponible.
— Emilio, ¿Acaso tú…? — Se acercó hasta su oído de manera disimulada para susurrar. — ¿Eres virgen?
Y el respingo que dio Emilio terminó de confirmárselo.