Despegue

628 Palabras
Sus ojos llorosos miraron a su padre, quien se rehusaba a aceptar su petición. — Es una tontería, Raeliana. No puedo permitir que algo te pase por un simple capricho, eres mi única hija y la única que sigue interesándose en mi bienestar ¿Qué haré si algo malo pasa en tu viaje? ¿Y si muero mientras estás tonteando con extranjeros? — Padre, toda mi vida he seguido tus órdenes sin chistar ¿No puedes apoyarme solo por esta vez? — Sabía que era difícil para él, trató de comprenderlo, pero ya no era la niña de siete años que se sentaba en su regazo mientras lo veía trabajar. — Incluso me comprometí con Fernando y trabajé muy duro en nuestra relación ¿Y qué recibí a cambio? Que mi boda haya sido interrumpida por él escapando con mi mejor amiga y dejándome en ridículo frente a más de mil invitados. — Raeliana buscó la mirada de su padre, quien había estado cabizbajo. — Padre, no seré una mujer de veintisiete años para siempre, quiero enamorarme, vivir una aventura junto al amor de mi vida y formar mi propia familia. Te he escuchado desde que tengo memoria y esta es la primera vez que te pido algo, por favor, papá. — Prométeme que volverás, Raeliana. — Pidió de manera repentina, tomando las manos de su hija. — Júrame que vas a volver, por favor. Eres todo lo que me queda de tu madre, ¿Lo entiendes? No puedo perderte también. Ver las lágrimas en los ojos almendrados de su padre, quien era considerado una bestia de sangre fría le retorció el corazón. — Lo prometo, papá. — Respondió con una sonrisa para animarlo. — Te prometo que regresaré, ni siquiera te darás cuenta de que me fui. Regresaré para contarte mis anécdotas y traerte muchos regalos, así que espérame ¿De acuerdo? Anthony sonrió de vuelta. — Será difícil dejar este viejo departamento, he vivido tantos años en él. — Todo estaba cubierto por sábanas blancas, Raeliana observaba el interior de su hogar desde la entrada, con las maletas preparadas. — ¿Estás segura de que quieres irte por tanto tiempo? Se sobresaltó al escuchar la voz de su amigo de la infancia, quien le había estado ayudando a recoger sus cosas. — Harry, había olvidado que estabas aquí. — Suspiró, saliendo mientras cerraba la puerta con llave. — No es como si fuera a irme para siempre, solo quiero expandir mis horizontes y vivir el romance que jamás he tenido ¿Lo entiendes? Harry quiero que me amen, y yo también quiero amar. — No tienes que ir tan lejos para amar, Raeli. A veces solo tienes que ser más consciente de tu alrededor para darte cuenta de las cosas. — Harry bloqueó su paso, ella lo apartó. — ¿Qué harás si te enfermas? ¿Y si te pierdes? ¿Qué pasa si te secuestran o tienes un accidente en un lugar donde nadie te conoce ni te puede ayudar? — Lamentablemente en este lugar donde todos saben quién soy es imposible que un hombre se acerque a mí sin estar interesado en el dinero, y ya viste cómo me fue con el imbécil de Fernando. — Respondió con completa sinceridad. — Estás exagerando, no va a pasarme nada malo. Prometo enviarte postales y fotografías y mensajes a tu celular, no perderemos el contacto ¿De acuerdo? Nos veremos en dos años. — Raeliana… — ¿Por qué no puedes simplemente apoyarme esta vez? Él se quedó callado, inmóvil. — Por favor, ten mucho cuidado. Harry era como una madre sobreprotectora, podía sentir su cuerpo temblando cuando la abrazó. Estaba ocultando su rostro lloroso. — Volveré pronto y con buenas noticias, Harry, te lo prometo. Así fue como la mañana lluviosa de un día lunes abordó el taxi que la dejaría en el aeropuerto, donde se dirigiría a su primer destino: Madrid- España
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