Las historias que nos forman están compuestas por ínfimos hilos que abarcan mucho más que el destino, cargados con pasión, atracción y dolor. Es por ello, que descuidamos un poco aquellos retazos de nuestras historias, inconclusas o quizá muy cortas y cotidianas, que están creando un escenario de cambios para nuestras vidas. Son esos momentos apasionados que mueven montañas por amor, algo inevitable que se gesta para sobrevivir. Incluso, nos encaminan hacia las personas más curiosas. En un campo adornado con las espinas de pasados inciertos y peligrosos, las vidas de los enamorados flotarán en los preciados recuerdos de su adolescencia, niñez y un miedo al futuro, que los entrelazará en un misterio digno de resolver con el corazón en la mano.
Esta es la historia de Simón, un joven de veintinueve años recién cumplidos. Su tiempo no acaba con las decepciones, ni con los traumas infantiles, el busca constantemente dejarse llevar por la corriente del mundo. Él dice, como latiguillo, la frase “Mis zapatos se van a alejar”, usada tantas veces para escapar de amistades, estudios, trabajos y relaciones. Una adicción constante hacia el ejercicio extremo, las peleas y a las sustancias nocivas, lo mantienen con una correa aferrado a vivir en sociedad. Demasiado maduro para habitar en un sitio tan tormentoso, y entre sus enormes ojos oscuros encierra a cualquiera que se cruce en su camino.
En su tierra la responsabilidad no tiene un papel muy importante que jugar, con una madre desequilibrada y un padre al que jamás conoció. Un lugar pequeño en el cual vivir, pocas personas y pocos sueños. Jugar al verdugo y la muerte misma, se convirtieron en un pasatiempo tan corriente como andar en bicicleta. No existirá ningún método que oculten de la verdad que tanto lo agobia.
Sin embargo, es incluso más importante, la historia de Alana. Una mujer de veintisiete que bien podría ser confundida con una adolescente. El comportamiento clásico de un adulto no se le da bien, en sus murallas internas ella jugaba, reía y se encontraba feliz. Su estatura era de metro setenta y cinco y era poseedora de notables curvas, por lo cual la gente a menudo solía extrañarse al verla moverse por la vida con una espontaneidad inmadura, en extremo jovial. Su amor por aquello que le importaba era incondicional, risueño, sano. En sus días más sombríos, se molestaba con ella misma por haber crecido tan rápido.
Pese a su buen humor, que hacía que la música de su vida fuera siempre constante, los demonios también estaban allí.
Esta historia será contada de forma diferente, con varios personajes en distintas etapas de su vida, que formarán la trama principal y le darán un sentido. Los saltos temporales aportarán la información necesaria para seguir sus historias y entender sus conflictos.
Los plazos de admisión en este remolino, quedan abiertos a una cascada de individuos que, sin darse cuenta, pasarán a ser parte de un todo, en el que el amor romántico queda atrapado entre los dedos de la inconformidad, la locura y las malas decisiones.
En este libro se narran tres historias principales. Ali Paviano y su hijo Simón, junto con Alana Recatti protagonizan sus propios capítulos en distintas épocas de su vida. No obstante, algunos personajes secundarios también cuentan con sus propios capítulos.