Al llegar a la casa, Leo seguía elevando los mismos tres dedos mientras los veía con un gran susto. Soporté la risa, pero fue imposible hacerlo por mucho tiempo y en especial al ver la cara que la señora Cristina puso al ver a su hijo en una especie de shock. —¿Qué es lo que ha pasado? —La señora Antonia salió de la cocina y limpiaba sus manos —¿Por qué este tiene cara de papa pasmada? Bueno, más de la que ya tiene. —Traemos buenas noticias, aunque depende del punto de vista que vean el asunto. Tenemos un embarazo múltiple y son tres. —Dios mío, son tres, son tres, son tres —repetía Leo mientras alzaba los mismos dedos —¿Cómo voy a hacer para mantenerlos? La educación me va a salir carísima, tendré que comprar ropa por docena y todo por docena. —Cariño, creo que mejor vamos a descansar

