Capitulo 5 - Sara

1414 Palabras
Actualidad (febrero del 2022) Sara Al ver a Max y a Brenda reconciliarse, una ola de sentimientos me abrazo, con un abrazo cálido. Un abrazo, tierno, que hacia descansar mi corazón, en una profunda serenidad. El ver a mis dos amigos ahí, queriendo perdonando, y expresando lo que sentían en ese momento, me hizo darme cuenta de lo poderoso que era el amor. De lo poderoso que era amar. De cómo, de creer que su relación no tenia arreglo alguno, habían podido juntar las piezas rotas, perdonarse, reconocer que eran imperfectos, y salir adelante, juntos, con esa pequeña pizca de amor, como impulso. Recordé a alguien de mi pasado. A alguien que había amado con locura. Sin embargo, el amor no había sido suficiente. El miedo y las heridas habían ganado. Y aquel amor del pasado fue solo eso. Un amor del pasado, que se desvanecía, con el paso del tiempo, junto a las promesas jamas cumplidas y las palabras no dichas. Hubiera deseado tanto que las cosas terminaran diferentes. Que al igual que Max y Brenda, hubiéramos podido superarlo todo, con aquella pizca de amor como impulso. Pero sabia, que los finales felices no eran para todos.  Amaba ver a las personas enamoradas. Amaba el amor y lo que este era. Amaba ver, cómo aquel sentimiento capturaba la vida de dos personas, que estaban dispuestas a compartir una parte de ellos, y no para complementarse, o depende del otro, si no para hacerse entender de manera mutua, que ahí estaban para ellos. Qué ahí estarían. Viéndose crecer. Triunfar. Caer. levantarse. Viéndose Amar. Llorar. Sentir. Ser. Viéndose, y eligiéndose el uno al otro, día con día. Sin importar las adversidades o lo que se pudiera venir.  Me gustaba ir a la Grand Central de Nueva York, estación terminal en la 42 st, de donde los trenes partían hacia distintas locaciones, dentro del mismo estado de Nueva York, o cerca, a las afueras de este. Aquella emblemática estación, no solamente era conocida por ser la estación de trenes mas grande del mundo, si no porque, al mismo tiempo, había salido en películas y en retratos, mostrando sus increíbles instalaciones, llenas de detalles, historicidad y mucho arte. Historias, erran narradas, en cada pequeño escondrijo de la gigantesca central, en medio de su conocido reloj de cuatro caras, bajo el techo tapizado con motivos astronómicos y las escalinatas, bajo las enormes ventanas, de donde la luz del día entraba, iluminando el hermoso edificio. Ahí mismo, solía subirme y presenciar dichas historias que se narraban sobre la antigua e impresionante arquitectura.  En aquella estación, viajeros de todas partes, iban y venían todos los días. El ajetreo de la multitud de personas, parecía ser monótono y normal, dentro de aquellas instalaciones designadas para transportarse, sin embargo, si prestabas atención, en medio de toda esa muchedumbre, historias de amor, despedidas, lagrimas y encuentros emocionantes, podían ser presenciados, en donde lograbas ver gente profundamente enamorada, viviendo y sintiendo lo que es el amor en su máxima expresión. Lograbas ver sus miradas, llenas de pasión, y una ola de sentimientos te abrazaba. Con un abrazo cálido, tierno, que hacia descansar corazones en una profunda serenidad. Y aquella misma cuestión, que era capaz de quitarme el sueño, surgía, rondando por mi cabeza, haciendo que me preguntara, ¿cuántas de aquellas historias de amor, seguirían siendo narradas, con el pasar de los días? ¿Cuántas de esas parejas lograrían cumplir cada una de sus promesas?  En mis cortos 25 años de edad, había podido vivir distintas historias, en donde, el amor, fue el centro, de la emoción experimentada, en medio de una acción, una palabra, una mirada. Y no solamente un amor romántico, si no, también, un amor que se podía encontrar en mis relaciones interpersonales, en ciertas personas de mi pasado.  De alguna extraña manera, era como si estas historias, hubieran sido vividas en diferentes personas. Yo, siendo distintas personas, en una sola vida, en la que parecían ser muchas vidas subsistidas. Era algo un tanto loco, pero cierto.  En mis cortos 25 años de edad, me habían prometido y expresado tanto, sin embargo, al final del día, ninguna promesa, ninguna palabra, había sido cumplida.  Para mi desgracia o fortuna, solo había experimentado aquel amor romántico, una vez en mi vida. Mas, aquella persona, con la cual, en su momento, llegue a experimentarlo, enamorándome por completo, así deambulando sobre las paginas de una historia breve de amor y sobre estaciones, temporadas e instantes, había logrado tener una pequeña parte de mi corazón. Este había sido un amor apasionante, lleno de emoción, deseo, traición.  Un amor, donde sin importar que, este no había sido suficiente, haciendo que las promesas no lograran encontrar su propio sentido. Eso no solamente ocurrió con aquella historia de amor romántica, si no también, en mis relaciones personales, con mis amigos y familia. Y yo solo me preguntaba, si cada historia de amor, romántica, amistosa o familiar, por la que había atravesado, había valido la pena, o no había sido mas que una enorme perdida de tiempo. Pues, sentía como si una pequeña parte de mi corazón, hubiera sido entregada, a cada persona, que no había hecho absolutamente nada, mas que el hacerme caer en cuenta, que estos solo eran una decepción combinada con una idea escéptica de lo que era el amor.  Y ahora, percibía dentro de mí, un corazón roto, al que le faltaban muchas de sus piezas, por causa de cada pequeña desilusión vivida en carne propia. A mi corazón, solo le quedaba una pieza. Una pieza, que en los últimos años, había cuidado con todo mi esfuerzo. Una pieza. De mí. De mi alma. Mi esencia. Mi corazón. Una pieza, que ciertamente no le entregaría a cualquiera. A consecuencia al mal amor, con aquel chico del pasado, y a las malas experiencias en mis relaciones personales, como por ejemplo, mi madre, había aprendido a no dar todo de mí, tan fácilmente. Había aprendido a cuestionarme de cada chico, que en ese momento, me invitaba a salir. A cuestionarme de mi propia familia, o de cada amistad que aparecía así sin mas. Era como si no confiara en nadie. Así lo era.  Mi hermana, Layla, opinaba que mi alejamiento hacia el sexo opuesto, a la familia y amigos, a las personas en si, había sido exagerado, y que por esta misma razón, nunca lograría encontrar a un merecedor, en especial en el ámbito romántico, de la pequeña pieza de mi corazón. Pero, ¿qué más daba? De todos modos, sentía que no necesitaba a nadie en mi vida. Había logrado tener éxito en lo laboral, Y lo había logrado sola. Ciertamente sabia, que no necesitaba de nadie para ser feliz o vivir mi vida como se debía. Y en el ámbito romántico, mucho menos necesitaba de alguien. No tenia interés en tener una fastidiosa pareja, que probablemente, solo dañaría mi estabilidad mental y emocional, malgastando mis días y mi tiempo, y así, despojándome de la ultima pieza del corazón, que habitaba dentro de mi, esperando a no ser robada por las manos equivocadas.  De cierta manera, las cuestiones del amor, eran un tanto inciertas en aquella etapa de mi vida. Las cuestiones del amor, en todas sus expresiones y variantes posibles.  En medio del ajetreo sucediendo, dentro de las oficinas, bajo las historias de amor acaeciendo, frente a la máquina expendedora y la gente sumergida en el bullicio del trabajo, pude recordar, a cada una de las personas que se habían llevado consigo, una pequeña parte de mi, que jamas volvería. Aquellas personas, que habían prometido estar siempre para mí, y no habían logrado cumplir su promesa.  De un momento a otro, después de a ver presenciado la reconciliación de mis dos amigos, me sorprendí viajando, nuevamente, al pasado. Ahí, en ese mismo instante, en medio del ajetreo sucediendo, dentro de las oficinas, de las historias de amor acaeciendo, frente a la maquina expendedora y la gente sumergida en el bullicio de trabajo, me sorprendí recordando, a mi primer amor. Recordando aquello que me hizo sentir, aquellas emociones, que fueron capaces de alzarme hacía lo más alto. Aquellas miradas, momentos, palabras, levantándome sobre los cielos, sobre las alturas, hasta de un momento a otro, dejándome caer, sobre la superficie, sobre lo más profundo, de un dolor que no tenia precio. De un dolor que ardía en los huesos y en la piel.                                                                                     Me sorprendí, viajando al pasado, volviendo a vivir la escena, la época, de aquella historia… 
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