Actualidad (febrero del 2022)
Sara
Reaccione ante la realidad que se suscitaba frente a mis ojos. Donde, todavía, Max y Brenda, permanecían abrazados, expresando sus emociones, uno al otro, en medio del ajetreado bullicio de las oficinas y la maquina expendedora, que producía un constante, desapercibido, tañido. Me sorprendí a mí misma, la manera en la que, por unos segundos, había logrado viajar al pasado, recordando, volviendo a vivir. Era como si hubiera recapitulado cada intervalo y sensación vivida, en cuestión de segundos.
A consiguiente, volví hacia mi oficina. Permanecí inmóvil, por unos segundos, lanzando mi mirada, hacia las amplias ventanas, donde se apreciaba una hermosa vista hacia Central Park, y los altos edificios rodeándolo, con un cielo raso de color azul aqua. Era una bella vista que mostraba un pequeño fragmento de la ciudad, en quietud, en silencio, sobre la altura en la que me hallaba, observando a su alcance el paisaje, como si fuera una colorida pintura.
De un momento a otro, un hombre, apareció sobre el umbral de la puerta, mirándome fija y tímidamente. Este, lucia canas alrededor de su cabello oscuro, al mismo tiempo que mostraba arrugas en la piel de su frente. Lucia un poco cansado. Con un aspecto limpio, pero informal, portando un impermeable azul, unos jeans, y unos tenis Adidas.
El hombre, que me observaba, desde el umbral de la puerta, era mi padre. Hacia semanas que no lo veía. Seguía teniendo una buena relación con él. Sin embargo, desde hace unos años atrás, cuando el diagnostico de mi madre se complico, todo cambio drásticamente, para nuestra familia.
MI madre tenia esquizofrenia. Un trastorno que afectaba su capacidad para pensar y actuar de manera lucida. Y aquel trastorno, el cual no se le desarrollo hasta años más tarde, afecto de gran manera nuestras vidas, provocando sucesos que casi nos arruinaban por completo. Y todo por aquel horrible trastorno que padecía mi madre.
Sabia que no era su culpa. Mas, no podía evitar pensar. Pensar en aquel especifico recuerdo, en donde supe que la esencia de mi madre había desaparecido por completo. En ese momento, en donde supe que ya no era ella, un turbio sentimiento despertó, dentro de mí, haciendo que odiara la persona en la que se había convertido. Haciendo que la viera como el terrible mounstro que ella realmente era. Mas, esa era otra historia. Otro recuerdo. Qué me perseguía, todos los días. Un suceso. Que marco en mi vida, un antes y un después. Una vieja memoria, que definitivamente, no quería volver a recordar.
—Hola, hija—musitó mi padre, tratando de dibujar la mejor sonrisa posible en su rostro—Me dejaron pasar, parece que el guardia me reconoció.
—Hola—dije, sin mirarlo a los ojos—Escucha, no quiero ser grosera, pero tengo trabajo por hacer, así que…
Sabia que si mi padre me visitaba, era porque quería hablar de mi madre. Mas, no quería saber nada que tuviera que ver con ella. Sabía que, después de aquella turbia noche, en la cual todo cambio, mi madre, había entrado a un hospital psiquiátrico, en donde a partir de ahí, comenzó a recibir ayuda, en todas las áreas posibles, para que le ayudaran con su horrible padecimiento.
Eso significaba que ella estaba bien. Para mí, eso era suficiente. Y no, no quería verla. Sentía, que lo mejor, era si no me involucraba en su vida, para así no tener que informarme de su situación todos los días, obligándome a no mostrar mi rechazo, incomodidad e incluso miedo, hacia mi propia madre. Porque sí, le tenia miedo. Y no solo eso, si no que también sentía que el pasado seguía ahí atormentando, haciéndome volver a esa horrible noche, en donde algo en nuestra familia se quebró.
Estaba harta de cargar con ese peso. Y no quería cargar más con él.
—Vine aquí, porque no contestabas mis llamadas—interrumpió mi padre—Tu mamá se encuentra muy mal. Ella te extraña, pero sabe que tu no quieres ir a verla. Y por eso, no se perdona si misma, por lo que ocurrió en el pasado, y yo solo pensaba que tal vez tu podrías..
—¿Ir a verla?—interrumpí abruptamente—¡Por supuesto que no! Lo ultimo que quiero hacer, es ver a mi mamá, sin importar cómo pueda estar—titubeé. Un silencio se expandió. La tensión acrecentó.—No entiendo como eres capaz de venir hasta mi trabajo a pedirme eso—volví a decir, en tono ofendido.
Mi padre solo prosiguió a disculparse conmigo. Parecía que no tenia nada mas que decir.
Mi mente trato de viajar a aquellos recuerdos, que me atormentaban profundamente, haciéndome volver a vivir aquellos momentos traumáticos, que giraban en torno a la situación con mi madre y su padecimiento, en donde las cosas se habían salido de control; sin embargo, para mis adentros, me negué a mi misma, a entrar ahí, evitando recordar aquellas tristes memorias, que dejaban en mi un sabor amargo, al igual que un pequeño dolor en mi corazón, que se implantaba, con fuerza, haciéndome sentir una lobreguez indescriptible. Me negué a mí misma, viajar hacia aquellos recuerdos, que solo me habían dejado heridas y traumas, los cuales, sin duda alguna, no quería volver a vivir. Y dicen, que recordar es volver a vivir. Así que, por obvias razones, no quería recordar.
Sacudí mi cabeza, tratando de olvidar aquella situación en especifico; tratando de alejar el pasado, en forma de pequeñas remembranzas, y me aferre a confrontar la realidad.
—Layla ya fue a visitar a tu madre—repuso mi padre, todavía desde el umbral de la puerta, viéndome de manera fija, como si tratara de convencerme o de leer mis pensamientos.
Una oleada fría, de emociones lóbregas, recorrió todo mi cuerpo. No sabia que Layla, mi hermana, había decidido ir a visitar a mi madre. No entendía porque lo había hecho. Pues la esquizofrenia de mi madre, era algo que le había afectado de gran manera. No solo por el hecho mismo, si no por aquella situación ocurrida, de la que yo prefería no hablar, ni volver a recapitular.
No había hablado con mi hermana en meses. El trabajo era algo, lo cual me restaba la mayor parte de mi tiempo. Mas, jamas creí que sin importar que, ni en un millón de años, ella decidiría ir a visitar a mi madre. Era algo difícil de creer. Permanecí en silencio, sin pronunciar palabra alguna. No tenia nada mas que decir. Estaba segura que jamas iría a visitar a mi madre, por mas “restaurada” que ella estuviera.
Al ver a mi padre ahí frente a mi, con un dejo de tristeza sobre su rostro, haciéndome experimentar ese mismo sentir, recordando lo difícil que había sido toda la situación con mi madre y como sin buscarlo, nuestros vínculos como familia, desaparecieron, al ver a mi padre ahí frente a mi, me era imposible aguantar las lagrimas que intentaban salir. Un nudo de la garganta me estrujaba en el interior, al mismo tiempo que un dejo de pesadez se intensificaba, con cada segundo que transcurría.
—Si un día quieres visitarnos, siempre serás bienvenida. Tu madre ya esta mejor desde la ultima vez que la viste, desde aquel día.. Y a ella le gustaría verte. Solo piensa en eso—volvió a decir mi padre, mientras proseguía a darse la media vuelta y a marcharse de ahí. Trate de no mirarlo, aferrando mi vista hacia la ventana, con el increíble paisaje de Central Park en él. Me limite a escuchar los pasos de mi padre, marchándose de las oficinas. Y eso fue todo.
Por ultimo, una pequeña memoria, de muchos años atrás, me invadió, en donde, le había expresado a mi madre lo mucho que la amaba y que siempre estaría ahí para ella. Eso fue antes de que le diagnosticaran esquizofrenia, a causa del horrible suceso, en donde Layla había estado implicada. El horrible suceso que prefería no recordar. Sin embargo, caí en la cuenta de cómo no solamente era víctima de aquella manía, en donde hablaban de más, haciendo falsas promesas. También, yo era participe, al haber expresado sin sentir y al haberle prometido algo a mi madre, que ciertamente no cumpliría. Nadie quedaba exento de eso.
No supe cómo sentirme al respecto en ese momento. Sin poder aguantar más tiempo, el llanto salió despedido de mis ojos, donde las lagrimas corrían y corrían por las mejillas, mientras me era imposible detenerlas.
El paisaje frente a mi, de los edificios abrazando el Upper East Side, en donde se hallaba aquel pequeño fragmento de Central Park, se desfiguró en cuestión de segundos, ante mis ojos, tornándose borroso, llegando al punto, de ser solamente una mancha de colores distorsionada. Distorsionada como mi vida. Mi pasado. Mis recuerdos. Distorsionada como mi realidad.