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880 Palabras
Duele... Abrí los ojos como si me hubieran dado varios puñetazos en el cuerpo, agotada, y me encontré en el suelo dormida contra el sofá, con mi cuerpo moviéndose incómodo, y con un agarre procedente de mi mano... ¡Dios! ¡Realmente estaba sosteniendo mi mano! El día de ayer había sido como un sueño, me fijé en él, dormía bien, su respiración era tranquila, su rostro había mejorado y parecía que le había bajado la fiebre. Mientras miraba atentamente, abrió de repente los ojos. —¡¡¡Ah!!! Me asustó. Me asusté tanto que me caí de espaldas, pero él seguía cogiéndome de la mano, quizá porque acababa de tener fiebre y su cuerpo tenía poca fuerza, y mientras lo llevaba, me seguía y se apretaba contra mí. —Tenía tanto miedo que me caí de espaldas. Algo suave me tocó la boca y abrí bien los ojos para ver. ¿Por qué me besa? ¡Y! ¡No lleva ropa! ¡Plaf! Me levanté y le di una bofetada en la cara. —¿Qué estás haciendo? Estaba un poco aturdido por mi golpe, sus ojos realmente parecían un poco inocentes, pero pronto reaccionó. —Tú eres la que me jala, mujer estúpida. —¡Tú eras el que me llevaba de la mano! —¿Cómo puede ser eso? —Míralo tú mismo —Extendí la mano para que la viera, y estaba un poco morada alrededor de mi delgada muñeca. Pero también lo miré accidentalmente de nuevo... Su cara se sonrojó rápidamente y cogió la manta del sofá y se la puso alrededor de su cuerpo, dejando al descubierto sólo la parte superior de su cuerpo, con sus abdominales. Por un momento no encontró nada que replicar, así que se frotó el pelo y murmuró: —Lo siento. Mi cara también se sonrojó un poco, y cuando pensé en ello, no debería haberlo dicho en serio, y parecía bastante patético anoche cuando estaba vulnerable y llamaba a su madre. —No importa... —las palabras salieron de mi boca y me di cuenta de que mi voz también estaba apagada y de que me dolía la garganta como si estuviera en llamas. Fue entonces cuando sentí las manos sobre mi frente. —Tienes fiebre. Sus ojos azules oscuros miraron por encima. —¡¡Es tu culpa!! Reaccioné con una fiebre gloriosa y el extraño hombre me ayudó débilmente a entrar en el dormitorio, y me tumbó en la cama envolviéndome como una bola de masa. —¡¡Es tu culpa!! ¡¡No me soltaste en toda la noche!! ¡Me has hecho quedarme dormida sentada en el suelo! Empecé a desmoronarme, con la nariz tapada y la voz ya un poco nasal, sonando como si estuviera haciendo pucheros. Estaba de pie junto a la cama, rozando el metro setenta y cinco y con un aspecto muy delgado. Se puso en cuclillas y me miró de frente. —¿Cómo te llamas? —Mónica —respondí sin sonreír, ¿es demasiado tarde para preguntarme mi nombre? Asintió con la cabeza y dio unos pasos por la habitación, mirando a su alrededor como si fuera el dueño del lugar. —Mónica, yo me ocuparé de ti. Me quedé en shock. —Vamos, ya me da miedo dejar que un desconocido se quede a dormir, ¿cómo me atrevería a dejar que me “cuides” otra vez? Al oír mi fría y dura respuesta, levantó las cejas y dijo en voz baja. —Te agradezco que me hayas salvado, y siento haberte contagiado la gripe —Fue bastante sincero—. No tenía a dónde ir. Vamos, que eres muy guapo, tu ropa es de diseño y tu reloj vale mi piso. ¿Cómo no vas a tener un lugar al que ir? No creo que te pongas cachondo, los hombres mienten. —De qué hablas, no pareces una persona de la calle —Puse mentalmente los ojos en blanco y dije amablemente, tratando de mantener el aplomo. —Quiero pagarte. —Sólo dame el dinero y ya. —... No esperaba que me desviara de mi preocupación y sus ojos parpadearon. —No tengo dinero. —... Esta vez me tocó a mí quedarme sin palabras, tan justificado el hombre. Al ver que estaba demasiado débil para molestarme en hablar, se acercó y me dijo. —He sido asesinado. Rodé los ojos en silencio, no estaba quemado, ¿verdad? —¿Qué has dicho? —mi tono no era bueno. —Mi hermano me empujó por la borda para evitar que heredara la empresa —dijo lentamente. —¿Cómo es que no tienes piedras atadas? —... Se llevó una mano a la frente. —Sabía que no sabía nadar. ‹‹Entonces, atado o desatado, era lo mismo››. Al verme parpadear, continuó. —Quiero quedarme aquí unos días y ponerme en contacto con mi padre primero, me preocupa que salga a buscarme si no ve mi cuerpo. Me lo decía como si fuera verdad, ¿debía creerle? ¿Ser asesinado? Qué emocionante... Parece un hombre raro y extremadamente guapo... Oh... No importa, sólo quiero dormir ahora... Ni siquiera tuve fuerzas para responder y caí en un profundo sueño.
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