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1020 Palabras
turdida, parecía que me daban agua y medicamentos para bajar la fiebre. La gran mano estaba caliente, pero un poco torpe, como si no se hubiera ocupado de nadie... Abrí los ojos y sentí que había estado dormida durante mucho tiempo. Me levanté aturdida, estaba pegajosa y sudada, así que mejor ir a ducharme primero. —Ah, ¡duele! En cuanto abrí la puerta del baño, fue como si hubiera chocado con una pared. Levanté la vista y vi que era el extraño hombre que acababa de salir del baño después de ducharse y me topé con él. No sé cómo había entrenado, cómo era que sus pectorales estaban tan duros. Tenía el pelo mojado y la cara un poco roja. —Estás despierta. Parece que se sonroja inesperadamente con facilidad. Estaba tan guapo con mi ropa vieja y lavada. Me froté la cabeza y mi mente empezó a correr, oh... Me acordé... ¿Lo perseguían? ¿Y se quedó conmigo? Mi tonto cerebro reaccionó y preguntó, a posteriori. —Todavía no sé tu nombre. —Lucas. Me saludó con la cabeza y se giró de lado para dejarme entrar. Será mejor que me dé un buen baño antes, tengo un feo resfriado. Me senté en la bañera y dejé escapar un reconfortante suspiro mientras el agua caliente envolvía mi cuerpo y me sentía relajada. No sé cuánto tiempo pasó, pero me pareció un minuto, y luego un siglo... Parecía un siglo... No puedo respirar... Qué estoy haciendo... Despierta... —¡Oye, despierta! ¡Despierta! Por fin tuve fuerzas para abrir los ojos y un rostro guapo ampliado estaba frente a mí, Lucas respiró aliviado al verme despertar. —Estuviste media hora en remojo y no respondiste cuando te llamé fuera. —Gracias... Parece ser que estaba un poco resfriada y me sentía tan cómoda en la bañera que perdí todas las fuerzas de golpe y me volví a quedar dormida lentamente en la bañera, deslizándome lentamente en ella y casi ahogándome. Eso estuvo cerca... Entonces también me salvó la vida. Estaba a punto de darle las gracias cuando se me ocurrió... —¿Cómo he salido? —Te saqué. —... Entonces, ¡¡¡me habría visto desnuda!!! ¡¡¡Qué ganga para este tipo!!! Parece que él también ha reaccionado, su cara vuelve a estar roja, pero su boca no concede:. —No estoy seguro de poder salirme con la mía. ¿Qué? ¿Qué tiene de bueno tu cuerpo, salvo que tus abdominales están en plena forma, tus piernas son más largas y tu polla es más grande? Pero al ver sus orejas sonrojadas, de repente me dieron ganas de gastar una pequeña broma y me acerqué a él, le puse una sonrisa y le pregunté. —¿Se ve bien? Sus orejas parecían aún más rojas, las comisuras de su boca se volvieron hacia arriba y se giró para ir a la sala de estar. Pero creo que he oído una palabra de algo. —¿Qué has dicho? —Nada. ¡Ja! ¡Debo haberlo oído! Acepté su petición de quedarse unos días y, para ser sincera, es difícil decir que no a un chico guapo cuando te mira fijamente y te dice en serio que por favor. Cuando se lo conté a mi buena amiga Judy, quiso literalmente volar directo desde Los Ángeles para darme una paliza si no tenía varias reuniones a las que asistir en los próximos días. —Eres tonta, ¡tal vez sea un engaño! —Pero parecía, bueno, ¿decente? —Las apariencias no lo son todo. —... ¡Ella también sabe demasiado! —Debes protegerte, no te vendas sin saber. La voz malhumorada de Judy llegó a través del teléfono y parecía aún más enérgica en su aspecto elegante. —Vale, vale, ¡lo prometo! Le levanté la mano a Judy y conseguí divertirla. —Nuestra Mónica está tan guapa, con esas piernas largas y esa cintura tan delgada, que se me cae la baba. Tengo mucho miedo de que ese chico haga algo malo. Judy suspiró exageradamente. —Se sonroja tan fácilmente que bien podría ser virgen —le susurré a Judy con una risita, y las dos nos pusimos a reír y a temblar al instante. Después de terminar mi llamada rutinaria con mi mejor amiga, me dirigí perezosamente al salón para buscar una cerveza y sentarme en el sofá, con la intención de ver la televisión, hoy era mi programa de entrevistas favorito. —Lo he oído. La voz grave de Lucas llegó a mi lado. —¿Qué? Giré la cabeza para mirarle sin pensarlo. —Dijiste que era virgen. —... Casi escupo un trago de cerveza cuando se inclinó, acercándose cada vez más a mí, a punto de tocar la punta de mi nariz. Le aparté y me sonrojé un poco, y él esbozó una rara sonrisa, con los ojos brillando. Durante los días siguientes, nuestras vidas fueron un caos. Estaba convencida de que ese hombre era el hijo bastardo del grupo, porque sí parecía un joven maestro. Los huevos fritos se rompieron directamente en la sartén con la cáscara, el agua que se utilizó para cocer la pasta rodó directamente fuera de la sartén, el agua hirvió directamente, los dos tanteamos para apagar el fuego y verter el agua, y él se quemó bastante los dedos. Y no sabe usar la lavadora, ni la secadora, ni el lavavajillas, ¡ni siquiera su ropa interior! En definitiva, lo único que hace es vestirse y comer. El problema es que no habla mucho, pero es muy orgulloso de sí mismo. Nuestras conversaciones diarias son las siguientes. —¡Eso es sal! ¿Es la sal lo único que comes? —¡Lo sé! —¡Has teñido de n***o la camisa blanca que te acabo de comprar! —¡Es de mala calidad! —¡No lo uses, quítatelo! —... Así que ha pasado una semana, es sábado, el sol sigue brillando bien, y Lucas se acerca a mí para hablar después de atender una llamada telefónica. —Casémonos.
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