Capitulo 10

645 Palabras
Capítulo 10: Reina de sangre y luna Durante generaciones, la manada Sköll había permanecido fuerte, unida por la tradición, liderada por la fuerza. Pero nunca habían sido guiados por una loba como Lyra. Ahora, bajo su liderazgo compartido con Rhydian, el territorio empezaba a cambiar. Las jóvenes lobas eran entrenadas como guerreras. Los lazos de sangre ya no eran lo único que valía. El poder de la luna… hablaba a través de ella. Pero la luna no bendice sin precio. La noticia llegó en forma de un lobo moribundo, cruzando el bosque con el cuerpo destrozado por garras. Cayó a los pies del árbol sagrado, con el aliento quebrado. —Los Alderan… vienen. El nombre heló la sangre de todos. Los Alderan eran una manada del este. Lobos salvajes, antiguos, que habían sido desterrados hacía décadas por practicar magia oscura, por alimentar a sus cachorros con carne humana, por ignorar la luna y adorar a las sombras. Rhydian miró al mensajero con el rostro endurecido. —¿Por qué ahora? —Dicen… que la loba reina ha desafiado el orden. Lyra dio un paso al frente. —¿Quieren la corona? —Quieren tu cabeza. Esa noche, los tambores de guerra sonaron en Sköll. Lyra observó desde lo alto de la colina cómo los guerreros afilaban sus armas, cómo los viejos lobos pintaban símbolos de protección, cómo las madres enseñaban a los más jóvenes a correr, a esconderse, a sobrevivir. Pero ella no pensaba huir. —¿Estás segura? —le preguntó Rhydian mientras envolvía su brazo herido. —Sí. Esta vez no es por nosotros. Es por todos. Si dejamos que nos arrebaten esto… nunca habrá un futuro diferente. Rhydian la besó con suavidad. La marca de ambos brilló al contacto. —Entonces pelearé a tu lado, mi reina. La batalla llegó con la niebla. Los Alderan descendieron como una plaga oscura. Lobos con ojos vacíos. Algunos caminaban erguidos, deformados por magia. Otros rugían como bestias de otro mundo. Al frente venía Malrik, su líder. Una montaña de músculo y odio. En su pecho, una marca negra: un eclipse roto. —¿Esta es la loba que desafía la sangre? —gruñó, al ver a Lyra frente al ejército Sköll. —No desafío la sangre —respondió ella—. Desafío el miedo. Malrik sonrió. —Entonces sangraremos por ella. La guerra estalló. Garras contra espadas. Fuego contra piel. Aullidos que partían el cielo. Rhydian luchaba como un lobo de leyenda, abriendo camino entre la oscuridad. Pero era Lyra quien brillaba. Porque ella no peleaba solo con fuerza. Peleaba con el poder de la luna. Desde la cima de la colina, invocó el antiguo lenguaje, el que solo las marcadas podían pronunciar. Sus ojos se volvieron plateados, y el cielo respondió. La luna bajó su luz como una lanza. Y con ella, Lyra se convirtió en leyenda viva. Los Alderan retrocedieron. Malrik intentó alcanzarla, rugiendo, pero Lyra lo detuvo con una mirada. —Tú sirves a la sombra. Yo soy la hija de la luna. Este no es tu mundo. Y cuando él se abalanzó, ella lo enfrentó. Sola. Loba contra sombra. El duelo fue feroz, pero breve. Lyra no venció con rabia. Venció con luz. Malrik cayó. Y con su caída, los Alderan huyeron, vencidos. El amanecer llegó con los cuerpos aún calientes sobre la nieve. Y entre los suyos, Lyra se mantuvo firme. Herida. Ensangrentada. Pero invicta. —¡Larga vida a la Reina Loba! —gritaron los más jóvenes. Y los antiguos, al fin… se arrodillaron. Esa noche, en la cima del árbol sagrado, Rhydian la abrazó con ternura. —¿Sabes qué hiciste? —Sobreviví. —No. Nos salvaste. Ella cerró los ojos, agotada, pero con el alma encendida. —Entonces mañana… empezamos a construir algo nuevo. Porque una verdadera reina no se alza por amor. Se alza por todos.
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