Nina Cuando salimos de la mansión, la verdad, no voy a mentir: estaba nerviosa. Mis manos sudaban; solo veía el hermoso paisaje que nos daba la noche. El cielo es estrellado. Pues voy a ser sincera: no soy virgen, pero hace tanto tiempo que no estoy con un chico, y la última vez no fue algo agradable. Cuando llegamos al hotel, él estaciona el coche y se baja, lo rodea y llega hasta mí. Abre mi puerta y me ofrece su mano. Yo la tomo y él me sonríe, me guía hacia dentro del hotel. La verdad es que el hotel grita lujo por todos lados; es precioso. El lobby es enorme, no me quiero imaginar cómo son las habitaciones. Llegamos a recepción y una chica nos atiende muy sonriente, pues yo todavía llevo mi vestido de novia. —Buenas noches, señores. ¿En qué les puedo ayudar? —Buenas noches. Tenemo

