—¡Suiciente! —grité llamando la atención de los dos. —¡Estoy harta de estar en medio de discusiones entre hombres que no comprenden que no soy un objeto que pueden disputarse! —No sé de donde saco fuerza, pero tomo a Nacho del brazo y lo aparto, para luego ubicarme entre los dos. —Es este imbécil que no comprende que me amas a mí —dice él señalando a Franco. —¡Cerra la boca, imbécil, porque si me hubiera conocido antes, seguro la hubiera enamorado! —Pero eso no sucedió —le recalca gozándolo. —¡Basta! —repito, luego voy a lo que realmente importa: saber el paradero de la loca de su hermana. —Dejemos la discusión de lado que afuera hay una desquiciada y asesina que acaba de matar de manera cruel a una chica. Así que, si de verdad me queres —me dirijo a Franco —dinos dónde encontrarla.

