Luego de que Daiana se fuera de la casa, no esperé un segundo para llamar a mi amiga y decirle que venga. Una vez que le conté todo lo sucedido, me preguntó: —¿Y qué pensas hacer? —No hace falta decir lo que se me cruza por la cabeza, porque con solo mirarme puede leer mi mente —¿No estarás pensando en hacerle caso a esa loca de mierda? Ante mi silencio, ella se levantó y empezó a caminar de un lado al oro completamente alterada, llamando la atención de las pocas personas que había en la plaza. —Dani, por favor, siéntate. —Es que esa mujer saca lo peor de mí. No podés hacerle caso, debe haber algo que se pueda hacer para detenerla. —Créeme que evalúe todas las posibilidades, y no encontré ninguna que me ayudará a sacármela de encima —admito al borde del llanto y veo como ella se cal

