Acaricio su rostro y sonrío en silencio. Sabe cuál es mi respuesta.
—Permite enamorarte —me pide a modo de súplica, pero siento que no puedo atarlo a mí cuando lo único que en cierto modo sigue uniéndonos es una relación clandestina. —Yo te quiero —insiste.
—Diego, vos no me amas.
Trato de hacerle entender que lo que hay entre los dos es simplemente pasión y no precisamente amor. Amar es mucho más profundo y que yo recuerde, cuando fue lo de las fotos a él le importó más que le arrebatara del poder de Daiana esas pruebas más que lo que pudiera sucederme en sus manos.
—No puedes decirme que no te amo cuando soy yo él que siente que se está muriendo sin ti. Sos muy egoísta —me habla enfadado y lo veo salir de mi cama y recoger sus ropas. —Mira, comprendo que solo soy un desahogo, ¿Me equivoque al dejarte en manos de esa loca de merda? Claro que si, pero eso no quiere decir que no me duela tu rechazo, que mientras te hago el amor en tu mente esta el recuerdo de otro hombre. Eso mismo me destroza el corazón.
Me dejó sin palabras, no supe qué decir solo dejé que terminara de vestirse y retirarse no sin antes decirme una ultima cosa.
—Espero que cuando te des cuenta de que yo puedo hacerte feliz, no sea tarde.
Ni bien se fue, me di un baño y aunque tuve deseos de llorar no lo hice. Estoy harta del papel de victima que hago constantemente porque al final de cuentas, yo también me busque estar en el lugar dónde estoy.
De momento a otro, escucho el timbre sonar y creyendo que se trata de Diego nuevamente, abro sin siquiera pensarlo, pero vaya sorpresa que me pegué.
—¿Qué haces acá? —pregunté dando un paso hacia atrás y quedándome sin reacción.
—¿Nos vas a dejarme pasar? —pregunta y sé que lo hace para burlarse de mí.
Cuando reacciono intento cerrar la puerta, pero ella es más rápida y se mete en mi departamento.
—¿Qué mierda queres? —como no tenía nada para defenderme, tomé el palo de la escoba que tenía más a mano. Ella me mira con desprecio y tras poner los ojos en blanco habla.
—No seas ridícula, no te haré daño. O bien, no seré yo que lo haga.
—¿Qué queres? —insisto, no me gusta estar a solas con ella.
—Vine a verte, pero creo que no llegué en un buen momento, pero hay algo que no entiendo, ¿cómo seguis revolcándote con el profesor si supuestamente estabas enamorada de Nacho? —reprocha.
—No tengo por qué decirte nada a vos. Retírate de mi casa.
La observo sonreír y moverse dentro de mi departamento. Si tengo que ser sincera, me aterra la idea de que tenga otro brote psicótico e intente matarme. Estoy sola y esta vez no está Nacho para salvarme. Si esta loca me hace algo, me dejará sola hasta que alguien me encuentre.
—¡Detente! —no puedo tolerar su presencia, por lo que grito para detenerla. Además, no confío en sus movimientos. Temo que me haga algo.
—¿Tenes miedo que pueda lastimarte? —aunque pregunta, sé que lo hace adrede. Se ve divertida y gozando del miedo que le tengo.
—¿Qué queres? ¿Qué haces fuera?
Hasta donde sabía, ella estaba esperando juicio en un neuropsiquiátrico.
—¿No te comunicaron? Ya estoy curada, por eso me dieron el alta. —No le creo nada.
—Bien por vos, pero ¿por qué estas en mi departamento? —ya comienzo a ponerme nerviosa.
—Vine a ver como estabas.
—Ya me viste, ándate —exijo y no bajo la guardia, pero su sonrisa cínica me enerva los nervios.
—No. en realidad, llegue más temprano, pero, lo cierto es que como escuche tus gemidos de puta desde afuera, esperé a que se vaya. —enfatizó en ese insulto, luego se transformó mostrando su verdadera cara. —Yo no entiendo cómo los hombres están desesperados por vos. A veces creo que le haces brujería o no sé por qué. Qué es lo que te ven. Nacho me dio la espalda por tu culpa . . .
—Eso no es tan así. Él te dio la espalda al enterarse de que mataste a su hijo e indujiste el suicidio de su ex novia.
—Ella estorbaba, así como hoy me estorbas vos. —Da un paso hacia delante y yo doy otro hacia atrás. Temo que haya traído algo punzante o un arma con el que pueda lastimarme. No veo la hora que se vaya pero por lo visto no es su idea. —Pero bueno, vine a ordenarte que te juntes con Diego, o cualquiera, eso no me importa.
Frunzo el ceño, pues no comprendo a qué va su pedido.
—No —me sale decir, pero ella saca de su bolsillo un celular y me muestra un video donde estamos Diego y yo teniendo sexo en su casa. —¿Pero cómo?
—Sencillo, tengo vigilado lo que me interesa. Pero no desvíes la conversación. Lo que debes hacer es simple, Nacho tiene que odiarte y se que si le das más motivos él lo hará.
—Yo amo a Nacho, es el amor de mi vida.
Una sonora carcajada sale de lo más profundo de su garganta, pero a mi no me causa gracia.
—No seas teatrera, esto es lo que nos conviene a las dos. Además, recuerdo que te derretías por nuestro profesor hasta que conociste a mi hermanastro y te metiste en mi vida.
—Te recuerdo que, de no haberte metido con Diego, quizás hoy no estaríamos en estas circunstancias y seguirías siendo vos el objeto de deseo de tu hermano.
Ella guarda silencio unos segundos y luego asiente.
—Bueno, no pueo perder más mi tiempo. Vas a aceptar ser novia de Diego.
—O si no ¿qué? —desafío, no voy a dejarme manipular.
—O sino, ahora que se que los dos encontraron trabajo como compañeros en el mismo colegio, subo todos el video a las r************* y lleno de fotografías todo Buenos Aires.
—No serías capaz de hacer eso.
Claro que sería capaz de hacerlo. Daiana era la personificación de la maldad y me tenía entre la espada y la pared. Sé que es capaz de hacer lo que dice y mucho más.
—¿Queres probar, haber si soy o no capaz de arruinarles la vida?
Bajo la guardia, no quiero hacer nada que la enoje, pero tampoco quiero usar a Diego, ni mucho menos que Nacho llegue a odiarme todavía más.
—Daiana, no quiero hacer esto. Por favor —suplico, tratando de tocar alguna fibra íntima de su corazón. Órgano que no tiene porque está hecha toda de maldad.
—No tenes opción. O aceptas estar con él, o podes ir despidiéndote de tu vida profesional.
—Pero Yo amo a Nacho. No quiero que me odie —intento hacerle cambiar de opinión, pero es imposible.
—Bueno, en vista de que no hayo consenso, tendré que exponerlos.
La muy desgraciada me da la espalda para retirarse, dejándome desesperada y acorralada.
No me queda opción.
Necesito salvar mi carrera y la de Diego. No me perdonaría que nuevamente él pierda su trabajo. No me lo había dicho, pero la última vez que estuve en su departamento, pude ver todas las facturas adeudadas y cartas de intimidación, por lo que no puedo permitir que nuevamente se hunda en la desesperación de no poder pagar sus cuentas.
—Esta bien, haré lo que me has pedido —digo con bronca por permitirle salirse con la suya.
—Perfecto, nena, perfecto —dice con una sonrisa y se acerca lo suficiente como para acariciar mi mejilla, lo que me hace darle vuelva la cara con cierto recelo.
—Listo, ahora ándate —le pido, y su rostro pasó, de una amplia sonrisa a una expresión seria.
—No me mandas vos a mi. Que no se te olvide. Y las cosas no son como piensas. No es simplemente aceptar y listo. Vas a darle una cena romántica, vas a besarlo en público y luego tendrán sexo.
—Por favor. Ya no quiero vincularme así con él. Te lo suplico.
—No. vas a hacer lo que yo quiera o destruyo lo poco que tienen. Vos elegís.
—Sos malvada —espeto con furia, pero eso no sirve, ella se regodea de lo que me provoca.
—Bueno, tengo cosas que hacer. —La observo sacar algo del bolsilo trasero de su pantalón, luego me lo entrega —Toma.
—¿Esto?
—Un restaurante. Pedí reserva a tu nombre para los dos. Espero verlos allí a las 20 horas, de lo contrario te juro que no esperaré un solo minuto para viralizar el video —y así como vino, se fue.
Envuelta en un deseo de destrucción, rompo la tarjeta en pedazos y arrojo el palo de la escoba a la puerta. Sé que esta del otro lado riendo de lo que ha provocado porque esta vez, aunque no quiera, ha ganado.