Ni bien lo vi delante de mi, todo a mi alrededor se detuvo y no comprendí por qué de primeras.
Llevaba días evitándolo incluso en pensamientos y verlo ahí, sabiendo que deberíamos trabajar juntos era algo por lo que no quería pasar.
—Bueno, profesores, debo atender unos asuntos. Los dejo solos para que vayan conociéndose y charlando sobre los contenidos a trabajar.
Tan pronto quedamos los dos, le di la espalda y fui por una taza para tomar café. No me gustaba, pero era la única manera que encontraba para salir del aprieto.
En cuestión de segundos lo tenía detrás de mí.
—Camila.
Cierro mis ojos con fuerza y mis manos empiezan a temblar.
—Camila —insiste y yo no quiero quedar mal educada. Desearía desaparecer, pero no puedo darme el lujo de renunciar.
—Diego, por favor —le pido . . . le suplico.
—Tranquila, a mí también me incomoda la situación, pero acá somos profesionales por lo que nuestro asunto personal, queda de la puerta para afuera.
No puedo evitar buscar su mirada y no encontrarme con ella. Me genera cierta inquietud el que me hable con esa distancia y no entiendo por qué me molesta si se supone que eso mismo decía necesitar.
No me quedo a pensar más, puesto que el timbre volvió a sonar y debía regresar al aula. Sabía en minutos debíamos estar juntos con nuestros alumnos y no quería que ellos intuyeran que entre los dos hubo algo.
La tarde concluyó rápido y por suerte solo nos presentamos. Algunos niños estaban nerviosos y los de secundaria mucho interés no ponía en trabajar con los de mi grado, aun así, me sentí aliviada de estar ocupada.
Cuando finalizó nuestro encuentro y se fueron, pude respirar tranquila, luego realizamos algunos ejercicios y al finalizar la jornada, estaba guardando mis útiles cuando de repente miro hacia la ventana y veo que Diego hablaba con una mujer de cabello rojizo quien le sonreía y no necesito ser adivina como para no darme cuenta de que le está coqueteando, pero lo que me extraña es que él le permita hacerlo.
—Ridícula —murmuro casi sin darme cuenta y no comprendo por qué, de momento a otro me puse de mal humor.
Tome el resto de pertenencias y tras meterlas en mi bolso me retiré.
Pase junto a los dos y siquiera lo miré, aunque si puedo jurar que los ojos de él fueron directo hacia mí.
No me importa, incluso saber, que camina detrás de mí.
—¿Se puede saber qué te pasó? —me detiene llegando a la esquina.
—Nada —respondo indiferente, pero sé a qué se refiere.
Lo sé, soy una inmadura y es porque cuando salí, me lo crucé con esa otra profesora y no me importó llevármela por delante.
—No digas nada, porque ambos sabemos que tenes una visión privilegiada; no es que no la viste.
No lo miro, no quiero que piense que me importa, por que no… creo que no.
—¿Vas a seguir callada o por primera vez vas a ser sincera y reconocer que todavía sentis cosas por mí?
No puedo evitar mirarlo y romper en carcajadas. Si, ya lo se, parezco una adolescente, pero no me importa.
Cuando el semáforo cambia y me da la posibilidad de cruzar, no lo pienso y comienzo a caminar ligero y claro, él también lo hace tras de mí.
—Por favor, dejá de hacerme correr.
—¿Te pedí que me siguieras? No, entonces no te comportes vos como un adolescente y déjame en paz.
Así nos mantuvimos por unas siete cuadras hasta llegar a mi domicilio, donde me frene en la puerta y le exigí que me dejara tranquila
—Basta de seguirme.
—No. quiero que me digas que todavía te gusto porque tu actitud lo demuestra.
Me tomo la cabeza, no puedo creer que nos estemos comportando como dos niños.
—Yo estoy enamorada de Nacho, ¿no podes entender eso? —no miento, pero si es cierto que no me gustó ver como otra mujer le coqueteaba.
No discuto más, abro la puerta del departamento, pero tan pronto pongo un pie dentro del edificio, él ingresa conmigo y sin dejarme hablar me roba un beso.
El peso de su cuerpo cayó contra el mío, quedando ambos tirados en el piso, lo que me hizo reaccionar de inmediato dado que, ¿cómo explicaríamos lo que estábamos haciendo justo en la entrada del edificio?
De inmediato lo empuje y cuando nos pusimos de pie le di vuelta a la cara de una bofetada, pero aun así permaneció en el mismo lugar y tras mirar mi estado en el espejo que tenía justo de frente y que el ascensor estaba bajo y abierto, algo se apoderó de mí y como cuando toda esta locura comenzó, me arroje a sus brazos.
. . .
“A la mierda con todo”, piensa Diego mientras encierra el cuerpo de Camila entre sus fuertes brazos y la dirige hacia el ascensor, para luego ver como ella toca el botón del piso al cual debían ir.
En ningún momento soltaron sus labios porque, particularmente él, no quería que ese sueño en el que estaba inmerso, se esfumara tan pronto sus labios se separasen.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, ambos se retiraron directo al departamento de ella, que inmediatamente sacó sus llaves y abrió la puerta.
—Te amo —dijo de inmediato haciendo que se separe y se le quede viendo. —Perdón —dijo de inmediato haciendo su rostro hacia delante para volver a besarla, pero ella lo rechazó. —Mierda —se maldijo por haber sido tan idiota en romper esa burbuja. —Lo siento mucho, de verdad lo siento —admite y acaricia su rostro a lo que ella sujeta su mano y la aparta.
Se hace un paso hacia atrás y ante la mirada confundida de él, comienza a desvestirse.
Decide olvidarse del mundo por unos minutos e incluso horas en sus brazos y aunque sabe que no dejará de amar a Nacho, es su decisión avanzar.
—Hazme tuya —le dijo una vez que se despojó de todo lo que llevaba encima y fue cuestión de milésimas de segundos para que Diego la tome entre sus fuertes brazos y la conduzca hacia la cama, pero sin despegarse de sus labios.
La arrojó a la cama y luego él se subió a horcajadas suya.
No quiso perder tiempo, por lo que enseguida llevó sus besos a sus senos, los que chupó, mordió y estiró deleitándose con sus gemidos de placer y su voz en grito al pedirle que no se detenga.
Mientras se entretenía con sus pechos, una de sus manos se dirigía hacia su zona íntima, encontrándola empapada.
Enseguida metió dos dedos dentro suyo y ella respondió arqueando su espalda y abriendo sus piernas.
Así la recordaba.
Así es como la necesitaba.
Siguió un camino de besos hasta llegar a su ombligo, donde se dedicó unos segundos para mirarla y notar que ella tenía sus ojos cerrados y que lo más probable es que no estuviera pensando en él.
Imaginarlo le dolió, pero tenía la dicha de estar haciéndole el amor y aunque sus sentimientos no sean correspondidos, no piensa dejar de intentarlo. No piensa perder su oportunidad.
Abre más sus piernas cuando llega hasta su intimidad, cierra sus ojos y pega su nariz a ella, luego inhala con fuerza, embriagándose de su aroma.
—Qué delicia —dice mientras saca su lengua y empieza a pasearla por sus labios sintiendo como su cuerpo se estremece, y sus manos sujetan sus cabellos.
Sabe que quiere que hunda su lengua en esa hendija, pero no lo hace. Aun no.
Tan pronto lleva su lengua a ese pedacito de carne y lo toca con la puntita, ella deja escapar un quejido de placer.
—Eso es. Eso es amor, entregate a mí —le dice, aunque sabe que no lo escucha.
Un dedo se abre paso por su interior entre tanto sigue lamiendo su clítoris haciendo que su cuerpo se sacuda del placer.
Su falange realiza movimientos certeros dentro de su cuerpo logrando hacer contacto con su punto G.
De pronto comienza a temblar, sus piernas se tensan, los dedos de su mano se expanden y sabe que es cuestión de segundos para sentir aquel liquido tan anhelado bañar su boca.
No lo dilata más.
Succiona con fuerza a la vez que son dos dedos más que ingresan en su interior y realiza movimientos hacia delante y hacia atrás. Cada vez mas rápidos, cada vez mas profundos.
—Estoy . . . Estoy . . . ¡Dios! ¡Que placer! —grita para luego dejarse ir.
. . .
No sé si esto estaba bien, solo sé que mi cuerpo extrañaba sentirse liberado.
No recordaba la sensación de libertad en los brazos de Diego y siento que la extrañaba.
No quería irme de allí, de su lado porque por primera vez en mucho tiempo, me sentía importante para alguien. Me sentía una mujer deseada.
Cuando todo ese frenesí acabó, él me abrió las piernas de manera violenta y tras colocarse un preservativo y ubicar su pene en mi entrada, de una sola estocada me penetro.
Grite en respuesta pero no era de dolor.
Su frente se pegó a la mía y sus manos buscaron entrelazar sus dedos con los míos y se lo permití.
Su boca besaba con dulzura la mía y sus movimientos eran lentos y rítmicos y aunque sabía que era Diego quien me estaba haciendo suya, podía soñar con Nacho.
“Lo extraño tanto”, me digo a mí misma y dejo escapar unas lágrimas, pero él se da cuenta y se detiene.
—No quiero hacerte sufrir.
—No lo haces —admito. No tiene la culpa de que no lo quiera.
—Lo sé, pero sé que esas lágrimas no son por mí y no quiero que te sientas culpable por estar conmigo.
—No me siento culpable, solo intento empezar de nuevo —decido abrir mi corazón. —Perdóname.
—¿Por qué me pides perdón? —inquiere dudoso.
—Porque deno haber sido por mi necedad, vos seguirías con tu esposa, viendo crecer a tu bebé. Estarías con los cargos que hoy no tienes por mi culpa y seguirías con un currículo intachable, sin embargo yo he arruinado tu vida.
Lo veo negar, al mismo tiempo que saca su m*****o de mi cuerpo y se sienta en la cama junto a mí, lo que hace que cubra mi rostro y rompa en llantos.
Ya no solo por Nacho, sino por todo lo mal que he hecho.
—No digas esas cosas, porque fue decisión mía arruinar mi vida. Y aquí entre nosotros, yo no quería reconocer que me gustabas hasta que me enfrente al miedo de perderte.
—No entiendo.
—Cuando amenazaste con irte de mi materia, juro que sentí miedo de no volver a verte y no me importó mi familia porque solo quería estar contigo, por lo que no te culpes por una decisión que estuvo en mis manos todo el tiempo.
Busco sus manos y vuelvo a entrelazar nuestros dedos. Un acto de amor, quizás o bien un acto de buscar el perdón porque sin importar lo que diga, no dejaré de sentirme culpable por todo el mal que hice.
—Nunca imaginé que todo acabaría así.
—Yo tampoco, pero no me arrepiento de nada y te juro que si me das la oportunidad, te voy a hacer muy feliz.
¿Se trataba de una propuesta?
—Camila, ¿Queres ser mi novia?
. . .
Diego nunca se había sentido tan nervioso como en ese momento y más porque estaba tardando en su respuesta.
Sabía que quizás ella nunca pueda corresponder su amor con la misma intensidad que el siente, sin embargo, no iba a perder la guerra sin dar batalla por lo que se tiró a la pileta sin saber si había agua. Es decir, no sabía si su respuesta sería la que quería escuchar, pero no se quedaría con la intriga de saberlo.
—Diego —la escuchó decir en un hilo de voz.
Él no solía ser romántico, de echo estaba conociendo esa faceta con ella, por lo que cuando en la radio estaban pasando una canción, que conocía muy bien él empezó a tarareársela.
—Punto y aparte…
—¿Qué? —se sorprendió.
—Todavía tengo cartas que no he puesto en juego —la hace reír notando un poco de nervios en su actitud, puesto que el canto no era su fuerte y no se escuchaba para nada armónico.
—Por favor, me da vergüenza ajena oírte cantar. Si a eso se le puede llamar así.
Eso hace que los dos carcajeen, pero de inmediato él se detuvo para deleitarse con el belo sonido de su risa.
—¿Sabes? Debo admitir que verte sonreír era y sigue siendo algo que me llena el corazón. Recuerdo quedarme embobado en el colegio cuando te veía hacerlo y morirme de celos cuando lo hacías con otros.
Ella sonríe, ahora más cómoda porque se siente bien escuchando sus palabras bonitas. Por otro lado, lamentaba no haberlo conocido en otro momento de su vida, porque se imaginaba que podría haberlo llegado a querer mucho, pero lamentablemente la vida les jugó una mala pasada y aunque pe la quiera, ella amaba a otro hombre y no podía engañarse.
—Diego, yo agradezco tus sentimientos, pero creo que deberías volver con tu ex mujer y así criar juntos a su hijo —dice, pero él niega.
—No puedes pedirme eso y mucho menos cuando quiero y necesito que aceptes salir conmigo. —bajo la cabeza, evito mirarlo a los ojos, pero él toma mi rostro y me hace mirarlo, luego vuelve a hablar —: Yo sé que puede que no tenga oportunidad porque tu corazón ya tiene dueño, y que lo que siento te incomoda, pero no puedo manejarlo y no quiero hacerlo. Para serte sincero, no me importa morir en el intento si vas a darme la oportunidad, porque juro que ahora de todo para lograr enamorarte y que sientas mis sentimientos. Es por eso que, necesito una respuesta. ¿Quieres ser mi novia?