—¡Mierda! —dice Diego tan pronto pone un pie en su departamento y ve que Daiana está mirando la televisión. —¿Qué haces en mi casa?
—Hola, ¿cómo estás? Yo bien ¿vos? —se burla mientras que se pone de pie y deja sobre la mesita ratona una lata de cerveza.
—¿Qué estas haciendo en mi departamento? —insiste.
—Vine para que nos pongamos de acuerdo y ejecutemos el plan.
Enseguida puso los ojos en blanco. Ya había analizado la situación innumerables veces y la verdad no quería verse involucrado, nuevamente, con una mujer con desordenes mentales capaz de hacer lo que sea, por lo que no iría a aliarse con ella.
—Lo pensé y prefiero que no hagamos nada.
—Sos un cobarde —le dice con desprecio.
—Daiana… —intenta hacerla recapacitar de cualquier locura que quiere hacer; sin embargo, no le interesa nada de lo que tenga para decirle.
—No y déjame decirte que sos un cobarde y un imbécil. ¿Piensas que a ella le importas? A esa puta solo le importa ella misma ¿O no ves que te ha arruinado la vida?
—Nadie me la ha arruinado, fue mi decisión meterme con ella y con vos. Aunque si vamos al caso, quien en realidad arruinó mis places, fuiste vos.
Ella se ríe con soberbia y tras encogerse de hombros se retira.
Ahora lo único que le importa es reconstruir su vida y haber conseguido el trabajo como maestro del primer año de secundaría era un buen comienzo.
. . . .
—¿Y bien? —pregunta Daniela, al verme salir del colegio con una expresión indescifrable.
Había estado nerviosa durante toda la semana, al saber que hoy debería ir a la entrevista para ejercer como profesora de Lengua y Literatura en 7mo grado en una de las escuelas más importantes de Buenos Aires y me había ido muy bien, solo que quería ocasionar tensión, pero soy malísima para fingir.
—Estas en frente de la nueva profesora de Lengua y Literatura de 7mo grado.
Llena de felicidad, se tira sobre mi cuerpo y me abraza como si no hubiera un mañana, luego nos tomamos de las manos y saltamos como dos niñas ante la vista de algunos padres y niños asomados por la ventana.
Cuando Dani se dio cuenta del papelón que estábamos haciendo, me soltó y propuso irnos a tomar algo como festejo de lo que sería un paso hacia mi nueva vida.
—Pero son las 10 de la mañana.
Yo pensé que querría ir a desayunar, pero no. directamente quería ir a tomar unas cervezas a lo que por supuesto, no me negué tras su insistencia.
—Pidamos algo para comer, después de todo hay gente en otros países que almuerzan a esta hora.
Eso no lo sé, aunque me parece que está confundida; sin embargo, estoy tan contenta que no me pongo a pensar en si me va a caer bien o mal, quiero festejar y ahora es el momento.
Mientras comemos unas pizzas y bebemos, le cuento la propuesta de Franco, y casi se atraganta con la comida.
—¿Cómo no me dijiste antes?
—Es que la verdad era algo que quería olvidar. Sinceramente saber que él se va me duele y mucho, pero no puedo irme con él.
—¿Seguis pensando que Nacho va a perdonarte algún día?
Francamente lo dudo, pero he decidido no volverá pensar al respecto. No puedo obligarle a ue me crea cuando solo quiere destruirme. Es su decisión y no la mía.
Respecto a Diego, estoy segura de que la distancia entre los dos le va a permitir darse cuenta que, al igual que yo, lo mejor es que cada quien, siga su propio camino, y la verdad que si, me arrepiento de haberle causado tantos problemas porque al final de cuentas, su niño pagó por mis caprichos y la obsesión que provoqué en el profesor y Nacho pagó por mi rivalidad con Daiana. En fin, las cosas pasan por algo y siempre supe que, después de una tormenta siempre sale el sol y sé que el tiempo pondrá las cosas en su lugar.
—Bueno, al final de cuentas tienes toda la razón. Tanto Diego como Nacho te han causado muchos problemas y la verdad es que no está mal que quieras darle vuelta a la página y comenzar de nuevo.
Sonrío ante su demostración de apoyo, aunque sé que mi decisión me va a hacer sufrir mucho más, sé que en algún momento el dolor cesará y mi cuerpo olvidará la sensación de las manos de Nacho tocándolo, de sus labios besándome. Llegará el momento en el que no cierre mis ojos piense en él. Lo sé.
—Haces bien, amiga, haces muy bien —me dice tomando mi mano y apretándola fuerte.
Le cuento que el director me enseñó el grupo de niños que me va a tocar y para ser sincera, es algo problemático porque tan pronto ingresamos en la sala, estaban a los gritos, mientras oían música y dos estaban peleándose.
Francamente no le dieron mucha importancia a mi presencia, por lo que infiero que me tendrá bastante ocupada el trabajo y eso es justo lo que espero ya que de lo contrarío estaría pendiente de cada paso de Nacho y ya no quiero eso.
—Umm . . . eso significa que quizás no te la harán muy fácil que digamos —dice conteniendo una carcajada, yo me encojo de hombros.
—Prefiero un salón movidito que me mantenga ocupada a uno en el que no pase nada.
—Claro, me olvidaba que sos una mujer que vive al límite, y que la adrenalina es el elixir de la vida.
Carcajeo ante su comentario, luego le arrojo una servilleta hecha un bollo.
—Lo único que me tiene incómoda, si es esa la palabra, es que tienen un proyecto de articulación donde trabajan con el primer año. Es decir, yo que soy profesora de Lengua y Literatura, lo haré con e otro profesional de secundaria y según me han contado, es nuevo al igual que yo.
—Eso es bueno, se darán apoyo mutuamente —insinúa con cierta picardía, y yo la observo agudizando mi mirada. Sabía hacia dónde iba.
—No me voy a involucrar en nada personal. Yo solo quiero trabajar y ya.
—Me parece bien.
Yo sé que lo dice para darme la famosa “razón del loco” pero soy sincera. Profundamente sincera.
. . . .
—Bueno, es simple, solo abócate a este plan de estudios y trata de que los cuatro de adelante, permanezcan en esos asientos, será mas fácil la clase si los mantienes separados del resto.
—Perfecto, señor Menendez.
—Bueno, lo dejo con el grado y me iré a atender unos asuntos importantes —asiento, atenta a su recomendación y luego dirige toda su atención al grupo de niños y niñas —: Escuchen bien, la señorita Camila Ayala será su nueva profesora de Lengua y Literatura, por favor no quiero una sola queja más suya. Son los más grandes del nivel y deben dar el ejemplo.
El hombre les dio una clase de moralidad mientras la mayoría se le reían en la cara. La verdad, la juventud de hoy en día tiene menos respeto por los adultos que cuando éramos niños y es triste.
Las familias pretenden que seamos nosotros los que hagamos sus papeles, que los eduquemos cuando ese no es nuestro trabajo, pero así esta la sociedad actual, donde no hay respeto por nada ni nadie.
Tras presentarme una vez más e indagar por donde es que estaban del programa, decidimos repasar aquellos contenidos que no les había quedado muy aprendidos y luego proponerles algunos ejercicios de redacción, descubriendo más de un talento.
—Esto que has hecho es hermoso —menciono a uno de los niños sentados en los asientos de adelante.
—Nada que ver, seño —responde avergonzado y comprendo su actitud.
—Bien, pero a mí me gusta. ¿y sabes lo que pienso? —niega atento —que a lo mejor te iría mejor si no tuvieras esa actitud agresiva con los demás.
Él se encoge de hombros y noto cierta incomodidad, por lo que elijo no ahondar mucho más en el asunto y le pongo la nota que se merece.
—¿Un 10? —Pregunta incrédulo de la nota sobre la hoja. Francamente no era tanto como para ese valor, pero debo destacar el valor de escribir algo tan bello como esto y exponerse a sabiendas que puede que se burlen de él.
—Si, y porque además vas a leerlo ante todos tus compañeros.
Él quedó estupefacto y con miedo tomó la hoja. Segundos más tarde toda el aula estaba en silencio escuchándolo y sorprendido de esa faceta de escritor que tiene.
Cuando el timbre nos sorprendió y el director ingresó a la sala, se sorprendió al verlos trabajar y la verdad que a mí no. creo que si uno quiere el respeto debe ganárselo y tratarlos como delincuentes no es la manera.
—La verdad, señorita Ayala estoy muy sorprendido de lo que ha logrado en unas horas con este grupo particular de niños y niñas.
Sonrío ante el alago y para quedar bien, después de todo no puedo corregir la mentalidad de un hombre que se crío prácticamente en el servicio militar.
—Bueno, ahora quiero que venga conmigo así le presento al docente con el que trabajará desde la segunda hora del día en articulación.
—¿Y cómo funciona eso?
—Bueno, es así la cuestión. Por ser el primer día para ambos, solo se presentarán con los grupos de estudiantes, luego pensarán en cómo abordar algún contenido pedagógico. Recuerden que el boceto deben presentarlo ante mí. ¿De acuerdo? —asiento con una gran sonrisa, luego me genera intriga conocer a mi compañero, ahora que sé que es hombre solo espero que sea un tipo simpático con el que se pueda trabajar con comodidad.
Camine junto a él hasta la sala de profesores, donde me presentó con otros docentes que ya conocía puesto que ese colegio fue uno de los que ya había hecho alguna práctica docente cuando cursaba el profesorado, hasta que escuchar un apellido hizo que me detenga y pusiera en alerta.
—¿Gonzales? —pregunto con un deseo profundo de haber escuchado mal.
—Si, Diego Gonzales es el nuevo profesor de Lengua y Literatura del 1 año.
No termino de razonar sus palabras que mis ojos y los de Diego hicieron contacto.
“Mierda, esto no puede estar pasándome”