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1584 Palabras
Luego del incidente en donde Nayla desfiguró el rostro de su abusador y Nacho lastimó al otro tipo, se retiraron de allí sin saber si los habían asesinado o no. Tan pronto regresaron al lugar donde estaba viviendo, él se dejó caer en una silla y se echó con todo su cuerpo hacia atrás, adolorido por la herida de entrada y salida que casi le cuesta la vida. —Iré a buscar algo para curarte. —No, está bien —dice él, mientras tomaba fuerzas para levantarse y tomar la botella de wisky y servirse un trago. Sabía que lo iba a necesitar. —Encontré solo esto —puso sobre la mesa un bolso con elementos suficientes para curarlo. Saca del bolso alcohol puro, unas gasas, vendas aguja e hijo quirúrgico. Según lo que le había dicho a él, consiguió esos productos gracias a la enfermera que trabajaba en la mansión de su exmarido, lo cierto es que lo consiguió de otra manera, pero había muchas cosas que él no sabía de ella y que le causaban cierta inquietud. Con la botella de wisky en la boca, ella deja caer un gran chorro de alcohol sobre la herida, luego, y tras enhebrar la aguja, comienza la tortura de cocerla sin anestesia. —Lo siento mucho —dice ella llamando su atención y él frunce el ceño. —No, no es tu culpa—. Nayla baja la cabeza y fuerza unas lágrimas que logran conmoverlo, lo que hacen que sujete sus manos para detener la acción y hacerla mirarlo, luego sigue hablando—: No quiero volverte a escucharte decir que es tu culpa. En tal caso es mía por no haberte hecho caso. No puedo ni imaginar el terror que sentiste al verte sola contra esos dos abusivos y no quiero ni pensar en lo que te hicieron, pero quiero que sepas que no dejaré que nadie más te ponga un dedo encima, porque juro que no vivirá para contarlo. Une su frente con la de ella y tras secar sus lágrimas con sus dedos, deposita un casto beso en sus labios. Ambos sabían que su corazón tenía dueña, pero aun así, él quería demostrarle su cariño, agradecimiento y lealtad. —Te amo —suelta ella sorprendiéndolo, luego y en respuesta solo la abraza. Él la besó por compromiso, ella sigue manipulándolo hasta lograr enamorarlo. . . . —No había Seven Up, traje Fanta —me dice Franco llegando junto a mi y sentándose frente a ella con las bandejas de hamburguesas. —No hay problema, al final es gaseosa. Había decidido no volver a verlo, sin embargo, era extraño saber que mi amigo estaba enamorado de mí y peor aún, saber que es el hermano del hombre que amo, pero si me pongo a pensar, a nadie le importo tanto como a él. Entonces, ¿por qué darle la espalda? Al final de cuentas, para Nacho seguiré siendo un puta, con o sin la amistad de Franco. Durante unos minutos estuvimos comiendo en silencio, y es que hacía poco me había enterado de que se iba del país y eso me angustiaba. Decido romper el silencio y hacerle esa pregunta. —¿Es verdad? —pregunto con temor de mirarlo a os ojos —¿Sobre qué? —Me enteré de que te vas a Francia en dos semanas. Él dejó las papas fritas que estaba por ingerir dentro del recipiente y se limpio las comisuras de los labios. Era cierto, en dos semanas dejaba el país para cumplir uno de sus sueños, abrir un restaurante en la ciudad del amor y por supuesto, en compañía de unos amigos franceses. —Si, este es mi sueño por eso quiero pedirte que te vengas conmigo. No me lo esperé y de echo creí que era un chiste, pero no. hablaba muy enserio. Me explicó que desde un principio su idea ha sido llevarme con él, y de echo ese almuerzo era para proponérmelo. Franco creía que un nuevo aire me vendría bien para olvidarme de Nacho e incluso de lo mal que me hizo la loca de su propia hermana Daiana, a lo mejor, así podría ver que de verdad si le doy una oportunidad, podía hacerme feliz. —Cami, yo entiendo que amas a mi hermano, y aunque lo quiera, también sé que no está llevando una buena vida y que te mereces mucho más que eso. Yo sé que a lo mejor no puedas verme como un hombre, pero déjame intentar enamorarte. Sé que nuevos aires te va a venir bien y salir de toda esta mierda va a mejorar tu vida. —Agradezco lo noble que es tu corazón y ojala dejar de quererlo fuera tan simple como decirle, pero es imposible. Realmente es imposible comprender que en un parpadeo mi vida se convirtió en un infierno y todo por la obsesión de tu hermana y mi necedad de querer saberlo todo sin importar los medios. —¿Lo dices por haberte acostado con ella? El sexo con Daiana seguía siendo algo de lo que me avergonzaba, por lo que cada vez que tocábamos ese tema, no podía sostenerle la mirada, pero Franco era diferente a su hermano y antes de juzgarme, había decidido que mi pasado me pertenecía y que, si lo había hecho, tenía mis razones. No dejaría de ser una buena persona para él por ese asunto. Claro que no. —A mi no me importa tu pasado, te lo he dicho muchas veces y creo que ya deberías dejar de revictimizarte. —tras decir esto frunzo el ceño y lo miro con recelo. —No me mal intérpretes, lo que digo es que no puedes estar toda tu vida sufriendo porque Nacho no te cree. Sos una mujer hermosa, joven con una carrera. No tienes por qué estar detrás de un tipo como él e incluso como yo. Sos espectacular y así como hoy sientes que no tienes rumbo en la vida, pronto las cosas van a mejorar. Solo tienes que confiar. Era fácil decirlo para él, yo no creo que así sea. —Yo te agradezco todo lo que haces por mí, pero de verdad siento que a donde vaya, el amor que siento por Nacho seguirá estando presente. Él extiende su mano y yo lo recibo, luego se la lleva a la boca y le da un beso. —Esta bien, pero sabes que, si cambias de opinión, estoy para vos. Tras una sonrisa realmente sentida, decido abrazarlo. . . . Entre tanto, Diego no podía sacarse de la cabeza la conversación con Daiana porque, por un lado, estaban sus sentimientos hacia Camila, mientras que por el otro no quería aliarse con una mujer con desórdenes mentales y peligrosa como ella, pero también era cierto que Nacho era peligroso por lo que él era su mejor opción. Mientras observaba a su niño jugar con el perrito, no escuchaba a su ex mujer contarle sobre el reciente problema de salud de su hijo por lo que le llamó la atención. —¿Quieres que me vaya? —pregunta muy molesta mientras iba en busca de su pequeño. “Dale, Diego, no seas idiota” se dice a sí mismo. ¿Desde cuándo una mujer es más importante que su hijo? —Perdóname, Vanessa, es que estoy preocupado porque aun no he conseguido trabajo y mañana tengo una entrevista para dar clases en un colegio secundario, que, aunque no es lo que quisiera, por lo menos me va a ayudar a hacer frente a mis gastos ya que mis ahorros se están terminando. Ella sentía tanta bronca, porque estaba convencida de que, de no haber sido por Camila, su vida de ensueño no se hubiera convertido en la pesadilla que es. Ellos divorsiados, él sin trabajo, su pequeño creciendo con sus padres separados. Ese no era el futuro que ella había imaginado y no se privaría de expresárselo. —¿Sabes algo? Yo siempre soñé que nuestro amor sería fuerte, que viviría lo suficiente como para ver crecer a nuestro hijo juntos, verlo recibirse, enamorarse, casarse y tener sus hijos. Siempre desee que nuestro amor fuera lo suficientemente resistente como para sortear todos los obstáculos y en un abrir y cerrar de ojos todos nuestros… o bien, todos mis sueños se esfumaron y ¿sabes qué es lo peor de todo? Que si por lo menos me hubieras dejado por amor a otra mujer, sería menos doloroso que saber que lo hiciste por una de tus alumnas, que te orilló a perderlo todo y que además, jugó contigo hasta que se cansó porque ahora llora por otro hombre, y ese hombre no sos vos. Tenía toda la razón. Cada una de sus palabras dolían como dagas atravesando su carne y maldecía cada día de su vida estar lejos de su pequeño Benjamín, pero amaba a Camila y si, Vanessa tiene toda la razón, pero también fue su decisión exponer toda su vida para estar con una de sus alumnas. —Yo sé que no resulté ser lo que esperabas y de todo corazón deseo que encuentres a un hombre que pueda hacerte feliz. Ella finge una sonrisa y tras llamar a su pequeño, se retira de su departamento, no sin antes decirle algo desde lo más hondo de su corazón. —No dejes que siga destruyendo la hermosa relación que tienes con Benjamín, porque él no tiene la culpa de tus errores y los míos.
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