—¿Todo bien? —le preguntó la rubia una vez que llegó donde ella y le arrebató de las manos el casco de la moto.
—Vamos.
Últimamente ya ni hablaban y eso desde que volvió a ver a Camila. Y es que estaba intentando por todos los medios de arrancarla de su vida, pero siempre, por alguna razón el destino se la volvía a poner en frente.
Le dolía en el alma haber peleado con su hermano por esa mujer, pero más bronca le daba sus esfuerzos porque él crea en que no es buena y la prefiera antes que la sangre.
—¿Dónde vamos? —pregunta la rubia mientras se aferra a su cuerpo.
—A cualquier lugar donde pueda sentirme en paz.
No importa a donde vaya, porque lo que necesita es paz interior y aunque se fuera a vivir a la otra punta del planeta, nunca podrá sentir calma y siempre, aunque no lo reconozca, se sentira culpable.
Odiaba amar a Camila, pero contra ese sentimiento no podía hacer nada. Ya estaba resignado a que no importa cuánto lograra huir de lo que siente, llevaría consigo ese amor hasta el último suspiro de vida.
Una vez que estacionó y bajaron el vehículo, ella se sorprendió de donde la había llevado. Y es que no le parecía nada bueno el que estén en un sitio alejados de la ciudad, con dos desconocidos que la miraban como si quisieran devorarla.
—Quiero irme. Vamonos —le susurra a él teniendo un mal presentimiento.
—No me molestes —dijo cortante y se acercó al duo de jóvenes que estaban bebiendo alcohol y drogándose.
Se quedó de pie junto a la moto y aunque miraba hacia ambos lados, solo veía vegetación. Estaba en medio de la nada y tampoco sabía conducir la moto como para retirarse. Aunque si supiera, no le soltaría la mano. No lo dejaría allí tirado con esos desconocidos.
—Dale, nena vení —la anima uno de los jóvenes que se pone de pie y camina hacia ella.
—No va a querer —le avisa Nacho mientras le da un sorbo a la botella de cerveza.
—Dale, mami. Vamos a tomar algo y luego a divertirnos.
Ella lo miro alzando una ceja.
Nayla era del tipo de persona que se sabía defender muy bien y sabía defensa personal, pero en esta ocasión en particular, se sentía muy vulnerable.
—Dale, Nacho.. me siento incómoda ¿No ves cómo me ven?
Ella trata de hacerle entender que lo mejor es retirarse, pero no había caso ya estaba demasiado drogado y lo que no se le podía pasar por la cabeza, es que esos tipos estaban haciendo de todo por dejarlo sin reacción y aprovecharse de la chica.
. . .
—El amor es una mierda —dice Diego mientras se sirve el quinto trago.
—No amigo, lo que es una mierda es que te hayas involucrado con una de tus alumnas y hayas destruido tu vida —y en eso tenía toda la razón.
—Pero no me arrepiento —Era la primera vez que se sinceraba de esa forma con su mejor amigo —Yo nunca lo quise reconocer, pero desde el primer día en el que nuestras miradas se cruzaron, algo me pasó y puedo jurarte que muy en el fondo, sabía que de los anónimos se trataba de ella. Fue mi decisión acostarme con Camila y de lo único que me arrepiento, es de no habérmela jugado por sus sentimientos y los míos.
—No te culpes. Tenías una vida perfecta y amabas a tu esposa. No conocías otra cosa —menciona con picardía— es obvio que una joven con la flor de la juventud te pueda seducir.
—José, ni que fueraun viejo verde.
Ambos carcajean, pero lo que su amigo quiere decirle es que con su mujer él vivía una vida tranquila y monótona. Le faltaba adrenalina y eso se lo dio la aventura con Camila.
—Entonces, ¿qué vas a hacer ahora que sabes que no quiere saber nada contigo? —se queda pensando, porque no quiere renunciar a ella. Quiere lograr conquistarla de nuevo.
—Supongo que seguir intentando. Yo la quiero —dice en un dejo de tristeza.
—Pero ella no —suelta esas palabras y Diego sabe que esas palabras son tan ciertas como que es capaz de aliarse con la loca de Daiana con tal de tener a sus pies a Camila.
—Pero yo lograré que lo haga.
Sus palabras pusieron en alerta a su amigo que dejó de beber para dejarle en claro una cosa. Y es que temía que lo que sienta por la chica sea una obsesión que lo lleve a hacer una locura que lo termine arrastrando a cometer una locura.
—Diego, ojo con lo que estés pensando hacer. Acepta que para ella todo fue una aventura y que evidentemente ama a otro hombre y ese no eres tú.
Él no quería escuchar y tampoco iba a aceptar sus palabras.
José mira el reloj de su muñeca y se da cuenta que se le hace tarde, por lo que lo saluda y se retira, dejándolo solo con sus enfermizos pensamientos.
Deja la copa dentro del fregadero y se dirige hacia el baño para darse una ducha de agua caliente sin imaginar que una intrusa está entrando por la ventana.
Cuando sale de la ducha, casi se infarta al verla comer una manzana recostaza en uno de los sillones.
—¿Qué haces acá?
—Qué patético que sos —dice carcajeando, luego se pone de pie y camina hacia donde él se encuentra.
—¿Te dejaron salir o te escapaste? —sus dudas la hacían reír, pero no le dio importancia a sus preguntas y fue directo a o que quería: aliados para vengarse de Camila y quedarse con Nacho, pero no sin antes burlarse de sus sentimientos.
—La verdad que en la vida conocí hombre tan idiota. Arrastrarse por una puta como ella. ¿Vos sabías que ya tuvimos sexo? —se le acerca lo suficiente como para acariciar su pecho húmedo.
—Eso a mí no me importa —admite con enojo, luego continúa hablando:— Se que lo hizo por mí, por proteger lo nuestro.
Una carcajada retumba en el departamento, es ella que no deja de divertirse por lo ridiculizado que lo ha dejado Camila.
—¿Sabes? E hubieras enamorado de mi —dice con total sinceridad y entrelaza sus brazos alrededor de su cuello. —Estoy segura que nos hubiéramos divertido mejor. No me diste tiempo de conquistar ese corazón. —saca su lengua y delinea sus labios.
Tal vez no la quiera. Tal vez ella sea una manipuladora capaz de hacer cualquier cosa para obtener lo que desea. Tal vez él a eso lo sabe pero también sabe que tiene la facilidad de caer en sus redes y esta vez no será la excepción.
No llegó a parpadear que ya tenía la toalla que cubría su desnudez en el suelo y sus manos rodeaban la cintura de la joven. Acto seguido, estaban teniendo sexo duro y salvaje encima de la mesa.
Él descargaba toda su furia y frustración en el cuerpo de ella y esta sabía que no le hacía el amor por gusto y placer sino por odio, pero no le importaba.
Cuando se dejó ir dentro suyo, no se permitió descansar a su lado sucedió la última vez que estuvo Camila, sino que volvió a la ducha para limpiarse y tratar de lavar la suciedad que más que en su cuerpo, la sentía en el alma.
Tan pronto regresó a la habitación, ella seguía allí y ni siquiera se molestó en cubrirse su desnudes, solo revisaba su teléfono celular, viendo los videos del pequeño Benajmin.
Hecho una furia y preocupado se lo arrebata de las manos y ella en tono de burla levanta las manos, luego le dice a qué fue a verlo.
—Necesitamos trabajar juntos —suelta tomándolo por sorpresa y vaya que lo hace.
—NO digas idioteces. Jamás podría trabajar con alguien que ha intentado matar a una persona —ella sigue carcajeándose y niega con la cabeza, luego lo señala y actoseguido abre sus piernas dejando expuesta su intimidad.
—No puedes estar con alguien que ha intentado asesinar, pero sí para coger. A no ser que lo que quisieras decir es que no estarías con alguien que intentó hacerle daño a la estúpida esa.
—No la llames así —dice enfadado y ella vuelve a cambiar el tema, exponiendo el por qué le conviene trabajar juntos.
—Mira, seré breve. A mi me importa mi hermanastro y a vos Camila que francamente poco me interesa si le ocurre algo, pero lo que debemos hacer es separarlos del todo para que vos te quedes con ella y yo con él.
—No entiendo por qué me pedís ayuda?
—Por qué sé que aunque no lo admita, todavía le pasan cosas con vos sino no hubiera tenido sexo con vos. No se hubiera quedado varios minutos mirándote dormir. Soy mujer y sé que solo si todavía tenemos sentimientos por la otra persona es que nos quedamos contemplando su sueño.
Era mentira. Camila en ningún momento se quedó contemplando nada, solo se repetía a sí misma que lo ocurrido había sido un error y que huyó del departamento como si en ello se le fuera la vida, pero por supuesto no iba a decir algo que le perjudicara en su plan.
—Mientes —dice con recelo, aunque muy en el fondo prefiere creer en la mentira.
—Mira, no tengo por qué mentirte. Yo quiero a Nacho y sé que eres la mejor opción para ella. Entonces te queda ayudarme, trabajar juntos para poder separarlos del todo.
—Pero tu hermanastro no la quiere, no creo que se vuelvan a juntar.
—Él no la quiere y ella está confundida.
—No sé. No quiero que me odie.
Ella sabe que si ahora se retira de la casa, ya no podrá convencerlo, por lo que ahora elije ensuciar a Nacho con la intención de hacerle creer que lo mejor que pude hacer es salvarle la vida y para ello debe estar lejos de su hermano.
—Mira, Nacho tiene problema de drogas, anda en malos pasos y con gente pesada ¿quieres que Camila quede en medio de alguno de ellos y salga herida? Yo no puedo poner las manos en el fuego por él, pero si puedo decirte que las personas con las que se rodea son muy peligrosas, sin mencionar que la mujer con la que anda paseándose en estos momentos, es la mujer de un narcotraficante poderoso que anda buscándola por haberlo dejado. ¿Quieres que sea ella el daño colateral ue pueda costarle la vida?
—¡NO! —grita desesperado.
—Entonces no te queda nada más que ayudarme a separarlos.
No quería pensar en la posibilidad de que algo malo le pasara, y aunque no le gustaba la idea de aliarse con una persona como Daiana, no quería ni imaginar que por culpa de Nacho lastimaran a la mujer que amaba.
—Te voy a ayudar, pero no quiero que le hagas nada a ella. No quiero que la lastimes.
—No llores. Creeme que esto es por le bien de los dos.
Él guarda silencio y luego pregunta sobre “el plan” para separlos, por lo que decide contarle.
—Es sencillo. Debes ganarte la confianza de ella y para ello tienes que ponerla en peligro.
—Te dije que no quiero lastimarla —le recuerda.
—No, idiota. Todo será parte del show y ni siquiera se le va a pasar por la cabeza sospechar de ti.
—Cuida tu vocabulario —advierte y ella alza las cejas, luego pone los ojos en blanco y no le da importancia a su advertencia, más bien le cuenta con lujo de detalles su plan y de paso, lo que él va a tener que hacer.
Sabía que en algún momento se iría a arrepentirse de esta decisión.
. . .
Todo le daba vueltas, pero escuchaba ruidos extraños a su alrededor. No entendía por qué se sentía así si después de todo no era la primera vez que se drogaba.
Como puede se pone de pie y tras abrir sus ojos lo suficiente, se da cuenta de que está solo y aunque comienza a llamar a Nayla, esta no aparece.
Camina mientras toca su cabeza y la llama.
De momento a otro, decide seguir los ruidos que provenían desde dentro de la vegetación y cada vez que se acercaba un poco más, podía distinguir que los gritos no eran de otra persona de que la rubia.
Corrió desorientado hasta llegar a ver dos bultos en cuclillas. Es entonces que logra ver a Nayla que estaba siendo retenida por uno mientras el otro intentaba abusarla.
Sin pensarlo dos veces, empujó a uno y tomo del suelo una gran roca que dejó caer en la espalda del otro chico haciendo que quede inconsciente.
Él no sabía, pero las cosas nunca son lo que parecen.