—Se que te mueres por mi estrella y de eso no hay duda. —¿Y cómo sabes eso?. —Pues... alguien me lo dijo. —Ya basta!—me está confundiendo, el se echa a reír y vuelve a su asiento no sin antes dejar un beso húmedo en mi cuello. —Muy bien como tú digas... —¿Vas a pagar con tarjeta o efectivo?—le pregunto mientras tecleo mi ordenador. —Tarjeta, hermosa—el saca una tarjeta de su cartera y me la entrega. Haga el descuento, el coloca su clave y luego se la devuelvo. —Listo señor Henry, pase por su auto. —Muchas gracias cariño—me estrecha la mano y yo no le doy importancia—que mal educada eres solo soy uno más de tus clientes y me trata así, no es justo. —Lo siento mucho Henry es solo que tengo la mente un poco distraída. —Lo dices por tu novio, ¿verdad? —sus ojos determinan los míos,

