–Hola buenos días princesita–la ronca voz de Leo resuena en mi oído como una canción. –B-buenos días, bebé. –¿Cómo amaneciste cariño? –Muy bien. El se levanta del sofá, toma su bóxer, y se lo coloca. –Me alegro, por cierto en un par de minutos llega un pedido. –¿Pediste para comer? –Obvio, ven–me estrecha la mano–te mostraré algo–sujeto su mano, pero me detengo. –¿Qué pasa amor?–como que que pasa acaso es idiota o que, no ve que estoy desnuda. –Estoy desnuda. –Lo se–lo sabe y aún así me quiere llevar, está loco. –No, déjame ponerme algo–el ríe con malicia y me carga entre sus brazos, y me lleva para el baño. –¿Qué vamos hacer allí?, bájame ya leo–grito. –¿Entonces no confías en mí? Llegamos al baño y el me baja, luego se mete en el jacuzzi y me salpica agua en el cuerpo. –¡O

