Visiones.

1128 Palabras
La Reina Oscura María Antonieta Ahora me encontraba frente a estas figuras, era casi un sueño que después de todo intentara salvar a Neverest con el rey de los duendes, de los elfos (Killeshan), el hijo de quien era mi tesorero, el Conde de Belztat, Dorothea, quién ahora cumpliría un papel importante en el reino como mi mano derecha al igual que Eskel y el protector de las hadas. — Necesitamos quién proteja a las brujas su majestad — opinó el conde de Belztat. — Yo misma lo haré, así como a todos sus reinos — — Entonces brindemos por la Princesa Antonieta Stuardo, futura reina de Neverest, protectora de las brujas y soberana de todos los reinos — La emoción del brindis fue más corto que el nombre que había adquirido. Sus reinos estaban a mi disposición y lo que deseé lograr, fue hecho. — Haré de Smut un pueblo distinto y será nuestro — Todos volvieron a juntar sus copas y ésta vez sentí más afinidad. Dorothea después de un rato bastante pronunciado, decidió retirarse. — Me iré también — y la miré. Todos se levantaron al verme. — Quedan en su casa caballeros, tendrán noticias mías muy pronto, sigan disfrutando de la fiesta — acepté sus reverencias y me marché. Al pasar cerca de Eskel, lo atraje hacia mí. — ¿Todo perfecto? ¿El pueblo? — — Eso está perfecto princesa — — Qué no quede nadie aquí Eskel — éste asintió. Ya en mí habitación, Dorothea se despidió deseándome las buenas noches. No estaba segura de si dormiría o no, pero no lo había hecho de forma correcta desde la muerte de mi padre y ya era hora. "Por fin te he encontrado, princesa, no sabes cuanto tiempo he tenido que esperar esta vez para volver a verte. Ahora serás mía de nuevo. Nadie podrá separarnos jamás, esta vez no.... esta vez no..." Desperté sobresaltada, los ojos que había visto en mi visión se parecían mucho a estos pero esa voz no era nada descifrable. Después de minutos volví a dormir o por lo menos eso creí, un sentir no me permitía estar tranquila. Desperté tantas veces que perdí la cuenta. De repente, veía sombras pasar por todo la habitación, tan rápido como pude me puse de pies. Con el bastón en la mano, con el pulso acelerado y un sudor frío que me recorría la espalda de principio a fin miraba como la oscuridad esas sombras se movían. Creí que podría tratarse de Smuters pero mí sentir era diferente. Eran duendes. Los duendes son únicos cuando de magia blanca se trata. Es cuando cae la noche y nos encontramos con nosotros mismos, en esos momentos de recuerdo y análisis, es entonces, cuando sumergidos en la cálida soledad de nuestro hogar, solitario o acompañado, los fantasmas ocultos durante el día hacen acto de presencia amenazando ahogarnos en nuestra propia negatividad. Una piedra en el estomago y un nudo en la garganta son los efectos del suplicio a que nos somete la llegada de los fantasmas. Pero afortunadamente, en ese ambiente de oscura noche, cuando la angustia amenaza con ahogarnos, muchas veces aparecen los duendes de nuestra creatividad y en desigual lucha con los fantasmas consiguen que volvamos a respirar con normalidad vital e, incluso a veces, con acelerada pasión. Los duendes nos obligan a oponer un pensamiento positivo a otro negativo. Es así como olvidamos la racionabilidad del análisis y entramos en el terreno de los sueños y aunque los sueños, sueños sean, siempre nos llevan a un nivel emocional superior de bienestar. Y si, desafortunadamente, alguna noche no acuden en nuestra ayuda los perezosos duendes, siempre nos queda esperar que pasen rápido las horas de oscuridad y que brillen al alba los primeros rayos del sol, medicina eficaz como ninguna contra los efectos de los fantasmas de la noche y que nos devuelven a la aceptación de la realidad de vivir con la conciencia de nuestra imperfección. Intuía que el rey decidió enviar unos para que ellos se llevaran mis preocupaciones y trajeran un sueño reparador. Sonreí y salí al balcón. Miré como se marchaban en sus carruajes desapareciendo con un truco sin precedentes. El único que no tenía poder y don algún era el conde de Belztat. Me percaté que subió la miraba y nos encontramos mirándonos. Era un joven atractivo pero sin gracia alguna. Sus batallas eran mejores que la de muchos guerreros pero solo quería el compromiso de estar para Neverest cuando yo lo solicitara no envolverme en relación furtivas con condes o plebeyos. Dormí como tanto lo necesitaba pero en mi había algo más. Experimentar estos poderes me llevaban loca con el auto descubrimiento. Dorothea tocó la puerta. Su olor me llegaba del otro extremo, era increíble como cada día me sentía más fuerte. — Princesa, hay noticias — ella y Eskel entraban apresurados. — ¿Se trata de mi tío? — — Un poco — respondió Dorothea ladeando la cabeza de un lado a otro. — Entonces quiero vestirme con tranquilidad y desayunar. Los veo en el comedor real — — Princesa, pero... — — Ya he hablado — dije muy seria mirándolos a ambos. Se retiraron sin decir palabra. Con mucha calma continué lo que hacía. Un baño me sirvió para estar más despierta y poder recibir esas noticias. El poder me daba mucha seguridad, tanto que me importaba más tomarme mi tiempo que saber lo que Dorothea y Eskel tenía para decirme. Después de estar lista salí, el bastón se movió y me siguió hasta enredarse en mis manos. Eskel tenía preocupación en su rostro. — Estoy acá — tomé asiento mientras Anna, una de las 3 jóvenes que preparaban el desayuno para mí, acercaba mi desayuno. — Gracias Anna, déjanos solos — ordené. — Un hechicero. Hay un rumor muy grande con respecto a un hechicero que será principal combatiente del reino de Smut — — ¿De dónde salió ese hechicero?— pregunté. — Estamos buscando esa información su majestad — — Perfecto. La bruja me indicó que vendrían cambios, este puede ser uno de ellos — y los miré. — Que nadie más sepa de esto y al encontrar información de ese hechicero, venir de inmediato — — Así será — y se retiró solo Eskel. — Quiero que vayas a ver qué es lo que ocurre con ese hechicero pero no muy cerca, puede descubrirte — Dorothea asintió mientras quedé pensativa con esa información. ¿Un hechicero? No sabía que existían. Mi padre me contó historias pero no sé si sean del todo ciertas. El reino se preparaba para más cosas entre ellas lo incierto y de nuevo esa voz interrumpía mis pensamientos. “No puedo sacarte de mi memoria”
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