Consolidación de poder.

1176 Palabras
La reina Oscura. Antonieta Stuardo. Me encontraba en uno de esos momentos donde la habitación me parecía fuera de lo normal y todo a mi alrededor era de poca importancia para mí, lo que deseaba era verla, ver a la bruja que donó estos poderes y me hizo acreedora de ellos. Deseaba conocerla, saber de ella por fin. Siempre mantuvo una curiosidad muy fuerte de la que no pude escapar, una que nunca pude permitirme conocer, pero ya las cosas habían cambiado, el tiempo ha pasado y estaba a horas de saber que había en esa mujer que no permitía estar tranquila, eso sentir que creí compartir con ella. Descubrí que tenía poder, un poder que todavía hoy me asusta. Un poder que temen incluso los aldeanos, que puede destruirlos y que no estoy segura de poder controlar. Descubrí que el amor puede trascender el tiempo y la r**a, y que puede ser bello y perfecto, que merece la pena luchar por él, pero que también es frágil y doloroso, y que a veces es preciso un sacrificio. Mi padre dejó ante mí un reino que veo cómo el más fuerte de los sacrificios pero por su amor, por nuestro pueblo haría lo que él. He podido sentir que enfrentarte sola al mundo y que no hay respuestas fáciles. Que tienes que saber cuándo aferrarte y cuándo darte por vencida. Y que aunque no salga como quieres, tal vez descubras algo en otra que te ha acompañado desde el principio. Yo pensaba que todo había terminado pero se avecinaba una tormenta que pondría a prueba decisiones como nunca antes. Y esta vez no habría vuelta atrás. — Debe descansar — decía Dorothea. — Lo haré. Es solo que ... estoy ansiosa — — ¿Por la bruja? Su padre también adoptaba esa sensación — Sabía que mi padre se ponía ansioso cuando se trataba de la bruja y aunque yo sentía lo mismo ahora, deseo que llegue el momento en que esté frente a mí. — Deseo hablar con las hadas, los duendes, todo el pueblo de Neverest que ya no está — dije cambiando el tema. — Ellos volverán cuando destruyamos a su tío — — ¿Te aseguraste de que recibieran mi mensaje? — — Así es princesa Antonieta — Asentí y toqué el hombro de Dorothea en sinónimo de despedida. Fui a mi habitación mirando los alrededores, viendo a mi ejército agotado, mirando como los sirvientes domésticos preparaban el reino. La reunión con la corte del reino de esta noche, será la ejecución a la disolución de Smut con Neverest para siempre y la proclamación de una guerra que va a ser el inicio de la sangre jamás vista en nuestro pueblo. Neverest después de aquella destrucción por parte de Smut, estaba desorientado pero he enviado sustento y armas para que con fuerza peleen y defiendan su nación, por mi parte la defenderé como solo yo sé hacerlo. — Princesa — era Eskel ésta vez haciendo una reverencia y entrando a la habitación donde me encontraba. — Malas noticias, la bruja la espera a las afueras de todo Neverest — me levanté de inmediato. — No es seguro, no sabemos si es una trampa de Henry Princesa — lo miré, tenía razón. — Envía a Dorothea ahora mismo — y salió en su búsqueda. Estiré mi mano atrayendo mi bastón. Éste brilló con un luz radiante y mi cabello oscuro se reflejó en el cristal. Por el ventanal miré y Dorothea con un ritmo casi violento venía por los aires al mismo tiempo que entraba Eskel. — Es ella y la está esperando — asentí y sin soltar mi bastón comencé a andar. — El carruaje la espera, irá con dos guardias — — Todo el reino está protegido, nada saldrá mal, envía a Dorothea si sucede algo — ambos asintieron y subí al carruaje. Los diecisiete años que tenía, los escondía perfectamente bien tras este rostro de dureza para simplemente no llorar de terror. Al llegar a las afueras de Neverest y bajar, miré un portal por donde debía cruzar, dónde me encontraría con ella. Miré a todos lados sin saber que hacer. — Por acá princesa — Pude ver cómo la imagen detrás del portal llamaba mi atención. La bruja. — No se muevan de acá — dije a mis guardias y atravesé el portal. Lo que miraba era simplemente increíble. Magia totalmente, un espacio paralelo dónde no existía perfección en los rostros que lo habitaban pero la naturaleza era incomparable. — Bienvenida su majestad — pronunciaba con un velo en su rostro que no me permitía mirarla. — Acompañeme por favor — La seguí sin despegar mi vista de todo aquello que a mí alrededor veía. Magia blanca pura y completa. Hadas, eunucos dóciles, bestias domesticadas, duendes, elfos en su gran mayoría y brujas. Caminé por un pasillo extenso, un castillo con una decoración especial que nunca me fue descrito por grandes conocedores después de mis estudios. — Siéntate — dijo mientras ella hacía lo mismo. — Lindo bastón de hecho — miré el mismo sintiéndome orgullosa por lo que había hecho. — ¿Tu insistencia se debe a la muerte de tu padre, a los poderes que descubriste tener o a tu tío? — — Quiero saber la unión que siento hacia usted — — Eso debiste preguntárselo a tu padre antes de morir. No tengo permitido ahora hablar de ello Antonieta, lo que puedes saber es que tus poderes te los he otorgado en un pacto que hice con tu padre y serás la soberana de todo Neverest incluyendo el reino de los elfos, Killeshan — Mi nombre pronunciado por ella fue realmente extraño, pero lo mas difícil fue escuchar todo eso. Un solo Reino era un compromiso mortal, otro era casi demencial. — Quiero sacar todo este poder que llevo oculto, necesito aprender a soltarlo por completo — — Eso no es difícil Antonieta, lo complicado es tener seguridad. Si crees que con un hechizo yo haré eso, estás en el lugar incorrecto — Me levanté con mucha decepción de haber perdido mi tiempo. — No lo has perdido — al escucharla decir eso, supe que mis pensamientos estaban en peligro. — ¡Ven conmigo!— y caminé a su lado. — Todo lo que se respira es magia pura en este lugar — — La magia blanca es buena, no engaña, pero tú estás aquí — — ¿Estás ofendiéndome? — y paró para verme. — Estoy siendo honesta — — No deberías cargarme juicios cuando no sabes en lo que tú te convertirás — no supe cómo reaccionar a esto así que enmudecí. — Lleva tu mano al cielo — ordenó. — Respira hondo, imagina como tener el cielo en tus manos y suelta — Comencé con lo que ella decía y ondas de calor comenzaron a envolvernos. Viento insoportable, caliente y poderoso. Sonreí mientras las brujas hacían lo mismo pero fuego. Sentí que estaba en el lugar correcto para soltar todo esto que guardaba.
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