Era treinta y uno de Octubre, el tan famoso día de dulce o truco, la noche de todos los santos o, simplemente conocida, como el día de las brujas. En la ciudad ninguna tienda, edificio o parque estaba libre de decoraciones; los niños de diversas disfrazados de duendes, brujas, superhéroes, fantasmas, entre otros. Ninguna casa o edificio se salvaba de los niños, quienes tocaban cada puerta para obtener sus preciados dulces. En un apartamento los quejidos y chillidos de una chica se podían escuchar hasta el pasillo. Cualquiera que pasase por allí creería que se tratara de un espíritu, pero no es así. – ¡Ay! Con más cuidado, María Luisa –se quejó Ana Marie, por enésima vez, su amiga rodo los ojos y Daniela estaba sentada viendo todo, entretenida. –Pues deja de moverte y aguanta un poco más

