Capítulo 29

2270 Palabras
Era un día tranquilo como cualquier otro, los chicos universitarios iban a clases con normalidad. Algunos tenían rostros cansados, ojerosos, de seguro por haberse desvelado estudiando o en alguna que otra fiesta. Entre el tumulto de alumnos destaca una chica que caminaba rápidamente a la oficina del coordinador, choco con varios alumnos ganándose algunas malas miradas, disculpas e insultos que ella respondía sin perder ni un segundo. Al llegar a la oficina de la coordinadora. Apenas entró, saludo a la secretaria Linda quien la saludo con una sonrisa amable, Daniela le pregunto si la coordinara Sandra estaba disponible a lo que Linda asintió con una sonrisa. –Le avisare que llegaste –se levantó de su silla y entro a la oficina, Daniela tomo asiento, pero no duro mucho ya que Linda regreso rápidamente –. Te está esperando, Daniela. Al entrar a la oficina vio la decoración minuciosamente ordenada de la coordinadora Sandra Baralt. La coordinadora es conocida por ser seria y autoritaria, pero comprensiva y cordial. No es sorpresa de que a Ana Marie le agradase la mujer. Sandra miro por encima de sus gafas de montura gruesa a Daniela, quien tragó saliva ante la penetrante mirada de la mujer, sentía que sus ojos grises miraban su alma. La mujer mayor miro expectante a Daniela, chasqueo la lengua ante la falta de acción por parte de la contraria. –No tengo todo el día, Daniela –mascullo con la mirada aun puesta en ella, noto como la susodicha reaccionaba y saco un papel de su bolso, enarco la ceja –. ¿Qué es eso? –Un justificativo médico –respondió tendiéndoselo –. Es de Ana Marie, está enferma y no podrá asistir a la universidad hasta la otra semana. La mujer mayor frunció el ceño, Ana Marie casi nunca faltaba, y si lo hacía era por una buena razón. Aunque si faltara un día esto no se notaría; pues la chica siempre se pone al día con sus clases como si nunca hubiese faltado, una alumna responsable y excepcional a su parecer. Al tomar la justificación, la leyó con ojo crítico. –Vera que todo está en orden –Daniela agrego –. Ana Marie me dijo que le entregase esto para que se lo notifiques a sus profesores, y… –Se lo que tengo que hacer, Daniela, no necesito instrucciones –interrumpió, hizo un ademan de manos –. Puedes retirarte, que tengas un buen día. Daniela apretó los labios. –Igual, coordinadora Sandra –dijo antes de girarse y retirarse. Se despidió de Linda y se fue a su siguiente clase. Iba tan distraída que había terminado chocando con alguien, se sobo el hombro afectado y quiso recriminarle a la persona, pero se quedó quieta al ver a Edward. El susodicho ahora solo tenía tonos verdes en su rostro y uno que otro tono morado, se veía mejor que antes, al menos eso pensó Daniela. –Te ves falta –Daniela dijo a modo de saludo. Edward rodo los ojos. –He estado peor –comento revolviéndose su cabello oscuro –. ¿Has visto a Ana Marie? La he estado buscando pero no la encuentro por ninguna parte. –Ana Marie está enferma, no asistirá por lo que quede de semana –respondió. Edward bufo. –Es jueves –recalco –, solo faltara dos días. –Sí, pero para Ana Marie es como perder una semana. Daniela miro como Lisa aminaba por el pasillo y pasaba junto a ellos, pero noto como ignoro a Edward, su actual novio. Por lo que miro confundida al contrario buscando alguna respuesta. También noto como su cuerpo se tensó. –Oye, sé que no es asunto mío ni nada pero; no te he visto más con Lisa. ¿Todo bien entre ustedes? –preguntó lo más suavemente posible, quería saber, pero no espantarlo. Por lo que agrego: –Sino quieres está bien, lo entiendo. Edward sonrió un poco. –No te preocupes, Daniela –sonaba cabizbajo –. Solo… solo no es quien yo creí que era. No fue mucho. Pero para Daniela fue suficiente para intuir lo que había pasado, Edward y Lisa solo llevaban dos semanas de relación; y al parecer no terminaron en buenos términos. Quiso preguntar si la pelea en la que se involucro fue por su rompimiento, pero eso sería pasarse de la raya, le daría su espacio y quizá pronto dirá lo que paso en su “mal día” como lo había bautizado. Sabía lo que era estar en una romance apasionado, pero breve, por lo que intuyo que Edward solo necesitaba tiempo. –Tengo una duda –hizo saber Edward, llamando la atención de Daniela. La chica miro al contrario confundida. – ¿Cuál? – ¿Quién esta cuidado a Ana Marie? No la dejaste sola, ¿verdad? Daniela sonrió maliciosamente. –Oh, no te preocupes mi amigo –palmeo su hombro –. La deje en muy buenas manos. –Siento que debo preocuparme. –Pues no lo hagas, ¿me verías así de calmada si la hubiera dejado a manos de un psicópata? –Si –respondió sin titubeo alguno –, sin duda alguna. Daniela lo miro mal. –Qué buena fe tienes de mí –mascullo sarcásticamente –. Pero no te preocupes, apuesto a que ya está mejor. ……………………………………………… – ¡Achu! ¡Achu! ¡Achu! –Ana Marie limpio su nariz con un pañuelo, no debía ser una adivina para saber que estaba roja –. Odio estar enferma. –Eso te pasa por ir a clases bajo la lluvia –Álvaro recalco, colocando la caja de pañuelos en la mesita de Marie, la susodicha lo fulmino con la mirada. –Eres el peor enfermero –replico irritada, sabía que tenía razón. Odiaba enfermarse y perder clases. Daniela y ella caminaron hacia la universidad como siempre pese a que la mañana estaba nublada, cuando ya iban a mitad de camino una lluvia torrencial las sorprendió, por suerte; Ana Marie llevaba su paraguas pequeño en el bolso, pero no las cubrió lo suficiente. En conclusión. Llegaron empapadas y resfriadas, pero Daniela a diferencia de Ana Marie no cayó enferma para su desgracia, ya que la chica le gustaría ver a Axel (su novio) en modo enfermero. Fueron a una clínica cercana y le dio a Ana su justificativo médico, por suerte solo faltaría dos días a clases, pero la chica no quería faltar y gracias a Álvaro y el medico la convencieron de descansar. Ana Marie tampoco quería que Álvaro la cuidase. No quería contagiarlo o hacerlo perder clases por su culpa, pese a que Álvaro alego que no había ningún problema. –Por el contrario, soy el mejor enfermero –replico autosuficiente, se acercó y toco la frente de la chica para comprobar su temperatura, frunció el ceño –. Sigues normal. –Lo sé, porque me comprobaste hace cinco minutos –le dio una manotazo a su mano, Álvaro la aparto rápidamente –. ¿Cuántas veces debo decirte que estoy bien? Solo tengo la nariz mocosa y la voz patosa, nada fuera de lo común. –No solo eso, también te dolía la garganta esta mañana –le recordó haciendo que la chica rodase los ojos –. ¿Recuerdas cuando me enferme? Me hiciste una sopa especial, aunque no sabías cocinar muy en ese entonces, ¿de qué era? Tal vez pueda cocinártela para que te sientas mejor. Que tierno. –Era sopa de pollo –sorbió su nariz, hizo una mueca –, la tragaste con cara de sufrimiento –recordó con una leve risa –. Dime, ¿tan mala era? –No, no, para nada –negó con ironía –. Tu intención fue buena. Ana Marie estornudo. Su cabeza palpitaba un poco, tenía frio, la nariz tapada y no tenía cabeza para nada. Lo único que quiere ahora es seguir con su rutina, ir a la universidad, luego a casa, escribir un capitulo o ir a la cafería, o bailar tango con Álvaro. ¿Era eso tan difícil? Pues por este día al parecer lo era. Álvaro evito que tomara otra frazada, advirtiéndole que con una era suficiente. –Pero tengo frío –se quejó en un mohín –, mucho frío Álvaro. –Solo una frazada, Marie –indico serio, no iba a caer en su adorable puchero, se levantó para salir de la habitación –. Te hare sopa de pollo –comunico, y la apunto –. No te arropes más, no me tardo. También te hare un té que ayudara a tu garganta. – ¿Sabes cocinar? –inquirió. Álvaro sonrió con superioridad. –Más que tu si, diablilla. Quiso replicar, pero Álvaro ya había salido de la habitación. Miro alrededor. Sus ventiladores estaban apagados al igual que el aire acondicionado, pero aun así tenia frío. Esperaba que Daniela le haya dado su justificativo a Sandra, aunque de seguro ya lo habrá echo. Sonrió al recordad la reacción de su amiga ante la dedicatoria del capítulo final de la novela, su reacción fue de sorpresa y se abalanzo a preguntar sobre cuánto tiempo llevaba escribiendo. –“Seguí tu consejo, Daniela, y muchas gracias por eso” –le dijo a su amiga realmente agradecida. Sonrió. Daniela es una gran amiga y lo demuestra cada día. A pesar de sus locuras, imprudencia y un mil de defectos más, sabe que, a pesar de todo; es la persona en la que más puede confiar. Porque sabía que Daniela siempre le dirá lo que necesita. Estornudo de nuevo. Gruño. –Odio estar enferma –murmuró para sí misma. Al cabo de unos minutos. La puerta de se abre, revelando a Álvaro con una charola con un gran tazón de sopa humeante. –Voy pasando, voy pasando –anuncio, y coloco con cuidado la charola en la mesita de noche, inhala el olor de la sopa como si fuera un chef profesional –. ¿No hueles esta obra maestra? Ya verás que te sentirás mejor y de paso quedaras encantada con mi creación. –Mi nariz esta tapada y solo es sopa –comento, Álvaro hizo un mohín. –Te gusta matar el momento, ¿no? –Para que lo preguntas si ya sabes la respuesta. Removió la sopa con la cuchara, saco un poco y la soplo antes de llevarle la cuchara a la boca. – ¿Qué haces? –le pregunto confundida. – ¿No es obvio? Estoy atendiendo a mi paciente –dijo sonriente –. Ahora, abre la boca. –No soy una niña, Álvaro –replicó ligeramente avergonzada por sus atenciones. –Oye, déjame consentirte, Marie. Te mereces esto y mucho más. Además, tú hiciste lo mismo conmigo y… no creas que lo hago como un pago de un favor, no –explico algo nervioso –. Lo que quiero decir es… que quiero cuidarte. Déjame cuidarte y consentirte, Marie. La sonrió enternecida ante sus palabras. Álvaro es un chico maravilloso, no es perfecto y, pese a lo que creía en un principio; antes creía que el chico perfecto existía como en los libros, pero la vida se encargó de demostrarle que no es así. Pero para Ana Marie Buenaventura consideraba que Álvaro era su chico perfecto. La chica solo atino asentir, no tenía palabras. Álvaro sonrió y miro a Marie como si fuera la joya más preciosa. –Ahora abre la boca –indico, la chica tomo la primera cucharada, cerró los ojos ante el delicioso sabor, el ego del joven creció –. ¿Lo ves? Soy un gran cocinero. –No te creas –replicó –, cualquiera es mejor cocinero que yo. El joven sonrió y siguió alimentado a su “casi novia”. El plato estaba a punto de terminarse, Álvaro fijo sus ojos azules a los labios de la chica quiso apartarlos, pero no pudo, ver como se relamía los labios le hizo darse cuenta de lo mucho que anhelaba besarla. – ¿Quieres ser mi novia? –soltó sin pensarlo, Ana Marie se congelo y el también, un sonrojo furioso los ataco a ambos –. Digo…. Olvídalo, yo… –Si –susurro. El chico parpadeo. ¿Sus oídos tenían un problema? o ¿acaso ella dijo...? – ¿Qué dijiste? –pregunto con los nervios de punta, mientras miraba el chocolate en sus ojos –. Marie, ¿qué dijiste? –Dije que si –repitió en un hilo de voz, emocionada. Ana Marie vio como el océano de sus ojos brillaban, feliz. Adoraba ver ese brillo en su mirada. –Esta es la parte en la que te beso –expreso con una sonrisa ladina. Ana Marie negó. –Estoy enferma –repuso –, pero puedes besarme la mejilla. Se inclinó y en vez de besarle la mejilla, beso la comisura de sus labios. –Te quiero –dijo. –Yo también. Álvaro la miro dulcemente. –Voy a preparar tú te –anuncio dulcemente –. ¿Lo quieres con miel o azúcar? –Con miel –respondió –, ayudara más a mi garganta. Alvaro asintió y salio. Un chillido emocionado abandono los labios de Ana Marie. Mientras que al otro lado de la puerta, Álvaro alzaba el puño en el viento y miro el techo agradecido. – ¡Gracias, Dios! Me concediste un milagro –murmuro mientras se dirigía a la cocina. Un inicio extraño para una relación, normalmente es una petición en un restaurante con serenata. Pero igual es un inicio adorable.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR