Capítulo 37

1706 Palabras

Al llegar a Santo Domingo, el cielo estaba nublando complementando así su estado emocional. No había dormido nada durante el viaje, no solo por su tristeza sino porque una señora entre los cuarenta algo parlanchina se enfrasco en una conversación con ella, y la pobre Ana Marie no pudo ignorarla, su educación y moral no se lo permitían. Al bajar del bus lo primero que vio fue a su novio, pero al ver sus ojos rojizos y rostro decaído, la sonrisa de su novio se desvaneció como la brisa de verano. Este se acercó apresuradamente a ella acunado su rostro con ambas manos, preocupado. No dijo nada, intuyo que lo que menos quería Ana Marie era hablar, aprendió que debía ser paciente con ella; que aún le costaba abrirse y no la presionaría, más bien esperaría hasta que ella esté lista para hablar.

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