Su mirada miel estaba entrecerrada en un gesto de concentración. Su mano se movía con toda la delicadeza posible, no quería estropear su pequeño lienzo. Sintió como una gota de sudor descendía por su frente pero, con todo y eso, no aparto su mirada en ningún momento. Ya casi terminaba. Le dio un último toque, luego se alejó suspirando con alivio. Le había quedado hermoso. –Listo, Leticia. Tus uñas están listas –anuncio Ana Lucia con una sonrisa satisfecha. La mujer examino sus uñas con ojo crítico luego, asintió complacida con el resultado. –Quedaron divinas, Ana. Tienes talento –felicito la mujer, los colores rojos con tonos blancos y dorados en sus uñas darían mucho de qué hablar en la fiesta navideña –. Espero que estés disponible el veintitrés para un retoque, nunca se sabe. –Bueno

