En el momento en que ambas amigas llegaron a la plaza. La melancolía empezó a atacar a Ana Lucía, quien miraba encantada las luces y las decoraciones de la plaza. ¡Hasta los arbustos tenían luces!, las personas iban y venían desde adultos mayores, jóvenes, adolescentes y familias con sus niños. Al parecer todo el pueblo de Villa Olive estaba reunido para la celebración. Una parte de ella se había planteado en volver al apartamento, sentarse en el sofá y come un pote de helado, pero gracias a las palabras de Sisi y Priscila decidió que no debía dejar que la tristeza la consumiese; sino que abrazara su nueva libertad y la disfrutase. Además, quien perdió fue Ryan no ella.
La música pronto empezó a endulzar su oído, su cuerpo pedía moverse al compás de la misma y una sonrisa feliz se dibujó en la comisura de sus labios después de mucho tiempo. Le encantaba los eventos de bandera blanca. En Sierra Cayena, dicho evento se celebraba cada semana ya sea en un parque, plaza o en la esquina de una casa; siempre acudía a todas las que podía y bailaba hasta que sus pies no pudiesen más.
Por lo que le había tomado por sorpresa que en Villa Olive también celebrasen casi de la misma forma.
Sisi la miro y sonrió feliz de que la salida la estaba animando. Su sonrisa era prueba de ello, su amiga casi no sonreía con alegría, solo melancólicas, irónicas y sarcásticas. Por lo que se palmeo el hombro internamente por tan buena idea.
– ¿Impresionada? ¿Pero qué digo? por supuesto, que estas impresionada –presumió, para luego barrer todo el lugar con la mirada –. Vamos, debemos buscar a mis amigos.
Sisi empezó a jalar a Ana Lucia para que la siguiera.
– ¿Es un grupo grande o pequeño? –preguntó.
–Es pequeño, pero muy escandalosos –respondió Sisi con el ceño fruncido –. ¿No te molesta lo escandaloso, verdad?
–Creí que poner todo el volumen de la radio y limpiar cantando a todo pulmón, con la voz más chillona que hayas escuchando en toda tu condenada vida, ¿me veo como una persona que no le gusta el escándalo? –hizo un gesto incrédulo –. Puf, creí que nos estábamos conociendo amiga. Sin escándalo la vida sería aburrida.
–Es bueno saberlo. Porque ya los veo –apuntó a un grupo de dos chicos y tres chicas.
Ambas amigas se fueron acercando y uno de los chicos las visualizo, una sonrisa ladina se dibujó en su labio perforado. Le hizo saber al resto la llegada de Sisi y su nueva amiga.
–Hola, chicos –saludó Sisi dando un beso al aire, antes de señalar a Ana Lucia –. Chicos, ella es Ana Lucia. Ana Lucia, chicos.
La chica saludo con un gesto de mano, sonriente.
–Qué forma tan especifica de presentarnos –se burla el chico con el labio perforado.
–Bien pueden presentarse ustedes mismo –replicó Sisi encogiéndose de hombros.
Ambos empezaron a intercambiar burlas y comentarios. Ana Lucia miraba el intercambio divertida, hasta que una de las chicas se acercó a ella.
–Ignóralos, suelen ser así todo el tiempo –mascullo una chica de cabello n***o y ojos azules –. Soy Emilia, por cierto. Y ellas son las mellizas Little.
Las chicas atrás de Emilia la saludaron, pero el otro chico se quedó atrás como si no fuera parte del grupo. Ana Lucia lo miro sin disimulo alguno, el chico es alto, castaño, vestido de tonalidades gris y n***o; no pudo identificar el color de sus ojos porque miraba todo menos a sus amigos.
Emilia al notar en donde se dirigía su mirada. Divertida, le toco el hombro llamando su atención.
–Veo que te gusto la vista –bromeó ella –. No te culpo, Hunter puede ser muy atractivo. Pero es muy callado, si logras que hable más de dos palabras abras hecho un milagro.
– ¿Por qué es tan callado? –quiso saber.
–Siempre fue así –contestó una de las mellizas.
–Pero no te preocupes, es una buena persona pese a su silencio –completó la otra melliza.
–Puf, mejor vamos a bailar –dice Emilia impaciente –. Sisi nos ha dicho que eres de Sierra Cayena y que eres buena bailando, ¿es cierto?
–No quisiera presumir, pero si soy bastante buena.
Las chicas asintieron sonrientes.
–Pues no se diga más. ¡Bailemos! –exclamaron las mellizas al unísono.
Fue arrastrada por las chicas hacia la pista de baile, y por el rabillo del ojo noto que Hunter la miraba. Sus ojos. El color de los ojos de Hunter la dejó impresionada, uno era verdad y el otro gris.
Ya en la pista dejo que la muisca la envolviese y su cuerpo empezó a moverse al son. Sus caderas se movían de forma sensual, atrayendo las miras tanto lujuriosas como envidiosas. Estaba disfrutando del baile con sus nuevas amigas. Pronto descubrió a Sisi bailando muy coquetamente con Luka (el chico del labio perforado), sonrió ante el romance que se estaba naciendo entre ellos. Las mellizas bailaban con un chico, Emilia por otro lado bailaba con ella porque le había explicado que recién había salido de una relación y necesitaba tiempo. Todo iba bien, hasta que lo vio.
Ryan estaba allí, a unos cuantos metros de distancia. Iban vestido con su mejor camisa, su cabello estaba revuelto de forma intencional y sonreía coquetamente con una chica rubia, quien le devolvía la sonrisa y le susurraba con complicidad. Al verlo sintió un fuerte golpe en el estómago, le costaba respirar y su corazón se encogió ante tal escena. Por lo visto su ex la ha superado rápidamente. Las lágrimas empezaron a asomarse por sus ojos, no quería seguir viéndolos, pero al parecer es una masoquista, porque siguió viendo como coqueteaban y susurraban. Ryan la noto por el rabillo del ojo, se sorprendió un poco pero compuso su gesto, para luego seguir con su conquista.
No lo soporto más. Salió corriendo de la pista, lagrimas calientes caían por sus mejillas, pero no importaba, ya nada lo hacía. Creyó que lo estaba superando que su corazón ya empezaba a olvidarlo, pero no fue así, al menos aun no; su corazón aun lo ama y lo añora pero sabe que no puede volver con él. Se detuvo en una parte solitaria de la plaza. No estaba muy lejos, pero la música se oía casi como un zumbido. Tomo asiento en una banca, subió sus piernas y oculto su rostro en sus rodillas y empezó a llorar.
……………………….
No sabía cuánto tiempo había estado llorando, pero no le importaba. Su amiga de seguro estaba muy ocupada como para notar su ausencia. Quería irse, pero tampoco quería arruinarle la noche por lo que se iría y le enviaría un mensaje avisándole que estaba en casa. Un crujido de un ramo hizo que levantara la cabeza, alerta. Sus ojos mieles se encontraron con los dispares de Hunter.
El chico alzo ambas manos en son de paz y le pregunto silenciosamente si podía sentarse con ella. Ana Lucia quería esconder su cara entre sus piernas, de seguro tenía los ojos rojos y su maquillaje se había corrido. No quería que la viera así. Pero Hunter no espero a que le contestara o le diera alguna otra señal, por lo que tomo asiento junto a ella.
– ¿Qué haces aquí? –preguntó a la defensiva –. Quiero estar sola.
Hunter pasó su lengua por sus labios antes de contestar:
–Te fuiste corriendo como si hubieras visto al mismísimo espanto. ¿Todo bien?
–Sí, todo perfecto. Mi exnovio me olvido más rápido que Taylor Swift a sus exparejas, y no solo eso, sino que hoy cuando decido divertirme me lo encuentro coqueteando con una rubia oxigenada. Así que si, todo está bien y perfecto en el mundo –resopló irónica mientras sonríe lo más falsamente posible. Hunter alzo la ceja en su dirección.
–Pues me alegro –imitó su tono –. Dime, ¿planeas quedarte aquí chillando o ya te vas a casa?
Ana Lucia lo miro insultada.
–Eso no es asunto tuyo, grosero.
Hunter rodo los ojos, mientras buscaba algo en el bolsillo de su chaqueta. Al encontrarlo se lo tendió a Ana Lucia.
–Ten –le ofreció, pero la chica lo miro con hostilidad, suspiró –. Es para que te seques las lágrimas y te quites el maquillaje corrido.
Ana Lucia se lo arrebato de la mano.
–Gracias –espetó de mala gana.
–Siempre a tu orden –contesto sarcástico.
Ambos se quedaron en silencio, Ana Lucia se limpió los restos de las lágrimas y se quitó el maquillaje corrido. Hunter solo se quedó en silencio contemplando las luces a lo lejos.
–Soy Ana Lucia –se presentó en un hilo de voz.
Hunter no la miro, siguió viendo las luces.
–Lo sé.
Ana frunció el ceño.
– ¿Cómo lo sabes?
–Sisi te presento, ¿acaso lo olvidaste? –vio por el rabillo del ojo como la chica se sonrojo –. Será mejor que regreses antes de que se preocupe y obligue a los demás a buscarte.
Se removió incomoda y bajo las piernas, estirándolas.
–Ya me iba.
– ¿Sin avisarle a Sisi? –esta vez volteo a mirarla.
– ¡Por supuesto que no! Iba a enviarle un mensaje –explicó en un chillido.
Hunter volvió a humedecerse los labios.
–Es una lástima, quería ver la batalla de baile –chasqueó la lengua –. Será para la próxima.
Se levantó de la banca y le indico a Ana Lucia que hiciera lo mismo.
La chica lo miro confundida.
– ¿Qué estás haciendo?
–Pues llevarte a casa, ¿no es obvio? Mi auto está ahí mismo, ¿lo ves? Te llevo y así me evitare la angustia de saber si llegaste con bien o no.
– ¿Cómo sé que no eres un psicópata asesino serial?
Hunter alzo una de sus comisuras para dedicarle una sonrisa torcida.
–El pañuelo que te di bien pudo tener cloroformo, haciéndote dormir y luego te llevaría a mi sótano para tortúrate y luego asesinarte. Pero no lo hice, así que solo debes suponer que soy un caballero que quiere que una dama llegue con bien a su hogar –replicó con gracia viendo como la chica seguía con su ceño fruncido –. Quita ese ceño, envejecerás más rápido y apuesto que no quieres eso.
Ana Lucia gruño, pero no quería caminar, así que se arriesgó ante un posible lunático.
–Mira, se carate y puedo hacerte perder el control del auto, así que no me tienes –Advirtió señalándolo, Hunter alzo las manos inocentemente.
–No quisiera matar a mi bebe tan rápido –Hizo un intento de reverencia –. Después de usted, señorita Ana Lucia.
………………………………
El trayecto fue silencioso y rápido. Llegaron al compelo de apartamentos y Ana Lucia bajo del auto rápidamente, no sin antes inclinarse en la ventana del copiloto.
–Bueno –comenzó nerviosa –, muchas gracias por traerme.
–No hay de que –respondió.
Ana Lucia recordó el pañuelo, lo busco en su bolsillo y se lo tendió.
–Gracias, pero creo que ya no lo necesitare.
–Puede que ya no –coincidió –, pero quédatelo. Puede que algún día lo necesites más que yo, como esta noche por ejemplo.
– ¿Crees que me la paso llorando por mi ex? –cuestiono con el ceño fruncido.
Hunter sonrió ante su gesto enojando.
–No, claro que no –respondió –. Pero, puede que lo necesites cuando leas un libro con final triste o una serie, hasta una película o algún documental. Considéralo un regalo de mi parte.
–Ok –lo miro extrañada –. Buenas noches, Hunter, y muchas gracias.
Entro al edificio y oyó como el auto arrancaba.
Quizá no fue una mala noche, pensó mientras entraba al elevador.