Ana Marie estaba sentada con su hermana y primas en el jardín delantero de la casa Buenaventura. Las chicas estaban sentadas en una de las mesitas que había hecho el abuelo de la familia hace tiempo atrás; en la mesa había pasteles, galletas y frutas deshidratadas. Hablaban sobre la cena navideña considerándola un rotundo éxito, y además, de ser una la cena más interesante. –Tu novio se las apaño muy bien ayer, prima –comento Magda, mientras tomaba una galleta –. No solo venció a Nabu sino que también dejo a los chicos impresionados, ganándose el respeto. –El citadino solo tuvo suerte –tercio Isabel. Elisa rodo los ojos. –Solo estás celosa de que Ana Marie encontrara un bombón en la ciudad y tú no. Isabel entrecerró los ojos en su dirección. –Si quisiera, tendría a cualquier chico a

