¿Saldría conmigo? ¿Cómo lo decía teniendo en frente a su prometida? —Haz lo que te ordenó y sube a vestirte —me repitió él cuando yo no me moví. Su prometida extendió una sonrisa roja, que contrastaba con su blanca piel y pálido cabello platinado. —Parece que la chica te teme, cariño. ¿Cómo lograste que se acostará contigo siendo tan tímida? Cualquier otra prostituta estaría besándote los pies. Él la miró con fastidio. —Gisselle, basta ya, vete de una buena vez. Ella le torció el gesto. —No intimidaré a tu zorra, ¿pero acaso no puedo hablar con mi prometido, Daniel? En la habitación, Mariel sacó un montón de ropa y accesorios de lujo: vestidos, conjuntos, trajes, abrigos y costosa joyería. Yo permanecí en la cama, mirando ese espectáculo con expresión ausente. ¿Ella ya se había mar

