Los edificios en la costa comienzan a abrirle paso al amplio cielo y a su equivalente azul salado en el agua. La arena pálida de la playa principal de Qingdao se moja con cada golpe que recibe de las olas, el viento se impregna de la fragancia salina del litoral y ZiTao sonríe ante la vista que añora cada verano. Respira profundamente y su cabeza se inunda de recuerdos, como siempre que viene. Aunque esta vez no está solo, no sabe si es preciso afirmar que Sehun y él están juntos. El menor tiene una mano sobre la frente, tapando su rostro de los intensos rayos del sol y sonríe preguntándole al otro si pueden acercarse a la orilla. ZiTao levanta su maleta y caminan por la arena hacia el mar.
Ciertamente aquel lugar, con todas las sensaciones que lo acompañan, produce una nostalgia inefable en quien lo visita y sobre todo en quien lo añora. El rubio suelta una ligera risa cuando se sientan al lado de unas rocas, mirando de frente el mar. Quisiera explicarle a Sehun lo que siente, pero ponerlo en palabras sería demasiado pretencioso. En su lugar, decide contarle sobre esa tarde en la que uno de sus amigos casi se ahoga porque se metió al agua con más licor que sentido común en la cabeza. Sobre las curiosas señoras que utilizaban "bikinis para el rostro", una prenda extrañamente popular en las playas chinas durante el verano.
También presume sobre las noches de fogata de los viernes en la noche, luego de la escuela. En cada velada entre sus amigos y él se turnaban para hacer presentaciones improvisadas, ZiTao, por supuesto, cantaba a todo pulmón recibiendo aplausos y chiflidos. Hasta llegó a tener algunas admiradoras entre las chicas que asistían. Al parecer esta parte de la anécdota no le causa mucha gracia a Sehun, quien rueda los ojos con descontento. El rubio intenta con poco éxito no reírse y luego cambia el enfoque de la historia para remediar su falla. Le cuenta a Sehun que en ese tiempo pensaba inocentemente en un futuro brillante en los escenarios, esas tardes habían sido la cuna de su sueño de cantante y ahora que miraba hacia atrás las apreciaba y las recordaba con un sentimiento cálido en el pecho, resignado completamente a la cruda realidad.
La mirada de Sehun se ha suavizado y hasta le palmea la espalda al mayor, a manera de consuelo. Esa mirada le está trayendo recuerdos de aquel día en la terraza del edificio de la compañía y por un momento se aventura a hacer llamado a los viejos tiempos y a actuar como en aquel entonces. Mira a Sehun a los ojos e intenta hacer una broma casual, diciendo que no se preocupara, que era consciente de que nadie lo escucharía a estas horas de la vida, así que no renunciaría a su trabajo para vivir debajo de un puente con una guitarra.
No se da cuenta de lo que sus palabras han desatado, ni siquiera el menor se percata, e inocentemente responde, todavía en un tono alegre y bromista ─ Estaba más preocupado de que no te hubieras dado cuenta que ya estás viejo para esas cosas─ ZiTao golpea su hombro con el propio, con una expresión de indignación, seguida de la risa del menor ─ Jajaja confórmate con saber que, aunque ya haya pasado tu tiempo, yo te escucharía. Puedo ser tu público cuando quieras.
─ ... ─ ZiTao tarda un momento en procesar lo que el otro ha dicho y sus ojos se encuentran con los lindes, igualmente sorprendidos, de Sehun. Aquella había sido una propuesta hacia el futuro... ¿Significaba eso que seguiría estando a su lado? En ese punto, ya no podían seguir aplazando la pregunta más importante ¿verdad? ZiTao no sabe si estar aliviado porque al fin el tema ha salido a la luz o si sentirse agobiado porque podría ser la última vez que hable con Sehun.
─ Joder... ─ Sehun suspira, evidentemente incómodo y nervioso, tiene el ceño fruncido y la mirada preocupada. De repente se pone de pie, agachando la cabeza mientras el rubio se levanta tras él, en silencio, con una sensación extraña invadiendo su cuerpo, una sensación de frio y calor que le hace sentir mareado ─ Lo siento. Sé que debes estar preguntándote qué hago aquí después de lo que pasó... después de que me fuera sin decirte nada... tal vez habías decidido rendirte, porque esperar una respuesta puede ser doloroso, lo sé. Ni siquiera yo estoy muy seguro de lo que estoy hacien─ Sehun no puede terminar de hablar debido a que unos brazos fuertes y temblorosos lo han apresado y su espalda se encuentra contra un pecho palpitante y agitado. Ante la sorpresa lo primero que hace es mirar a su alrededor, hay algunas personas lejanas en la playa, sin embargo, eso no hace que se sienta menos preocupado.
─ Solo... solo quiero saber una cosa... ¿Ya me has perdonado?
─ Tao... ─ el pelinegro intenta zafarse discretamente del abrazo, pero ZiTao solo lo aprieta más contra su cuerpo, sin importarle nada de su entorno.
─ ¡No me he rendido!, solo... me di cuenta de que no había cambiado mucho, que seguía siendo muy egoísta─ ZiTao se despega del menor por un momento, solo para tomarlo por los hombros, dejándolos frente a frente ─ no tengo derecho a pedirte nada de esa forma, así que quería reflexionar un poco.
Los ojos de Sehun comienzan a tornarse cristalinos, así que aparta la mirada de la del rubio y suelta un gran suspiro ─... no merezco lo que haces por mí, lamento ser tan inmaduro e impulsivo... yo─ Sehun no alcanza a terminar su frase porque las manos cálidas del mayor se asientan sobre sus mejillas, apretándolas y haciendo que sus labios se cierren en un puchero.
─ Sehun-ah... soy yo quien debe disculparse nuevamente por hacerte daño─ los ojos afilados de ZiTao se clavan en los suyos y Sehun no puede evitar sentir un punzón en el pecho. Sus labios tiemblan en cuanto el mayor vuelve a abrazarlo, su nariz se hunde en el hombro derecho del rubio y tiene que apretar la mandíbula para no llorar.
Su cuerpo no había olvidado el calor del otro, el olor de su colonia, ni el revoltijo de sentimientos que provocaban los besos del mayor en su cuello. ── ¿Me perdonas? ── la voz de ZiTao sale en un susurro temeroso. Sehun levanta ligeramente las comisuras de sus labios, pensando en que le gustaría ser tan honesto, le gustaría despojarse de todas sus inseguridades y decir lo que siente sin más.
─ Tao... ─ Mientras pronuncia aquel nombre, levanta su rostro para ver al contrario a los ojos, esta vez sin esquivarlos, sin sentirse intimidado, avergonzado o dolido, llenándose de valor para terminar de una vez por todas con esta situación horrible que lo había separado por tanto tiempo del mayor── No debí ser tan terco, debí entender que estabas dispuesto a dejar atrás tu pasado por mí, debí considerar lo que sentías... debí haber hecho muchas cosas, pero no lo hice, no fui lo suficientemente maduro como para perdonarte antes de que todo esto se agrandara, lo siento─ ZiTao parecía querer refutar las palabras de Sehun, seguramente iba a decirle que no tenía que decirle que lo sentía. Sabiendo esto, el de cabello n***o decide sonreírle y continuar con su monologo ─ Pero no quiero que nuestra relación se base en disculpas y en arrepentimientos. No digo que tengamos que olvidar lo malo, creo que ni tu ni yo podremos borrar lo que pasó, es algo que nos marcó y tenemos que aprender de ello. Tao... quiero que volvamos a empezar, quiero poder caminar contigo, comer contigo de nuevo, quiero que vayamos a todos los lugares posibles juntos y... ¡¿Por qué estás llorando?!
─ Sehun-ah... ─ la barbilla del rubio comienza a temblar y sus ojos se llenan de lágrimas mientras el nombrado lo mira con asombro─ es que... estoy muy feliz─ Sehun suaviza su expresión al escucharlo y esboza una pequeña sonrisa mientras limpia con la yema de sus pulgares las mejillas del otro.
─ Se supone que eres el mayor, deja de llorar, te ves feo─ bromea soltando una risita.
─ Cállate, también tienes los ojos llorosos... ─ responde el más alto chocando con su hombro el del contrario. El silencio creado después de aquel momento les permite mirarse al fin como es debido, con ZiTao tomando entre sus dedos las manos de Sehun mientras inspeccionan cada fracción del otro. No se miran como antes, porque todo lo que han vivido ha modificado hasta la forma en la que hacen más corto el espacio entre ellos.
Sehun olvida el cansancio del viaje, la intensidad del sol de la tarde en aquella playa y en lugar de preocuparse por la imagen que podría dar en un espacio público, se encuentra ensimismado en los brazos de ZiTao rodeando su cintura, en la textura del cabello rubio, en cómo sus labios atrapan los propios y los liberan para cambiar de lado su cabeza y en cómo sus bocas aún recuerdan que tanto deben rozarse para que sus belfos se hinchen y tengan que separarse antes de que no puedan detenerse.
*
Más allá de algunas miradas desaprobatorias y algunos sonrojos, ambos logran salir de la playa con sus corazones plenos y a gusto. Dado que el sitio en el que se quedarían por esa noche y la mañana siguiente era la casa de la familia Huang, ZiTao cree pertinente comentarle algunas cosas a Sehun. Entre otras, el hecho de que sus padres conocían su orientación s****l desde hace años y que ya no tenían problema con eso, o más bien, ya se habían resignado, así que no tendrían que ocultarles nada, a menos que Sehun así lo quisiera.
El menor duda un poco, no se siente muy cómodo con esa situación, pero sería extraño que ZiTao llegara a su casa a decirle a sus padres que había venido con un "amigo". En ese orden de ideas, lo más acertado sería aceptar presentarse como la pareja de ZiTao, lo único que le pide al mayor es no tener que responder muchas preguntas. El rubio revuelve su cabello y le dice que no debe preocuparse, seguramente él haría toda la charla con sus padres y además la barrera de idioma les impediría hablar directamente con él. Solo tendría que asentir y hablar una que otra vez mientras ZiTao traducía.
Las cosas no van tan mal como esperaba, en realidad, los padres de ZiTao son bastante agradables. No entiende mucho de lo que dicen, pero ellos parecen contentos de tener a su hijo en casa y no parece molestarles la presencia de Sehun. Al contrario, la madre del mayor le sonríe mucho y le sirvió mucha comida en su plato, observándolo mientras comía con una expresión tranquila. El padre, por otro lado, le da pequeñas palmadas en la espalda mientras caminan hacía la habitación de invitados, el hombre de mayor edad lleva la mochila de Sehun y le hace gestos queriendo decirle que se ponga cómodo y que es bienvenido.
La mañana siguiente, luego del desayuno, dan un paseo junto a los padres de ZiTao. La familia Huang saluda de vez en cuando a sus vecinos y se detienen a hablar, algunas miradas se dirigen a Sehun y la señora Huang parece estar hablando de él. El nombrado solo sonríe y se inclina para hacer algunas reverencias. Mira a ZiTao confundido, pero éste solo le pasa el brazo sobre los hombros.
Ahora recorren algunos sitios turísticos cerca de la zona residencial como la "Plaza del Cuatro de mayo" y alcanzan a ver de lejos el puente de la bahía de Qingdao. A pesar de que a ZiTao le hubiera gustado mostrarle otras cosas como el monte Laoshan, no pueden hacerlo por el tiempo. Lo que no puede faltar es que Sehun pruebe la famosa cerveza de Qingdao, un legado de los colonizadores alemanes que llegaron a las costas de la ciudad hace mucho tiempo. La calidad de esta bebida le daba a Qingdao el título de "Capital de la cerveza" en China. Así que, como parte de la última comida de ese día, en un restaurante muy conocido se dispone la familia, ahora más numerosa, a disfrutar de un plato típico con una considerable dosis de la popular bebida.
En la tarde, mientras el sol se encuentra en el último tercio del firmamento, la familia se encuentra en el aeropuerto, los padres de ZiTao lo despiden con besos y abrazos y algunas lágrimas de parte y parte. Ellos también despiden a Sehun con cálidos abrazos, diciéndole cosas que no entiende, con una enorme sonrisa y con los ojos brillosos. El menor no sabe cómo corresponderles, solo sonríe haciendo varias reverencias mientras él y ZiTao se dirigen hacia la fila de ingreso.
*
Sehun despierta con un incómodo dolor en el cuello luego de pasar la última hora y media durmiendo sobre el hombro de ZiTao. Las azafatas comienzan a pasar por los puestos de cada pasajero, revisando que todos se levanten de sus asientos y salgan del avión sanos y salvos. Antes de ponerse de pie, Sehun se refriega los ojos con el dorso de la mano derecha y al sentir el roce de un objeto metálico en su mejilla se siente extrañado.
En su muñeca hay un brazalete plateado que, está seguro, no le pertenece. Al mirar a ZiTao, más que explicaciones, éste sólo levanta su antebrazo, dejando ver en su muñeca una copia exacta de aquel accesorio en color dorado. No tiene tiempo de reprocharle nada porque el mayor se apresura a decirle que es un regalo que tiene preparado desde hace mucho tiempo y que llevaba consigo en un estuche, como motivación para que arreglaran las cosas algún día. Y que, ahora que están juntos de nuevo, se pondría triste si lo rechaza o si se lo quita. Finalmente, la única opción de Sehun es sonreír en agradecimiento, anotando mentalmente que debe darle un regalo al mayor para compensar.
Así se queda junto al más alto hasta que llegan a su apartamento. Está seguro de que luego sus profesores y sus amigos querrán matarlo, porque su celular sigue apagado desde hace un día y medio y no volverá a su casa hasta el día siguiente. La verdad, no tiene ganas de quedarse solo, ni de ponerse a leer los miles de mensajes que le debieron haber dejado Baekhyun y compañía. Seguro están preocupados, pero ya pensaría luego como explicarles que había preferido dejar su celular apagado luego de que se descargara para concentrarse en cosas más importantes, como ZiTao y su familia.
Por el momento se concentra en secarse luego de la ducha y ponerse la ropa que el mayor dejó para él a modo de pijama. Probablemente se vería como un enfermo, pero no puede dejar de oler su camisa, está impregnada de su colonia y eso lo está volviendo loco. Por fin, sale de la habitación y se dirige a la cocina. Aún quedan algunos atisbos del aroma de la sopa que ZiTao cocinó para ambos y el sonido de los platos en el lavavajillas. Sehun se queda observando la figura de espaldas del más alto por un momento, antes de decidir acercarse, sintiendo como la camisa más grande y los pantalones de sudadera anchos se mueven pesadamente al caminar.
El mayor lo mira mientras termina de secar el último plato y lo deja en su lugar ─ ¿Quieres ir a dormir? Debes estar cansado, sé que sería más cómodo dormir en tu propia cama luego de un viaje, pero...
─ Estar aquí es mucho más cómodo...─ dice haciendo un puchero, de esos que hacen que ZiTao pierda la cordura. No había podido abrazar a Sehun, ni besarlo luego de esa vez en la playa, así que le estaba costando aguantarse las ganas.
─ ¿En serio? ─ pregunta sonriendo de medio lado, acercándose y agarrando al más delgado de la cintura ─ ¿Qué tal si te mudas conmigo entonces?
─ ¿Puedo? ─ Sehun acaricia el cabello suave que tapa la nuca del más alto y tomándolo por el cuello lo acerca hacia él, sin saber lo mucho que sus acciones aceleran el corazón del otro ── Tendrás que cocinar para mí todos los días... ─ ZiTao se queda mirándolo fijamente por un momento, había dicho lo primero solo como una broma, pero comenzaba a considerarlo al ver la expresión tranquila del pelinegro.
─ Primero tenemos que discutir cómo vas a pagarme la renta... ─ termina bromeando, luego hablarían seriamente sobre una posible mudanza. Por ahora, se concentra en la risa sonora de Sehun. Esa sonrisa preciosa sobre su boca y un pequeño bufido preceden, luego de tanta espera, a la unión de sus labios.
*
Sehun queda de espaldas al lavaplatos, mientras el mayor pega su cuerpo al propio. Sus besos son lentos y medidos, sus manos son cálidas y acarician sus brazos y los costados de su torso con sutileza. Entrelaza sus dedos tras la nuca de cabellos claros y ZiTao gruñe en cuanto siente los dientes del contrario sobre su belfo inferior. Como si hubiera apretado un interruptor, el ritmo de los besos aumenta, mientras las manos pasan de acariciar castamente a colarse entre la ropa del otro.
Sehun gime en la boca de ZiTao cuando éste roza su entrepierna. El más alto no puede evitar sonreír de lado y pasa de los labios de Sehun a besar la tersa piel de su cuello, cerca de la oreja izquierda. El pelinegro se retuerce entre sus brazos, gimiendo de nuevo cuando siente la lengua del contrario subiendo por la línea de su mandíbula.
No solo eran sus brazos, su aroma, su presencia, la forma demandante en la que lo empuja contra el mesón de la cocina, todo eso es abrumador. Parece que todo esto solo lo hunde en un pozo más profundo, pero extrañamente sigue respirando y se siente bien, se siente muy bien. Le encanta la sensación de tener al contrario enredado contra su cuerpo, sin despegarse ni para caminar a la habitación. Incluso el peso del más alto sobre su cuerpo es reconfortante. El sonido de su respiración, la forma en la que se muerde los labios mientras recorre su cuerpo desnudo con la mirada. El color de su piel y la firmeza de sus brazos mientras se inclina para besarlo.
Sehun no quiere solo admirarlo, no quiere dejar que ZiTao haga todo el trabajo. Así que mientras el otro se encuentra distraído, halla la forma de girar sus cuerpos, quedando sobre el mayor, quien lo mira con los ojos como platos. Sehun deja que sus comisuras se levanten sin darse cuenta.
─ ¿De qué te ríes? ─ ZiTao frunce el ceño, removiéndose y tratando de volver a su posición original. El de cabellos negros, reacciona apoyando el tren superior de su cuerpo contra el de ZiTao y apretando sus brazos contra el colchón. El mayor lo mira a los ojos, inquiriendo de forma tácita lo que pasa por su mente. Aunque sus ojos afilados logran que un escalofrió le recorra la columna, Sehun no aparta la mirada, porque está decidido y solo sonríe antes de besar el labio inferior del mayor.
Como una declaración de guerra comienzan los ataques de parte y parte. Los besos son más intensos y las caricias más obscenas. El rubio acaricia con sus manos las sinuosidades del cuerpo ajeno y aprieta con fuerza las nalgas níveas. Por su parte, Sehun logra acomodarse entre el espacio de su cuello y muerde la piel de la zona mientras toca el m*****o endurecido de ZiTao. Los sonidos lascivos se confunden entre sus palabras y se vuelven un nuevo lenguaje, una forma de hacerle saber al otro que la intensidad de sus besos es la adecuada o que el movimiento de sus caderas contra las propias no podría ser más certero.
Quizás sea por el cansancio o tal vez por todo lo que confesaron y lo que dejaron entredicho, puede que lo extrañara demasiado. Lo cierto es que Sehun, lejos de guardar la compostura y ser prudente, lejos de sentirse avergonzado o tímido, decide terminar con la agonía de contenerse, quiere volver a sentir a su pareja. Decide que una de las lociones sobre la mesa de noche de ZiTao será suficiente y que está lo suficientemente listo como para sentarse sobre el m*****o del rubio hasta sentirse completo. Piensa que es la mejor sensación del mundo hasta que baja la mirada y se encuentra con la visión del rostro sonrojado y los gemidos de ZiTao. Verlo respirar con dificultad y mover instintivamente sus caderas acompañando los movimientos propios, hace que le hierva la sangre y que una sensación placentera se acumule en su vientre.
En ese momento se da cuenta que había dejado de razonar en cuanto se sintió envuelto por la presencia del otro. Había dejado de pensar en lo mucho que lo quiere, en lo feliz que está de que vuelvan a estar juntos y se había quedado en blanco. Había dejado su racionamiento a un lado, su sentido del tiempo y del espacio y sentía que se había perdido de la mitad de lo que había pasado antes de ese punto. Ahora se da cuenta de que sigue moviéndose sobre el rubio instintivamente, con el corazón encendido y con el cuerpo ardiendo con locura. Se siente tan a gusto y quiere que sea así por mucho tiempo, sin nada ni nadie que los interrumpa o los haga dudar, ni siquiera su propia familia o sus amigos.
Con esos pensamientos llenándole de valor, se acomoda en otra posición, con las rodillas sobre el colchón para acercar su rostro al del mayor. Lo besa sin dejar de moverse deliciosamente sobre su erección mientras pronuncia su nombre y ahí mismo decide que va a ser más fuerte, que no va a volver a dejar que el mayor cargue con todo y que de ahora en adelante le dejará saber más seguido sus sentimientos. Justo como ahora, que no se contiene en sus gemidos, no se contiene al mirar a ZiTao con lujuria, deleitándose en el placer que parece sentir, sintiéndose orgulloso al saber que es él quien hace al rubio morderse los labios y apretar los ojos con fuerza cuando se corre en su interior.
Al final de esa pequeña contienda que, Sehun asume, ha ganado al obtener el control de los eventos, cae rendido sobre el pecho bronceado del contrario, con la respiración agitada, con los espasmos del orgasmo recorriéndole el cuerpo y con su interior aún cálido. ZiTao le acaricia el cabello y puede escuchar como sus latidos comienzan a tranquilizarse. El rubio bromea sobre algo y suelta una risita, pero a Sehun aún le da vueltas la cabeza y solo atina a reír flojamente. No alcanza a recuperarse cuando el rubio le da vuelta y se pone encima, sonriéndole de lado. Parece que esa pequeña iniciativa no le alcanzaría para ganar la guerra.
*
Luego de responder a los cientos de mensajes en su bandeja de entrada con un "Estoy bien lamento haberlos preocupado. Luego les contaré todo