Capítulo 4

1387 Palabras
La mirada inescrutable era lo que definía a Simón en aquel momento. Sus labios se curvaron hacia arriba, dándome a entender que se estaba divirtiendo con nuestro asunto. Y supuse que "nuestro" era demasiado exagerado como para llamarlo de aquella forma. Simplemente lo llamaría asunto. Realmente me encontraba sorprendida. No me lo hubiese imaginado nunca que él fuese sin vida. ¿Cómo definiría mi sorpresa en una palabra? Eso era muy fácil. Seria algo como: ¡Wow! —¿En qué piensas? —me preguntó, curioso. —Si debo salir corriendo o quedarme para preguntarte cómo demonios terminé conociéndote. —¿Por qué no te quedas con la segunda opción? —incitó, pasando lentamente su dedo por encima de la mesa y creando círculos imaginarios. —Era lo que tenía pensado hacer. Simón sonrió, burlón. —Tu hermano nos invitó a mí y a mi hermana a pasar el día en el centro comercial. Dylan nos dijo que tenía una hermana melliza, la cual, me causó intriga y busqué su perfil en f*******:. Comencé a hablar con ella, sólo por una noche muy corta y al día siguiente del inicio de aquella charla, no respondió mi mensaje. Y mira nada más, estoy frente a ella sonriendo como un estúpido por su rostro angelical —sonrió nuevamente—. Déjame decirte que tu nombre encaja a la perfección con tu personalidad. Me quedé pasmada, y no supe si era por sus dulces palabras o porque sabía como desviar el tema hacia otro lado. —Vaya. —mi voz sonó más a un suspiro inaudible— Quiero que sepas que yo no estaba al tanto de este encuentro. Dylan me lo comentó apenas ingresamos al centro comercial. Pero, eso no contesta a mi pregunta. Si sabías que me verías...¿Por qué reaccionaste así? —Porque, recordé una urgencia, nada más. —Me estás mintiendo. Simón se frotó la barbilla. —¿Y por qué mentir? Te estoy siendo sincero. —Mejor olvídalo. Supe que no llegaria a nada con todo aquello. —Y dime: ¿fue una sorpresa haberme conocido? Genial, ahora estaba sonriendo como una estúpida y sentí como mis mejillas comenzaban a ruborizarse. —Supongo, no lo sé. Aun no lo he deducido. —Entonces eso quiere decir que...¿pensaras en mí luego de que te vayas para deducir nuestro encuentro inesperado? Maldición. —Oh por favor. —solté exasperada entre risas, ya que fue lo único que pude decir. Se hizo silencio. Simón me miró con aquellos ojos grises que ya comenzaban a intimidarme, y no cualquier chico podía transmitirme eso. —De verdad, me interesa muchísimo que continuemos en contacto, Williams. Por más que la situación era algo cómica, lo había dicho muy en serio. —Suenas muy profesional cuando dices mi apellido. —me burlé. —Es que lo soy. —recalcó con el mismo tono. —Entonces, chico profesional, me mentiste. —¿Por qué? —preguntó consternado. —Me dijiste que asistías a la misma escuela que yo, y hasta nombraste a mi amiga. No pude evitar sonar algo confusa y aterrada. Simón se aclaró la garganta. —Sí, es verdad, te mentí —admitió—.Trabajo en la ferretería de la esquina —contestó—, siempre las veo a ti y a Cleo pasar de camino a la escuela, y una vez, gritaste su nombre en una charla que mantenías con ella. Sí, lo sé, soy muy atento a todo lo que sucede a mi alrededor. —Confieso que nunca te he visto trabajar allí. —Será porque renuncie hace ya tres meses. Terminaré mis estudios y seré profesor de Literatura. —¿Por qué renunciaste? Simón resopló ante la continuidad de mi insistencia. Miró la hora en su teléfono, y apretó los labios. —Debo irme ¿podemos seguir con esta charla por f*******: más tarde? Estaré en linea a las ocho de la noche.—me informó con voz grave, poniéndose de pie y tomando su bolsa de libros. Por alguna extraña razón, me frustró un poco que se tuviera que marchar justo ahora que nuestra conversación era entretenida. —Claro. —dije apoyando mi barbilla sobre la palma de mi mano— me terminaré el café y luego iré a buscar a Dylan. Asintió. —Un gusto haberte conocido, Diablilla. —saludó, tras lanzar un guiño de ojo. Regresamos con Dylan caminando a casa y nos encontramos con la sorpresa de que papá, mamá y Olivia habían salido. Olivia no asistió a clases y se fueron a patinar sobre hielo al parque Filiwood. —Eso quiere decir que tenemos la casa para nosotros solos. —concluyó Dylan, abriendo el refrigerador y sacando una lata de Coca-Cola. —Me disgusta que salgan sin avisar. —dije, tomando asiento en la mesa y agarrando la nota que nos habían dejado. —Nos avisaron chistosa, tienes la nota en la mano. —se burló Dylan. —No me refiero a eso, sino que...mejor, olvídalo. Me resultaba algo negativo que ahora sacaran a Olivia únicamente, y se hubiesen olvidado de nuestro acuerdo familiar, de un día para el otro: "Salimos los cinco o no hay salida". Sabía que Olivia era la más pequeña, y que por eso, tenía más consentimientos que nosotros, pero...esperen un momento, eso ni siquiera era una escusa para que se olvidaran de Dylan y yo. Por lo menos, nos hubiesen esperado y habríamos ido todos juntos a patinar. Dylan continuó bebiendo el contenido de la lata, mirándome de forma divertida. —¿Qué? —carraspeé. —Te he visto con Simón en una de los café del centro, y parecías bastante entretenida con él. Tragué con fuerza. —Me parece un buen chico. —solté, encogiéndome de hombros. —¿Tanto como para ponerte de novia con él? —quiso saber, perspicaz. —No digas idioteces, apenas lo conocí hoy. —Vi como lo mirabas, Ángel. Estábamos caminando con Lily y los vimos justo a tiempo. Ella está de acuerdo conmigo, y hasta hicimos una apuesta de que terminarían juntos. No podía creer la idiotez que había oído. —¿Acaso ya están organizando una boda? —pregunté, sarcástica. —Si eso te puede sacar del lugar llamado forever alone, ¿por qué no? —Vete a la mierda. —Allí van las mejores personas, hermana. Dylan subió las escaleras y se encerró en su habitación, dejándome sola con mis pensamientos. Las ventanas de la casa estaban cerradas y el frío ya comenzaba a helarme los labios. En cuanto encendí la chimenea, me senté frente a ella y me quedé hipnotizada viendo las llamas consumiendo la leña, mientras éstas chispeaban creando pequeñas estrellas que se elevaban hasta apagarse. Mi teléfono sonó e interrumpió la calma de la casa. Fui a buscarlo a mi mochila y volví a sentarme frente a la chimenea. Cleo me estaba llamando. —Mujer, si sigues faltando a clases, te darán una patada en el culo. —fue lo primero que dijo Cleo con su voz chillona. —No volverá a pasar, sólo fue un favor que le hice a mi hermano. Cleo siempre cumplía aquel roll de "te metes en problemas y te asesino". La forma en la que me cuidaba, era de locos, pero no dejaba de ser una persona muy compañera en otras situaciones. —Oye, te tengo un chismerio de muerte. —anunció. —Suéltalo. —Hoy el entrenador en clase de gym, ha llevado a su hijo...¿cómo se llamaba?¡Oh sí, Ethan! Y te juro que está guapísimo. Fruncí el entrecejo. —¿Pero por qué el entrenador llevaría a su hijo? —Según él, se mandó un lío terrible en la escuela en la que asiste y ha decidido castigarlo dándole trabajos duros y humillándolo frente a nosotros con diversos ejercicios. El profesor Michigan es muy exigente y lo sabes, pero, nunca creí que tuviera la misma rudeza con su propio hijo. Era cierto, el profesor Michigan era muy estricto y demasiado exigente, tanto, que disfrutaba vernos sufrir con sus complicados entrenamientos. Dios santo, cuando me tocaba asistir a la clase de gimnasia, ya tenía ganas de echarme a llorar al saber lo que me esperaba: dolores insoportables de espalda y todo el jodido cuerpo. —Vaya, que malvado. —dije, desinteresada. —El lunes lo conocerás, y quiero ver tu jodida cara, Ángel. —No veo la hora de conocerlo. —mentí. —Oye, no seas así de fría. De verdad, es muy lindo chico, quizá puede llegar a interesarte y... —No, no estoy interesada —la interrumpí rápidamente—. Porque creo...— suspiré, dudando si contárselo, ya que creía que era demasiado apresurado— que he conocido a alguien. Cleo chilló como una loca que se hubiese sacado la lotería y tuve que alejar el teléfono de mi oreja antes de que su grito rompiera mi tímpano. —¡Dios santo, mujer! —soltó, alegre—¿Cuándo?¿cómo? Sonreí. —Se llama Simón...y es, no sé, atractivo y me atrae su personalidad, es que yo... Me vi interrumpida por el timbre de la casa. —Te llamo luego. —le dije a Cleo y colgué. Miré por el visor de la puerta, con la ilusión de que fuesen mis padres y Olivia, pero no había nadie. Abrí la puerta con lentitud y bajé la mirada al suelo de forma instintiva, en donde había una pequeña caja negra. La tomé, algo anonadada, y le saqué la diminuta tapa. En ella, había una nota con letras cursivas y negras. Entré rápidamente a casa y la leí. Cielo o infierno, tú ya estás en esto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR