ANGELINA Los nervios los tenía a flor de piel. Mi madre caminaba por toda la habitación y me tiene nerviosa. —¿Ya? —Es la tercera vez que me pregunta. —No. Le hablé a mi madre de la sospecha que tenía de un posible embarazo, no espero que fuera yo la que tomará la decisión. Llamó a la sirvienta y le ordenó que fuera con el chófer a la farmacia y comprará dos pruebas de embarazo. Así que, aquí estamos, esperando saber si seré madre. Mi celular suena anunciando que la hora ya pasó y es hora de saber el resultado. Mi mamá se detiene y me mira. Levantó la toalla que tenía encima de la prueba y vi el resultado. —¿Seré abuela? —La pregunta de mi madre me hace volver a la realidad. —Por el momento no. Cuando está por hablar, la puerta se abre. Es la sirvienta. —El señor acaba de llegar,

