ANGELINA El avión aterrizó, agarro mis cosas y salgo. Necesito ver a mi madre, y saber que tendré su apoyo si estoy embarazada. Esto no me puede estar pasando, ¿qué voy a hacer con un hijo y lejos del padre? No, no, no, esto tiene que ser una broma de mal gusto. El chófer me abre la puerta del auto y subo. —Pasa por una farmacia —le ordené al chófer. Necesito salir de dudas, o de lo contrario, enloqueceré esperando. Los minutos pasan y el auto se detiene. Miro por la ventanilla y un nudo se forma en mi garganta. No puedo hacerlo sola. —Lo haré después. Él chófer me mira. Apartó la mirada y suspira, encendiendo nuevamente el auto. Abro la cartera y saco mi teléfono, lo enciendo y veo miles de llamadas de Andrew y algunas de Juan. Necesito cambiar de número, no sirve de nada alejarme

