Marco apoya las palmas de las manos en su sien, furioso por la situación; sopesando las posibles opciones que tenemos para escapar. Aguarda unos instantes y vuelve a la carga dando patadas y puñetazos por todas partes; en especial a la placa transparente por donde divisamos el exterior. Sin embargo nada de lo que hace surge efecto. Todo el material es demasiado resistente y grueso. — Esto es culpa mía ¿verdad?— tiemblo como una tonta sin saber qué carajo hacer — Querían matarme a mí. Marco parece enfurecer aún más con mis palabras; está llevando su cuerpo al máximo y temo que termine desmayando. A medida que los minutos avanzan el calor se hace insoportable, la desesperación incrementa haciéndonos transpirar con más rapidez. Recién ahí, cuando sus músculos ceden ante el cansancio, toma

