El ambiente no demoró en ponerse sofocante. Marco me sostiene como si en eso se le fuera la vida, su postura erguida y llena de poderío espantarían a cualquiera pero el señor Paolo es un hombre de armas tomar, al que por lo visto nada amedrenta. — Que buen gusto tienes... hasta en eso coincidimos— termina la frase mirándome de una manera lasciva, lo que provoca que Marco apriete la mano en forma de puño a pesar de su despampanante sonrisa. Jhan por su parte no se queda atrás. Sus resoplidos llenos de fastidio parecen los de un toro a punto de ser sacrificado. Se puede respirar la tensión en el aire y no encuentro donde carajos esconderme. —Adelante— corta Marco el indigerible momento de apertura, para guiarnos a todos hasta la sala donde el desayuno ya se encuentra servido. Abro los

