Las horas parecen castigarme con su inevitable letargo. De tan solo imaginar que en dos días, exactamente en este mismo horario, estaremos volando rumbo a nuestro destino, hace que todo mi ser se remueva de ansiedad. Cada vez que mi cerebro intenta autosabotearme, traigo a memoria las palabras de Jhan y el dulce aroma de su piel. 'Todo va a estar bien. Todo tiene que estar bien' Marco abre la puerta del dormitorio con sigilo mientras cierro los ojos fingiendo que ya estoy dormida. Evitarlo de ahora en adelante será lo más conveniente para ambos. Una distancia previa a la despedida, al adiós definitivo. Aún con el acolchado cubriendo casi por completo mi rostro, consigo distinguir la manera en que resopla por lo bajo, quejándose del dolor que seguramente la fiebre dejó en todos sus mú

