CAPÍTULO 5

1043 Palabras
La vida se encarga de golpear donde más te duele, para ver si realmente eres fuerte o solo creías serlo. No obstante, esto era demasiado, hasta para una desventurada como yo. El infierno viajó desde lejos para instalarse en mi casa y ahora solo me queda arder entre las llamas. Sigo de pie puramente por instinto. Porque la mano de Marco sigue sujetando la mía como un cable a tierra. Ruego que no me suelte; necesito el dolor que su agarre me propina para canalizar el que nace de mi pecho. —Bienvenidos— los saluda Marco con naturalidad. —Gracias por recibirnos— la voz de Jhan se siente como latigazos en mis oídos. No quiero mirarlo; no podría soportar que notase la forma en la que estoy sufriendo. —Mèsi— otra voz se acopla a la suya — Les presento a Nirvana. ¿No es encantador su acento Haitiano? — Es excelente— responde Marco mientras la invita a pasar— Ya está lista su habitación, Carla los ayudará a instalarse. Es una presentación escueta y le agradezco a mi esposo por ello; ya tendremos tiempo de sobra para conversaciones incómodas. Las nauseas se apoderan otra vez de mi estómago. Hasta el momento no me había puesto a pensar que tendría que verlos dormir juntos... escucharlos... Solo me queda desear que la visita sea corta y que pronto acabase la pesadilla. Una vez que los invitados están en el segundo piso, Marco me suelta la mano con suavidad. — Espero que no causes problemas Nissa. Eso de que permanezcas en silencio no es de buen augurio. ¿Jhan y tú no eran buenos amigos? ¿O acaso me perdí de algo? — Pasaron muchos años y se rompieron los lazos, eso es todo. Mi esposo es un hombre muy controlador y no tengo permitido hacer todo lo que me place. Sus cejas se curvan pensativas y luego hace un gesto de aceptación. — Dormirás en mi habitación hasta que las visitas se retiren. — No puedes hacerme esto, no fue lo que acordamos— Levanta la mano para silenciarme. — Será por poco tiempo y no dormiremos en la misma cama, puedes estar tranquila. Por este cambio en nuestro trato tendrás libertad para vestirte como desees, siempre y cuando no repitas la vestimenta vulgar de anoche. — Como usted diga Se...— corto la frase a tiempo, al recordar su amenaza. — Así me gustan... mansitas— susurra con su noto provocador antes de irse. Si vivir en una mansión tan grande ya representaba un problema, no quiero imaginar lo que sería de ahora en más. Juntos. En una misma habitación. Como ellos...disfrutando de su relación frente a mis narices. ¿Qué habitación les habrá dado Marco? Tengo que saberlo. Mientras más control posea sobre la situación, más voy a poder manejarla. Camino lentamente en puntillas de pie para evitar hacer ruido, sintiendo la adrenalina circular por mis venas. Al menos no están en las habitaciones contiguas a las nuestras. Cosa que disminuye un poco el malestar. Avanzo aguzando los oídos pero no escucho nada.; ni las voces llegando al pasillo, ni a Carla con su acento tan marcado. Convencida de que no fue una buena idea decido regresar a mi cuarto, sin embargo presa de mi propia estupidez, quedo al descubierto ante la persona que menos quería. Apoyado en el marco de la puerta, Jhan luce verdaderamente sexy; el torso al descubierto deja relucir sus dotes naturales. Como bien bromeaba él, no le era necesario concurrir a un gimnasio. Su cuerpo atlético estaba perfectamente tonificado; un ser especial que jamás necesitó seguir los parámetros sociales para ser perfecto ante mis ojos. Tengo tanto para decirle y sin embargo permanezco en un silencio casi sepulcral. Su sola imagen frente a mí, la manera en que respira, la forma intensa con la que me observa, traen miles de flashes a mi mente. Flashes que no puedo frenar, que no quiero frenar... Se cruza de brazos y muerde sus labios; un gesto que delata nerviosismo detrás de su impoluta postura varonil. Él tampoco dice nada ¿Será que cumplió la promesa que me hizo antes de irse? ¿Será que de verdad pudo olvidarme y ahora solo siente un enorme desprecio por mí? Hago un leve movimiento hacia el frente para intentar saludarlo, pero en cuanto percibe mi gesto me da la espalda y luego cierra la puerta. Parada, con los brazos suspendidos a los costados, estoy segura de que me veo más que patética. ¿Qué estaba tratando de hacer? Él vino con su novia por primera vez desde su partida, y si lo hizo es porque de verdad desea que su familia la conociera. Soy una estúpida, lo único que hice es exponerme. Ruego que Jhan solo piense que lo busqué para romper la tensión entre nosotros; si, eso es lo que le diré apenas surja otra oportunidad. Que me alegra mucho que haya decidido presentarnos a la mujer que ama, que todos estamos muy contentos con su regreso y que espero que el pasado solo sea eso: pasado. Río para mis adentros mientras una lágrima lucha por deslizarse sobre mi rostro; tendré que ser mejor que hasta ahora fingiendo. Debo buscar en el baúl de los recuerdos todas las palabras hirientes que me dijo antes de irse. Tomar todo este dolor que me causa tenerlo cerca, para frenar este incontrolable deseo de abrazarlo, de sentirlo. Ahora cuando cierro los ojos puedo dibujar su rostro en mis pensamientos. La barba recortada al ras, los rasgados ojos color café y su cabello n***o echado hacía atrás. ¿Cuánta más tortura podría soportar?... Al instante me arrepiento de haber hecho la pregunta. Sobre mi cama descansa una maleta con algunas de mis cosas empacadas, mientras Marco termina de ultimar los detalles. —Si falta algo que necesites se lo pides a Carla. No quiero que entres a esta habitación de nuevo. Necesito que parezcamos un matrimonio normal. ¿Puede ser?— se ve más cansado que en la mañana, con las mismas ojeras que yo misma poseo. ¿Será que a él también le afecta la llegada de Jhan? ¿Será que esta visita abrirá los viejos fantasmas del pasado entre ellos?
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