—No conocías a la víctima, ¿verdad? —preguntó Adele con cuidado. La mirada de Paige se convirtió en una mirada de odio y, en un momento salvaje, Adele pensó que la agente mayor podría sacar su arma y disparar. Pero al final, Paige dijo: —No. Adele levantó las manos. —Lo siento. Bueno, bajemos de nuevo. No he querido molestarte —tosió—. Ven cuando estés lista. Si necesitas algo… —No. No de ti. Adele asintió y se volvió, tratando de reprimir el rubor que ahora subía por sus propias mejillas. No importa cuánto lo intentara, la agente Paige no parecía interesada en cooperar con ella. Bajó los escalones de uno en uno, de nuevo en silencio, tratando de hacer el menor ruido posible. Pero solo había dado tres pasos antes de que Paige murmurara: —Crees que es muy malo, ¿no es así? Adele va

