—¡Déjame en paz maldita estúpida! No tengo idea que eres o que haces en esta casa así que lárgate, mejor no olvídalo haré algo mejor que eso, voy a llamar a la seguridad de la casa y que llamen a policía. Rosse no podía creer lo cínica que era la señora, no se aguanta y la tomo del brazo haciendo que se queje del dolor la pego contra la puerta sin dejar de torcer su brazo. —Mira maldita bruja, la que debería tener miedo eres tú, no sé quién eres o que pretendes, pero dejas en paz a ese niño, conozco a su padre y Doménico jamás le gustara saber que tratan así a su hijo Y la soltó haciendo que caiga de bruces contra la madera del piso, pero la risa maquiavélica de esa señora hizo que la sangre se le congele. —No me hagas reír tal vez eras alguna amiguita de turno que se cree con ínfulas

