Lion estaba teniendo un ataque de pánico. No era la primera vez que sufría uno al desarrollar rutinas básicas de limpieza en los túneles de La Hoguera, pero ese en particular estaba siendo bastante agresivo. El corazón se contraía dolorosamente dentro su pecho, el sudor se filtraba por cada ranura, g****a y pliegue del cuerpo, temblores agónicos retorcían sus huesos, tensaban la piel y erizaban hasta el más diminuto vello. Era tan malo que sus entrañas se convertirían en papilla si no lograba reaccionar a tiempo. Pero pronto presentó problemas para respirar, su visión se oscureció y temió, de nuevo, morir rodeado de mugre, olores nauseabundos y posiblemente devorado por ratas mutantes, ya que los trabajadores demorarían días en encontrar y extraer su c*****r en descomposición. Los cana

