Todas las luces estaban apagadas cuando Ciel llegó a su casa, demorando más de lo que se sentía cómodo en admitir despidiéndose de Lion. Pero, mierda, no podría cansarse jamás de esos labios firmes, insistentes y dominantes, aquella lengua talentosa jugando con la suya con tanta destreza que sentía como si su cerebro se derritiera por la sobrecarga de emociones y sensaciones. La exquisita forma en la que su cuerpo era rodeado estrechamente por brazos fuertes, encerrándole en una burbuja de protección embriagadora. Y le daba miedo. Era como estar suspendido en el aire, vulnerable, observando con horror hacia un vacío que prometía tantas desgracias que un simple humano no tendría la voluntad, fortaleza o perseverancia para soportar, ningún lugar para esconderse o huir tan lejos que nadie fu

