—Kaelor tiene dudas —dijo Daelis, con una franqueza que no muchos se habrían atrevido a usar—. Se le notó esa noche. No atacó con convicción. Él pudo haber intervenido, majestad. —Kaelor atacó —replicó Rhaegor, aunque su tono era más de razonamiento que de defensa. —Atacó —concedió Daelis—. Pero hay diferencia entre atacar y querer matar. Los dos sabemos eso —dijo la mujer con seriedad. Rhaegor no respondió. Volvió a tocarse el mentón. La posibilidad de que Kaelor hubiera ayudado a Azrael a escapar no era descartable, y eso era justo el tipo de problema que se convertía en un incendio si no se apagaba a tiempo. Fue Radina quien interrumpió ese hilo de pensamiento que ya la estaba aburriendo. Se deslizó desde el borde de la mesa hasta quedar de pie frente a él, y le puso una mano en la

