Una luna de miel inolvidable. Al inicio de la mañana no me pegó tanto la resaca porque al despertarnos nos metimos al mar, pero después del desayuno me empezó la maluquera: el dolor de cabeza y las náuseas. Y en unas cuantas horas salíamos de viaje, nos iríamos por una semana. No llevaríamos a Victoria porque ya quería quitarle el pecho. Tenía que reponer fuerzas para el siguiente bebé. Se quedaría al cuidado de Clara y de la abuela. Estando con ellas no me extrañaría tanto, dos despedimos de ella y Amado también lloraba por tener que dejarla. Pero el regalo de bodas incluía muchas actividades y era impensable que podíamos dejarla en algún lugar con desconocidos. Así que con el dolor en el alma nos fuimos a pasar una romántica travesía hacía Marruecos. Era la primera vez que viajaba

