Capítulo 32

1405 Palabras

Después de que la enfermera recogiera todo, vendara la herida de Camila y saliera de la habitación, Gabriel Montalbán por fin no pudo contener la risa. —Camila, no sé si tu cerebro sigue funcionando. Te perforaron la arteria del muslo y, mientras limpiaban la herida, ni siquiera parpadeaste. Perdiste tanta sangre y sufriste tanto… y no derramaste ni una lágrima. Pero ¿le tienes miedo a una inyección? Al oírlo, Camila lo miró con resentimiento, hizo un puchero y respondió molesta: —¿Y qué? ¿Acaso no hay nada a lo que tú le tengas miedo? —Temo que alguien me apunte con una pistola a la cabeza o me ponga un cuchillo en el pecho. Pero, desde luego, no le tengo miedo a una simple inyección de anestesia —contestó Gabriel, con un leve tono sarcástico. —Claro, tú eres el mejor —replicó Camila

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