—¡Tú, Gabriel, eres solo un… bastardo egoísta y arrogante! En cualquier caso, no te permitiré agregar más cláusulas. A partir de ahora, solo cumpliré con lo que ya está estipulado en este acuerdo. ¡No importa lo que añadas después! Camila no pudo persuadirlo. Sabía que no tenía ventaja frente a él, pero eso no le impidió defender sus derechos. —Ja. Puedes intentarlo. Las consecuencias serán miserables. Sus sencillas palabras contenían una presión invisible, como si una enorme piedra estuviera aplastando la cabeza de Camila y pudiera hacerla pedazos con el más mínimo descuido. ¡Esa sensación era realmente horrible! Desde su nacimiento, Camila nunca se había sentido tan oprimida. En ese momento, el alcohol volvió a dominarla. De repente, una idea descabellada cruzó por su mente. Arroj

