Mi dulce omega

1461 Palabras
—Eres un abusivo, ¿sabes? —refunfuñó Spider Man columpiándose entre los edificios. Wade, quien iba colgado de su cintura con la cara pegada a su espalda baja, reía divertido. — ¡Eres tan fuerte! —Gritó Deadpool aferrándose más para acariciar su torso— Si fueras alfa yo con gusto sería tu omega. Sintió a Deadpool agachar la cara hacia su trasero, haciendo que se estremeciera y por reflejo lo empujara. El mercenario cayó gritando con desesperación y a pesar de que era bastante obvio que era falso su terror, detuvo la caída con una de sus telarañas y bajó al estrecho callejón en el que por poco se estampa aquel sujeto. Estando en el piso le retiró la máscara para ver esa deforme cara sonriente. —Lo siento —se disculpó él con una suave risa—, prometo portarme bien, pero no vuelvas a dejarme caer, ¿qué pasaría si muero? —Sería libre de la atadura contigo —bromeó desatando al alfa para que pudiera ponerse de pie. —Tu vida sería muy aburrida sin mí —gruñó Deadpool encerrándolo contra la pared y retirando su máscara para besarlo. — ¿No ibas a enseñarme tu vida? —Jadeó entre los besos cuando sintió la necesidad de arrancarse el traje y entregarse. —Muy cierto, pero es difícil concentrarse. Eres demasiada distracción —Peter sonrió empujándolo para colocarse la máscara y regresarle la suya al mercenario—. Muy bien —continuó, frotándose las manos—, aterrizaste en el lugar correcto, dentro de unos minutos pasarán por aquí los tipos a los que debo matar. — ¿Y quiénes son? —Habló siguiéndolo en el callejón hasta asomarse a la calle solitaria. —Es una sociedad de trata de personas, mi deber es asesinarlos y robar su información. — ¿No sería mejor capturarlos? Deadpool se acercó a él, estaba casi seguro de que estaba sonriendo. —Estar con los vengadores no te ha ayudado en nada, mi pequeño e inocente omega —dijo él en un tono seductor—, el mundo no funciona de la forma en como lo disfrazan tus padres. El chirrido de unos neumáticos lo hizo ponerse en alerta y trepar de un salto a la pared, casi al mismo momento Wade se lanzó hacia la calle para intervenir las camionetas y causando un estrepitoso accidente de nuevo. Spider Man se acercó al accidente estando todavía en las alturas y viendo como desmembraba a cada sujeto que ocupaban los automóviles. Estaba casi seguro de que estaba matando inocentes, sentía el deber de intervenir, pero el aroma despedido por Deadpool era muy atemorizante y el lazo se sentía apretado, como si estuviera furioso. Su naturaleza omega lo obligó a esperar a que el alfa se controlara un poco. Lo vio salir de una de las camionetas para entrar a otra y sacar a un tipo que se retorció en el piso. Antes de que lograra escapar, Deadpool, ya lo había tomado de los hombros y empujado contra uno de los edificios. —Tú, maldito imbécil —lo escuchó sisear al sujeto que se veía muy atemorizado—, ¿dónde está el disco duro que te entregó tu jefe? —Nunca lo sabrás —contestó el maleante con descaro—, entregamos el disco duro hace unas horas. Spider Man no pudo evitar moverse un poco, era muy incómodo sentir su adolorida muñeca por la ira del alfa. El sujeto volteó a verlo claramente impresionado. —No me digas que te asociaste con los vengadores, de hecho, con el más débil de ellos. Deadpool sacó una de sus katanas y la clavó en el estómago del sujeto haciéndolo gritar de dolor. —No es débil —gruñó Deadpool dándole vuelta al arma haciendo que aquel tipo gritara desesperado—, no vuelvas a ofenderlo. El sujeto sonrió con malicia. —Es el único omega disponible de ese equipo —el maleante enfocó su vista en el mercenario haciendo un ruido de comprensión—. No me digas que quieres hacerlo tuyo, qué patético. Deadpool desenfundó su otra Katana y antes de que pudiera hacer algo con ella, Spider Man se apresuró a acercarse para tocar su hombro. —No lo vale, Deadpool —habló en ese tono dulce que había aprendido de Tony cuando quería convencer a Steve de algo—, déjalo ir o entrégalo a quien te lo pidió. ***** La dulce voz omega, esa voz que Wade había aprendido a ignorar para no ser seducido por sus enemigos. Sin embargo, tratándose de su destinado, no pudo evitar voltear a verlo y a pesar de que tenía la máscara puesta casi podía ver una carita suplicante, la carita de su niño deseoso por mantener la paz, algo imposible en este podrido mundo. Era tan inocente que le daban ganas de tomarlo, encerrarlo bajo llave y darle una vida perfecta lejos de la cruda realidad. —Vamos, Deadpool —jadeó el tipo quien ya lucía al borde de la muerte—, obedece al omega. Spider Man apretó su hombro y se sorprendió al darse cuenta de que estaba retirando sus armas, guardándolas y tomando al tipo por la cintura. —Bien, niño araña —dijo sonriente imaginando un puchero infantil tras la máscara—, es mejor que nos lleves directo al callejón Birds si no quieres que lo asesine. Spider Man bufó, y muy obediente lo llevó a aquel lugar. No se dignó a encarar al tipo que lo había contratado, finalmente, ya le había sido pagado el trabajo. Solo aventó el cuerpo casi sin vida al callejón y siguieron su camino, después justificaría el por qué no pudo robar la información. Por un momento se preguntó a dónde se dirigían; aunque nada de eso importaba cuando podía sujetar a su dulce omega y frotarse contra ese cuerpo en pleno desarrollo. —Eres un pervertido —comentó con gracia su arañita antes de ser pateado y caer en el techo de un edificio muy alto—. Descansaremos un momento aquí y por favor, no intentes nada —el adolescente se recostó a su lado y desactivó la máscara, él también dejó su cara descubierta con el deseo de morder esos acolchados labios, lamer ese delicado cuello, chupar esa tersa piel; todo en él sabía muy bien—. Me gusta observar las estrellas, es algo muy relajante. Wade sonrió enternecido acomodándose de lado en una posición sexy, quería obtener su atención y convencerlo de la marca. Ansiaba tomarlo y llevárselo lejos, su cuerpo y corazón se estremecían ansiosos por hacerlo. Sintió que se quedó en silencio por mucho tiempo y aprovechó para observar cada detalle de su omega, lo consideraba suyo porque no estaba dispuesto a renunciar a él. Siempre le había parecido un chico muy atractivo cuando lo veía en la televisión; no era mentira lo que le había dicho, siempre revisaba los noticieros para tener un vistazo de él. Y cuando por fin pudo conocerlo y saber que era su destinado, decidió hacer hasta lo imposible para mantenerse a su lado, él lo iba marcar, así le costara la vida. Peter volteó a verlo para después echarse a reír, lo que en vez de enfadarlo lo hizo sonreír, amaba su risa, amaba su piel, su aroma, todo; era perfecto. —Mi niño sexy —gruñó trepándose en él para besarlo y con la intención de morderlo; lo necesitaba y sabía que él también lo hacía. Inclusive pensaba que su naturaleza omega lo hacía necesitarlo más y lo único que deseaba era hacerlo feliz. El cuerpo de Pete respondió como deseaba, el omega comenzó a soltar sus deliciosas feromonas que llenaban sus pulmones y ayudaban a encender aún más el beso. En su mente brumosa por el deseo llevó la mano a los pantalones para arrebatárselos y tomarlo en ese mismo momento. Pero la gran descarga eléctrica que recibió fue un claro recordatorio de que ellos no eran libres para amarse. Cayó paralizado al lado del risueño y acalorado chico. —Lo siento, Wade —se disculpó él inclinándose para besar sus tiesos labios—, no todo en esta vida es sexo. «Pero es una de las mejores cosas», pensó frustrado cuando lo vio sonreír más amplio y poniéndose de pie para huir de él hacia la torre Stark. Maldijo para sus adentros a los padres de ese niño. Entendía a la perfección su obsesión por protegerlo, pero no tenían ni idea de lo mucho que sufría Pete en su celo. En cambio, él lo sabía, lo había sentido y lo único que quería era aminorar su dolor... ¿y por qué no? También disfrutar de ese sensual cuerpo retorciéndose bajo el suyo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR