―¿Alex sigue aquí? ¿En tu casa? ¿Todavía? ―dudé atenta a la expresión adormilada de Liv. ―Sí, Mimi. Sigue en mi casa ―susurró todavía acostada―. De todos modos, ¿qué haces tú aquí? Bostezó y se llevó una mano a la boca para cubrirla. Sonreí mientras abría mi cartera violeta, que combinada con mis zapatos y mi sobrerito, y extraje dos hojas dobladas que llevaba dentro. ―¿Y eso es…? ―inquirió con un mohín sospechoso. No la culpaba por mirarme de ese modo, Olive me conocía desde hacía años y sabía tan bien como yo que mis sonrisas amplias se debían a algo interesante. Como lo que tenía en mis manos. Desdoblé las dos hojas y las empujé hacia su rostro. ―Bien. Una chica pelirroja, con lindo cutis y bien maquillada ―musitó mirando la impresión de una foto en la primera hoja―. Aunque con un

