―¿Dices que se terminó el contrato? Elijah y su curiosidad inadecuada eran difíciles de evitar. ―No dije eso ―mascullé. Apoyé la cabeza en la almohada e inhalé, contando hasta diez, para luego volver a soltar la respiración. ―Explícate entonces. Porque no entiendo absolutamente nada ―se quejó. Me senté en la cama y lo miré; él estaba jugando con mi silla giratoria, arrastrándose por toda la habitación. ―¿Puedes quedarte quieto de una vez? ―pedí. Eli se detuvo y arqueó una ceja en mi dirección. ―Solo si me dices por qué hace cinco días que no sales de tu casa. Con sus piernas se impulsó y llegó a mi lado. ―Pregúntale a tu chica. Ella sabe todo acerca de Estrellita ―siseé con desgano. En su rostro se formó una mueca torcida. ―Mimi tampoco sabe nada de Olive ―finalmente dijo, cruz

