Olive se sentó frente a mí, con la mirada puesta en cualquier otra parte donde no estuviera yo, e hizo repiquetear sus uñas sobre la mesa. Un golpe, un silencio, dos golpes más. Tic-tictic. Respiré metódicamente, intentando parecer tranquilo. Tic-tictic. Una mesera se acercó, dejó una carta de menú para cada uno y se retiró en silencio. Tic-tictic. Olive ni siquiera abrió la carta. Sabía que no era una cita de verdad, pero… ¿ni siquiera fingiría un poco de interés en mí? Fijé mis ojos en ella con dureza. ―No me mires fijo ―murmuró contemplando hacia las ventanas donde se podía distinguir la luz del sol cediendo ante la aparición de la luna. ¿Cómo se había dado cuenta que la miraba? Oh, ella estaba atenta a mí. Tic-tictic. ―No veo ningún cartel que prohíba mirarte ―respondí queriendo qu

