Toqué mis labios con la punta de mis dedos y mis ojos se abrieron. Alexander, ¿a qué estás jugando? Incluso seis días después de haber sido besada aquella noche en la discoteca, pude sentir su respiración sobre la mía. ―Definitivamente, ese besó acaba de sacarle la duda a todas esas personas que no le han quitado la mirada de encima en toda la noche ―había dicho Mimi apenas Alexander se había apartado de mí. ―Buena estrategia ―había admitido Elijah sonriendo con satisfacción. Y aunque sus comentarios habían logrado que el momento incómodo no llegara, el silencio mortecino entre Alexander y yo se había vuelto demasiado difícil de soportar. ¿Él me había besado para deshacerse de los curiosos? ¿O realmente había querido besarme? La pregunta no dejaba en paz mi cabeza. Oí pasos acercándose

