Capítulo 7 | Alexander

2348 Palabras
―¡Maldito bastardo! ―gritó Eli mientras entraba a mi dormitorio. Lo miré con sorpresa. No porque me hubiese dicho así, puesto que era algo normal viniendo de él, sino porque en su rostro tenía una sonrisa que podría competir con la de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas. ―¡Idiota! ―le grité de vuelta, volviendo a centrar la atención en el juego de la Xbox. Pensé que se uniría como siempre que pasaba por mi casa y yo estaba jugando a Call of Duty1, sin embargo, caminó en mi dirección y me arrebató el joystick de la mano. ―¿Por qué no me lo dijiste? ―preguntó sin borrar la boba sonrisa de su cara. Mi primo sonriendo no era una novedad, sí lo era su expresión de estúpido. ―¿Decir qué? ―dudé intentando quitarle el mando para volver a jugar. Se alejó un paso para evitar que yo se lo quitase y sacudió la cabeza con gracia―. ¿Por qué siento que estás juzgándome con la mirada? ―proseguí viendo sus ojos entrecerrados como siempre que estaba analizándome… o intentando hacerlo. ―Porque lo estoy haciendo ―respondió. Entonces lo vi recorrer mi habitación en busca de algo. Se detuvo frente a mi escritorio y abrió mi laptop. ―Desinstalé el GTA2 del portátil ―le dije suponiendo que iba a jugar allí. Sin embargo, me ignoró y abrió el buscador de google. Al instante, empezó teclear con prisa. ―¡Eres tú! ¿Cómo no me di cuenta antes? ―exclamó con euforia. Pausé el juego que se proyectaba en el televisor y en cuanto miré hacia la notebook, comprendí a qué se refería. La imagen de Olive sonriendo y con su dedo tocando el pecho de un chico que daba la espalda a la fotografía rellenaba cada espacio de la pantalla. Parecía una pareja real, una imagen verdadera y romántica. ¡Lo que hace un malentendido!, pensé con mi estómago apretado. Sí, el chico de espaldas era yo. ―¿Cómo lo supiste? ―indagué. ―Oh ―rió y giró la cabeza hacia mí―. ¿Recuerdas que hoy tenía una cita con mi admiradora secreta? Sonrió ladinamente y asentí. Elijah era la clase de persona que no podía mantener un secreto para sí mismo y necesitaba contar cada hecho de su vida a alguien. Para suerte de él, yo sabía escuchar. Y para mi mala suerte, ese alguien era yo. Claro que me había contado sobre la chica de la llamada. ―¿Te plantó? ―dije en broma. Se carcajeó ante mi duda y mi ceño se frunció. ―Lamento decirte que no ―dijo sonriendo con regocijo. ¿Por qué actuaba tan misterioso? ―Espera… ¿qué tiene que ver tu cita con mi encuentro con Olive? ―dudé. Al escucharme a mí mismo decirlo en voz alta y al ver la enorme sonrisa que se plasmaba en el rostro de Elijah, preferí haberme quedado en silencio. ―Así que… ―murmuró en voz baja como si hablara para sí mismo―. ¿Encuentro o choque? Ella dijo algo como «choque trágico» ―agregó. Mi cuerpo se puso rígido. ―¿E-e-estuviste con… ella? ―Estar… estar… ―siseó balanceando la cabeza―. Si con estar te refieres a verla personalmente y hablar con ella, sí. Estuve con ella. Casi una hora. Me disparó una mirada, seguramente esperando mi reacción. Tragué con dificultad. ―Imposible ―negué―. Ella es famosa, ella… ¿por qué se encontraría contigo? ―Olive era mi cita ―aclaró Eli. Claro, pensé con ironía, soltando una risa divertida. Sin embargo, cuando mi risa empezó a disminuir y vi su expresión seria, me preocupé. ¿Por qué no reía? Le fruncí el ceño. ―No me crees ―musitó apretando los labios. ―Sí, te creo ―dije rodando los ojos―. Tu admiradora es Olive Cameron, claro. ―Me puse de pie y, todavía un poco tenso, agregué―: Megan Fox es mi esposa, perdón por no habértelo dicho antes. Oh, y tenemos un hijo ―añadí para luego volver a reír. Elijah aún con sus labios apretados, se paró frente a mí. ―Cuando te canses de reír, avísame ―resopló caminando hacia la puerta―. Necesito contarte cómo Olive descubrió que tú fuiste el bailarín de Eunji y cómo le prometí a su amiga que le daría tu número de móvil. Iré a tomar agua ―acotó rodeándome para salir de la habitación. Mi sonrisa se desvaneció. ―¿De… de qué hablas? ―balbuceé girando en cámara lenta en su dirección. Él se detuvo y, al mismo tiempo que me miraba, vi un brillo particular en sus ojos, como si acabase de darse cuenta del poder que tenía sobre mí. Sí, el maldito sabía que acababa de atraparme con ese comentario. ―¿Qué pasó? ¿Te cansaste de reír? ―se burló alzando las cejas con fingida arrogancia. Maldije por lo bajo y con un movimiento de mano lo incentivé para que siguiese hablando―. Oh, no, no. Contesta ―insistió ladeando una sonrisa. ―Está bien, tú ganas. Me interesa lo que ibas a decir, ¿bien? ―dije alzando las manos a mis costados. ―¿Ahora me crees? ―prosiguió; asentí―. Dilo ―pidió mostrando sus dientes en una sonrisa gozosa. El muy idiota disfrutaba verme bajando los brazos. ―Te creo, j***r ―mascullé. Elijah soltó una risa―. ¿Qué? ―pregunté. ―¿En verdad creíste…? ―Se detuvo y cogió aire para seguir riendo―. ¿En verdad creíste que Olive era mi admiradora? ―Se secó la comisura de sus ojos, donde goteaban algunas lágrimas de tanto reír. Estreché la mirada―. Por favor, ¡ella mi admiradora! ―exclamó con obvio sarcasmo―. Es lo más estúpido que he escuchado en mi vida. ―Oh, vete a la mierda ―grazné sentándome en mi cama. No me hacía gracia su broma. ¡Ni un poco! Me eché atrás en el colchón y cerré los ojos; inmediatamente la imagen de Olive se estampó detrás de mis párpados. Su expresión al mirarme, la manera en que sonreía tan superficialmente y con soberbia, su mueca de desprecio hacia mí. Y aun así, con su porte de diva, la noche en los PNGZ había sido mi mejor noche. Sonreí al abrir los ojos y mirar el techo. No obstante, las palabras dichas anteriormente por Elijah se filtraron en mi cabeza. Me senté en la cama con rapidez, mi espalda recta y mi cuerpo tieso, y miré hacia mi primo. «―Choque trágico.» «―Estuve con ella.» «―Olive descubrió que tú fuiste el bailarín de Eunji.» Él sonrió con suficiencia apenas se percató de mi quietud. ―Ya sé que estás pensando, así que si quieres que te cuente la verdad, primero deberás contarme qué pasó la noche de los premios ―se adelantó. Mi boca se abrió y cerró repetidas veces, hasta que al final pude articular cuatro palabras. ―¿Realmente estuviste con ella? A lo que le siguió un asentimiento por parte de Eli. […] ―¡Ale! ¡Ale! ¡Por favor! ―repetía Hanna saltando de arriba abajo mientras me obligaba a que la mirara. Volteé la cabeza hacia mi hermana y entonces ella hizo ese gesto con sus labios que hacía que yo bufara y sonriera al mismo tiempo. ―Está bien ―suspiré resignado, abriéndome camino entre el tumulto de personas. Hanna iba sujeta de mi brazo, aferrándose tan fuerte que pensé que podría arrancármelo si yo tiraba un poco. Con solo nueve años, ella me hacía hacer lo que ninguna otra mujer podía. Sí, caer rendido a sus pies y ser muy sobreprotector. Pero… ella era mi única hermana. Y para colmo, menor que yo. Sonreí satisfecho cuando llegué al frente, al gran mostrador que ocupaba el centro de la tienda y donde había nada más y nada menos que camisetas de todos los colores habidos y por haber, estampadas con la foto de una chica rubia, ojos grises ―o azules, no sabía distinguirlo― y dos grandes alas en su espalda. «Guerra en el cielo» decía en letra imprenta sobre las etiquetas, con el precio por debajo. ―Quiero la rosada ―chilló Hanna haciéndome apartar la mirada de las camisetas. La vi agarrar una, para luego brincar hacia el extremo contrario del mostrador y agarrar otra―. Oh. Y la verde también ―dijo repitiendo el mismo chillido que antes. Sonreí mientras la veía correr de un lado a otro, mencionando todos y cada uno de los colores. ―¿Y por qué no escoges una de cada color? ―dudé. Los ojos de mi hermana se abrieron a más no poder―. Era una broma, enana. No tengo tanto dinero, pero puedes escoger dos si quieres ―reformé elevando la comisura de mis labios en una media sonrisa. ―¡Sí! ―festejó dándome un fugaz abrazo antes de regresar la vista al extenso mostrador. Las personas se amuchaban alrededor, todos en busca de lo mismo: una camiseta con el rostro ―y cuerpo, también― de Olive Cameron. ―¿Y bien? ¿Escogiste? ―le pregunté a Hanna arrimándome a su lado. Sus ojos verdes se iluminaron y batí la cabeza porque sabía que seguido a eso, ella me pediría algo―. Dime ―siseé sin poder resistirme. ―¿Sabes…? ―comenzó haciendo que sus labios se estiraran en una sonrisa engatusadora―. Encontré una camiseta blanca. Te gusta el blanco, ¿no? Sobre el montón de telas en el mostrador, ella tenía una agarrada con su pequeña mano. Era blanca como había mencionado y, a diferencia de las demás, el rostro de Olive aparecía en primer plano y con la frase «Amo a Melissa» casi en el ruedo de abajo. Melissa era el personaje que había interpretado Olive en la película sobre ángeles y poderes. ―Uhm, Hanna ―murmuré arrugando la nariz―, creo que es demasiado grande para ti ―le indiqué. Ella rió en voz baja. ―No la quería para mí ―musitó. Me atraganté. Y como pude, a pesar de la sorpresa y mi momentánea cara de póquer, me apunté con el dedo pulgar a mí mismo. ―¿Para mí? ―balbuceé. ―Sí, por favor, Ale ―dijo en modo de súplica. ―¿Por qué? No soy fan de ella, quise agregar. ―Porque ―inhaló, luciendo dramática y mirando alrededor con inquietud―… les dije a mis amigas que tú eres fan de Liv. Y no me creen. Y quiero que me envidien por tener un hermano genial como tú. Y… eso ―finalizó suspirando. Me empecé a reír. ―No te creen porque es mentira, Hanna ―le reproché. Su boca se ladeó con culpa y la mirada le brilló―. Está bien, compraré esa camiseta, ¿de acuerdo? ―Alzó la mirada con una sonrisa incipiente―. Pero conste que soy genial incluso sin ser fan de tu adorada Cameron ―añadí en un susurro. ―Bien ―accedió. Y tan pronto como hubo elegido las dos camisetas, pagamos y salimos de la atestada tienda. Esa tarde, después de haber regresado a mi casa, Hanna me obligó ―literalmente― a ponerme la blanca camiseta con el rostro de la chica a la que ella idolatraba. Era una camiseta liviana como cualquier otra, pero cuando disimuladamente me vi en el espejo, quise golpearme la frente contra la pared. Llevar el rostro de Olive adherido a mi pecho se sentía como si llevara a Barbie y Ken en mis manos, tan infantil y escalofriante que quise quitármela. Y al mismo tiempo me sentí conforme, porque ver la gigantesca sonrisa que esbozaba mi hermana era único y conmovedor. Sí, ella era mi debilidad. ―¿Feliz? ―dudé mientras reía y daba vueltas sobre mí, tal como una niña mostrando sus atributos. Hanna rió fuerte ante mi actuación―. ¡Amo a Olive! ¡Soy una niña loca! ¡Me gusta llevar camisetas con su cara! ―chillé con euforia, fingiendo ser una fan, específicamente mi hermana. ―Estúpido ―dijo con diversión dándome un codazo. Reí pero no por mucho tiempo. El sonido que salía de mi boca se detuvo cuando Darren y mi primo entraron por la puerta principal y se quedaron mirándome con sus bocas abiertas. ―¡Vaya! ―dejó salir Darren inspeccionándome con aversión. Él era del grupo de bailarines de K-Pop. Estaba hacía dos años entre los integrantes y, fácilmente, se podría decir que era el más talentoso. Y el más imbécil también. Me enojaba que la mayor parte del tiempo las personas ajenas al grupo lo confundieran conmigo. Sí, ambos éramos castaños, ojos verdes y no tan altos como el resto, pero allí terminaba el parecido. En cambio, me divertía cuando me confundían con Elijah, mi primo era similar a mí excepto por la altura. ―Así que, ¿eres… un fanboy? ¿Existe esa palabra siquiera? ―dudó él sonriendo con burla. Respiré con fuerza, sintiendo mis fosas nasales abrirse ante el evidente regocijo de Darren, y me quité la camiseta por la cabeza e inmediatamente la arrojé a un lado. Sin embargo, no me di cuenta que había caído junto a los pies de Hanna hasta que escuché su bufido. La miré y ella me frunció el ceño antes de irse pisoteando con fuerza. ―¿Qué? ―grazné viendo cómo Eli estrechaba la mirada en mí. Sabía que él estaba reprochándome por haberme comportado como un imbécil con mi hermana. Sí, quizá quitarme la camiseta y tirarla había sido demasiado idiota de mi parte. Quizá debí haber golpeado el arrogante rostro de Darren para quitarme el enojo. O quizá podría haber insultado mentalmente a Olive y listo. Ella y su estúpido juego de ser una Diva tienen la culpa de todo, pensé. Si no hubiera actuado en la película de ángeles, Hanna no la habría conocido, yo no hubiese comprado una camiseta con su cara redonda y enormes ojos grises azulados y el maldito de Darren no estaría mirándome con esa expresión altiva. ―Bien ―siseé contando mentalmente hasta diez para no ir en su dirección y estropear su nariz―, ¿qué hacen aquí? ―alargué. Darren recobró su postura, haciendo un mohín indeciso, y miró de reojo a Eli. ¿Qué estaba pasando? Observé a Elijah encogerse de hombros, y seguido a ello, sus ojos se desviaron a sus pies. O mejor dicho, a su pie derecho. ―¿Qué te pasó? ―urgí viendo cómo se apoyaba en su pierna izquierda y hacía una mueca de dolor. ―Un esguince ―respondió Darren soltando un soplo―. Estábamos ensayando para mañana y se dobló el pie ―pasó a contar sacudiendo la cabeza con disgusto. ―Idiota ―le dije con diversión a Eli. ―No es divertido, Alex ―me respondió instantáneamente él. ―Sí lo es. Mírate ―me burlé. ―Bueno, no tendrías que reír mucho, Hutchence ―me interrumpió Darren. Alcé las cejas ante su tono. ―¿Por qué no, Wolff? ―inquirí llamándolo por su apellido como él a mí. ―Porque eres el reemplazo de tu primo ―anunció cruzándose de brazos en posición desafiante. […] ―Espera… ¿qué tiene que ver todo esto con el encuentro que tuviste con Olive? ―quiso saber Eli interrumpiendo el breve resumen que había hecho de los sucesos. Inhalé con pesadez y alcé los ojos al techo de la habitación. Finalmente, iba a contarle cómo había comenzado todo. 1 Call of Duty. Serie de videojuegos de estilo bélico, la serie inicialmente se ambientada en la Segunda Guerra Mundial relatando personajes y combates acaecidos durante dicho conflicto bélico. 2 GTA (Grand Theft Auto). Serie de videojuegos que cuenta la historia de distintos criminales, generalmente los protagonistas son antihéroes.
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